Esculturas ambientales y monumentos conmemorativos

Alejandro G. Alonso • La Habana, Cuba

El Centro Histórico de La Habana, la Habana Vieja, presenta numerosos acentos artísticos que el caminante puede encontrar con relativa facilidad. Nombres importantes de la creación plástica aparecen vinculados a esta imagen.

Imagen: La Jiribilla
"Rita de Casia", Rita Longa, 1943

 

Tal como ocurrió durante el periodo del New Deal en los EE.UU., aquí se requirió el concurso de destacados artistas, quienes encontraron en la realización de esculturas ambientales y monumentos conmemorativos, posibilidades de trabajo y vías para su proyección creativa. No solo se trataba de una gestión de carácter estatal, sino también derivaba este movimiento de estrechas relaciones entre arquitectos y creadores de la plástica que ideaban, de mutuo acuerdo, proyectos integradores.

Rita Longa (La Habana, 1912-2000) es una presencia significativa dentro de este proceso y representa la influencia del Art Deco en el modo de concebir trabajos que irían a calificar edificios públicos y ambientes urbanos. Desde los yesos iniciales hallamos en sus obras la inclinación por explorar la escultura “decorativa” a partir de la fluidez de las formas, la elegancia y los suaves ritmos que definen esta línea de creación. Logra así materializar el proyecto para la “Fuente de los mártires” situada en el llamado Parque de la Punta o Parque de los Mártires o —mejor— Plaza de los Mártires, que fue la denominación que tuvo cuando se gestó la idea del memorial que ocuparía esa área situada al inicio de la calle Prado (José Martí), con la idea rectora de vincular a esa labor, a un importante grupo de pintores y escultores cubanos.

Imagen: La Jiribilla
"Fuente de los mártires", Rita Longa, 1941-1947

 

La obra de Rita Longa data, como proyecto, de 1941, pero no pudo concretarse hasta 1947, con la contribución del arquitecto Honorato Colette, quien tuvo a su cargo el diseño del vaso de la fuente. A la misma década se deben también los “Atlantes” (1948) y el friso —a base de la elaboración del motivo de hojas de tabaco, todo en piedra de Jaimanitas— de la compañía aseguradora La Tabacalera, proyecto del arquitecto Silvio Acosta, ganador del primer premio en el concurso convocado para la erección del nuevo edificio de esa entidad. Según consta en un artículo publicado por la revista Arquitectura en mayo de 1949, la firma Castella y Lecuona asumió la función de arquitectos, contratistas y directores facultativos de la obra.

Imagen: La Jiribilla
"Atlantes", Rita Longa, 1948

 

En los años 50, esa misma escultora logra emplazar el bronce “Ilusión” en el vestíbulo del nuevo teatro Payret —proyecto de su primo, el destacado arquitecto Eugenio Batista—, sito en la esquina de Prado y San José, donde también se hallan alegorías de las musas en las paredes de la sala de proyección, con lo cual se afirma su importante huella en este inmueble; según Batista, en un artículo publicado en Arquitectura en diciembre de 1951: “en el aspecto visual, la contribución más destacada es la de Rita Longa. Esta contribución no se limita a sus esculturas: los relieves de las uvas de la sala simbolizan las artes que se resumen en el espectáculo teatral, y la figura de la Ilusión, representando la reunión de esas mismas artes y su efecto sobre el espectador. El aporte de Rita Longa, como la influencia de sus esculturas, se extiende hasta dominar estéticamente los interiores que completan”.

Imagen: La Jiribilla
"Ilusión", Rita Longa, 1952

 

“Progreso” (1952), figura de Mercurio que simboliza el comercio, ocupó lugar de gran importancia en el vestíbulo del banco Continental, sito en la esquina de Amargura y Mercaderes; como otras piezas de la autora, se remite a una tendencia de gran peso en la escultura Deco: recurrir a la antigüedad clásica (griega o romana) para encontrar motivos simbólicos que trasmitan mensajes didácticos contemporáneos o se refieran a hechos históricos de importancia.

Imagen: La Jiribilla
"Progreso", Rita Longa, 1952

 

Un hueco relieve sobre el tema de Jesucristo fue creado en 1953 por esta artista, para el cuarto piso del nuevo edificio del Diario de la Marina, ubicado en Prado y Teniente Rey; se trataba de un órgano de prensa de abierta vocación católica, consistente con la propia fe de la artista. Situado a la salida del ascensor, el trabajo destaca por su sencillez, discreción y elegancia, características idóneas para un área de tránsito donde no debe haber nota que rompa la uniformidad del espacio, terminado en mármol beige. La pieza resulta un elemento significativo dentro de la importante iconografía religiosa creada por Rita Longa a lo largo del tiempo. Perdido el ambiente original de los interiores del inmueble, lo que queda es la definición estilística exterior, concebida en términos neocoloniales propios de la actitud conservadora —y hasta integrista— de la empresa. A tal tradición rinde tributo y de ella deja testimonio el mural situado en paredes del vestíbulo principal —entrada de Prado— de la autoría del pintor español, radicado por entonces en Cuba, Hipólito Hidalgo de Caviedes. Tanto la edificación del inmueble como las obras de arte incorporadas, saludaron un siglo de fundación del periódico.

Imagen: La Jiribilla
"Cristo redentor", Rita Longa, 1952

 

Con el mismo destino que la fuente de Rita Longa fue creada otra —sobre el tema de los aborígenes cubanos— por Ernesto Navarro (La Habana, 1904-1975), de la cual solo se logró ejecutar el pilón del centro (no así el vaso), que ha quedado como escultura exenta situada directamente sobre el césped del Parque de los Mártires. Resulta aparentemente realista en su concepción y más bien convencional, pero si el observador se detiene en los detalles, apreciará la esquematización de los rasgos fisonómicos, el simplificado tratamiento de la musculatura de la pareja y el típico zig zag desarrollado casi como forma independiente por el reverso de la obra, factores todos típicos del Deco. Navarro es figura significativa de nuestra vanguardia artística —aunque lamentablemente ni tan conocido ni tan valorado como merece—, con estudios de su especialidad realizados de manera integral en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro y la Academia de San Fernando de Madrid. Su labor creativa recibió pronto reconocimiento cuando fue destacada en el artículo “Un nuevo escultor cubano” (Social, La Habana, febrero de 1928), que expresa: “En el último Salón de Humoristas y Arte Decorativo —en esta segunda clasificación— se destacan tres fuertes trabajos de un novel escultor: Navarro. Este joven cubano promete días de gloria para su patria, que hoy solo cuenta con Sicre, el admirable autor de la cabeza del Apóstol”; eran bustos presentados bajo los títulos de “Lina”, “Minerva” y “Andrógino”, considerados dentro de una estética “moderna”. Profesor de la Escuela Técnica Industrial Enrique José Varona entre 1933 y 1963, a su haber cuentan obras monumentales de importancia tales como relieves para el Obelisco de la Plaza Finlay (1941) y la fachada de su contemporáneo y ya desaparecido Palacio de las Convenciones y Deportes, de Paseo y Malecón.

Imagen: La Jiribilla
Monumento al poeta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), Teodoro Ramos Blanco

 

Un tercer proyecto para la Plaza de los Mártires fue concebido por Juan José Sicre (Matanzas, Cuba, 1898-EE.UU., 1974): la “Fuente de las Antillas”, que aún estaba emplazada en el sitio hacia 1949, pero luego se trasladó al Museo Nacional de Bellas Artes, en cuyo patio se encuentra ahora, razón por la cual se tratará en el apartado correspondiente a lo que se exhibe de estilo Art Deco en esa institución.

De Teodoro Ramos Blanco (La Habana, 1902-1972) es el monumento conmemorativo dedicado al poeta cubano del siglo XIX Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), que se ubicó en la Plaza del Cristo. Realizado en piedra de Jaimanitas y bronce alrededor de 1938, forma parte de un currículo que incluye numerosas obras ambientales del más variado carácter y el sostenido trabajo como retratista, especialidad dentro de la cual fue Ramos Blanco destacada personalidad. El Hogar Materno Infantil Doña Leonor Pérez conserva la tercera versión que el artista realizara sobre el tema “Madre e hijo”. No debe olvidarse el monumento dedicado a Mariana Grajales, con cuyo proyecto ganó el concurso organizado a tal efecto y que le permitió —luego de su graduación de escultura y modelado en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro— viajar a varios países de Europa, a México y a EE.UU.

Un edificio situado en Habana 563, casi esquina a Teniente Rey, luce en su fachada una versión decorativa vaciada, según la por entonces popular técnica del cemento fundido, sobre friso, obra premiada en el XXII Salón de Bellas Artes de 1940, que se debe al escultor Florencio Gelabert (Caibarién, Las Villas, 1904- La Habana, 1995). Este artista fue destacado profesor de la Escuela de Bellas Artes de San Alejandro y autor de “El ara de la patria”, bronce de 1945 incorporado al mausoleo de los veteranos de las guerras de independencia, en el Cementerio de Colón, que forma parte de la serie de numerosos proyectos destinados a espacios abiertos en los cuales utilizó materiales no tradicionales que —como el concreto— se adaptan a encomiendas de escultura “aplicada”, como “Ninfa e hipocampo”, especie de símbolo del hotel Habana Riviera (1957).

Monumentos conmemorativos con características del estilo pueden encontrarse en tres sitios dea Habana Vieja. Un pequeño parque situado a la entrada de la Plaza de Armas acoge el que los Rotarios —tal como recuerda una tarja de bronce colocada en el lugar— erigieron como homenaje a los marinos cubanos muertos en el cumplimiento de su deber durante la II Guerra Mundial; data de 1952 y el autor es Arnold Serrú. Tallado sobre piedra de Jaimanitas con altorrelieves en bronce, las dos caras del obelisco son interesantes y distintas entre sí: la frontal resulta una fluida recreación simbólica de las víctimas, con elementos humanos y marinos; el reverso, de geometría más precisa, es el busto de una especie de Niké o victoria alada que representa a la patria de luto. También a este tipo de realización pertenece el “Homenaje a Cayo Hueso” (muy cercano al más importante trozo conservado de las Murallas que limitaron el Centro Histórico), emplazado como ofrenda al centenario del natalicio de José Martí, el 28 de enero de 1953, según tarja de bronce que da fe del tributo de la Orden Caballeros de la Luz. Cercano, frente a la Estación Central del Ferrocarril, se alza un memorial: “A los hombres que iniciaron las medidas agrarias en Cuba, dedica este hito de recordación. El Colegio de Agrimensores y Tasadores de Tierras de este Municipio. Junio 26 de 1950”.

Imagen: La Jiribilla
Homenaje a los marinos muertos cubanos muertos en el cumplimiento de su deber
durante la II Guerra Mundial, Arnold Serrú, 1952

 

Como se observará, la escultura ambiental y los monumentos proyectaron durante bastante tiempo la indudable preferencia por formas Deco que tan bien se ajustaban a las intenciones de dejar señalados, con dignidad y no excesiva audacia, lugares de interés o hechos históricos.

Imagen: La Jiribilla
Homenaje a Cayo Hueso, 1953
 
 
Fragmento del libro Art Deco en La Habana Vieja, de Alejandro Alonso. Editorial Boloña, La Habana 2013
 
 

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