Selección de poemas

Alberto Marrero • La Habana, Cuba

Como pequeños botes rojos en un lago dominical

                                                                                             Kenneth Patchen

 

Bote rojo

Mi bote no es rojo, en verdad jamás he tenido un bote

para navegar en la pereza de un domingo.

 

Los domingos son como lagartos quietos

o como charcas infectas bajo el calor asesino.

 

Como jamás he tenido un bote, sueño con uno pintado de rojo,

donde quepan dos o tres amigos y amigas de la infancia

y algunos libros que siempre me acompañan.

 


Impresiones

Mi primera impresión de la nieve fue fascinante.

De repente vivía dentro de una postal de navidad,

respirando un aire helado casi tangible,

pisando a veces espejos resbaladizos

y otras hundiéndome hasta las rodillas

en una escarcha limpia y crujiente.

Luego llegaron las ráfagas y la tos a medianoche,

los espasmos y el deseo de permanecer recluido,

en un estado de absoluta inmovilidad.

               

Mi última impresión de la nieve

fue un viejo monasterio ortodoxo

rodeado de vallas multicolores,

y gente hablándome de desencantos y crímenes,

y dioses destronados, y torbellinos que barrían con saña

plazas adoquinadas, estepas que alguna vez

comparamos con el mismo universo.

              


Cuarteles                 

Durante años viví y escribí en cuarteles,

pero no era de cuarteles sobre lo que escribía.

Eso lo confirman algunas personas que me trataron

en ese tiempo con la sospecha de una insana clarividencia,

como si yo siempre hubiera presentido que al final                   

un tipo me tocaría en el hombro con la cabeza de Jasón

entre las manos y una sonrisa de complicidad.

Lejos de lo que ellos conjeturaban,

yo observaba el dibujo del musgo en las paredes,

los extraños caracoles vacíos en las playas,

el viejo portón de roble que resistía todos los huracanes.

Durante años pude pensar bajo el hedor típico de los cuarteles,

oyendo ronquidos de colegas y un coro de frases inconexas

que revelaban, quién sabe, qué cercanas y temibles pesadillas.

 


La ropa en el cordel

 

Los momentos vividos se parecen

a las ropas colgadas del cordel.

Unas raídas, con viejas manchas

que el detergente no ha logrado borrar,

otras nuevas, compradas a precios delirantes.

En el patio la ropa recién lavada gotea

sobre calabazas rastreras y oréganos,

y uno sabe que el tiempo es despiadado,

que el pensamiento también puede ser despiadado

cuando la soberbia o la modorra aturden,

y la existencia parece ser tan ondulante

como las ropas del cordel batidas por el viento.

 

Selección de poemas exclusiva para La Jiribilla.
 
Alberto Marrero Fernández (La Habana, 1956). Poeta y narrador. Autor del poemario El pozo y el péndulo, publicado en la primera edición de la colección Pinos Nuevos, en 1994. Con La salvación y el eclipse obtuvo mención en el concurso Julián del Casal de la UNEAC, en 1991. Poemas suyos aparecieron en la antología Poesía de hoy en Cuba, publicada en España. En 2001 obtuvo el Primer Premio del concurso de poesía Regino Pedroso, del periódico Trabajadores. En 2003 conquistó el Premio Nacional de Narrativa Hermanos Loynaz con el libro Último viento de marzo. Su libro Los ahogados del Tíber mereció en 2004 el premio de cuento del concurso Luis Rogelio Nogueras, del Centro del Libro y la Literatura en La Habana. Ese propio año Ediciones Unión dio a conocer su poemario La cercanía infinita. En 2007 publicó el libro de cuentos Efecto Babel por la Editorial Letras Cubanas.  Premio de poesía Julián del Casal de la UNEAC 2009 y premio de cuento de La Gaceta de Cuba en el 2009.  Cuentos suyos han sido publicados  en revistas y en varias antologías de editoriales del país y del extranjero. Es Licenciado en Historia y miembro de la UNEAC.

Comentarios

Alberto siempre (y nunca) me sorprendes ! Hermosos poemas siempre (y nunca), Alberto.

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