Artes Escénicas

Los treinta de Galápago

Roberto Gacio Suárez • La Habana, Cuba

Un texto teatral considerado un clásico de la dramaturgia para niños, creado por Salvador Lemis en 1983, ha vuelto a nuestros escenarios. El Estudio Teatral La Chinche lo ha llevado al teatro Raquel Revuelta. Lemis, graduado del seminario de dramaturgia del ISA, hoy Universidad de las Artes, dio a conocer títulos que obtuvieron un gran destaque en los repertorios durante la década del 80 y parte de los 90.

Entre sus creaciones recuerdo vivamente la obra El muro —hay que decir que su labor abarcó el teatro para adultos y para los más pequeños—. Pero, indudablemente, Galápago ocupa dentro de toda su producción un lugar privilegiado. Su estreno mundial ocurrió justo en el propio Instituto, por un elenco del cual, aún hoy, se distinguen algunos de sus actores y actrices. La obra fue recibida exitosamente por la crítica y los espectadores.

Imagen: La Jiribilla

La hermosa poesía subyacente en la pieza, su alta carga de humanismo y el intenso amor por la naturaleza le otorgan a este discurso dramatúrgico una enorme vigencia. La sensibilidad de los diálogos a través del viaje de formación que emprende el personaje de Gali, el nieto de la tortuga, quien sale al camino para cumplimentar los pedidos de su abuela enferma, determina muchos de los valores artísticos de la pieza.

La anciana le pide tres deseos que el nieto debe obtener antes del amanecer: Una flor que nunca muere, una gota de rocío y un pedacito de cielo azul. Gali saldrá a recorrer el mundo y se encontrará con varias de sus injusticias, con la banalidad y los falsos valores.

De esa forma se manifiestan el mercader-papagayo, la florista-gaviota y el biólogo-cocodrilo. Ellos no se interesan verdaderamente por el jovencito Gali, porque su afán solo está centrado en la venta de sus mercancías, esto les impide entender y sensibilizarse con la preocupación que invade al muchacho.

Pero él continúa su viaje urgido por la promesa realizada a su abuela, de manera tal que ante la indiferencia, el desdén y el desapego humano, se fortalecen su firmeza y generosidad.

Imagen: La Jiribilla

Esta bella parábola, protagonizada por animales, destaca a su audiencia no solo la contradicción entre lo más elevado del espíritu y la mezquindad de muchos. Bajo la dirección de Lizette Silverio, el Estudio Teatral La Chinche  aborda el texto de Lemis con hondura y sensible pasión. Se percibe cómo la directora concibe y conceptualiza la obra y, a su vez, la plasmación de la misma en imágenes variadas y dinámicas.

El espectáculo alcanza, a partir del concepto defendido, un ritmo fluido y contrastante, lo cual agiliza su tempo y lo hace vital para el gusto de los infantes. La distribución espacial y el sentido de las agrupaciones escénicas, también dinamizan las diversas situaciones que se suceden, con ello se logra una amplia empatía con el público.

Apoyados por la música, específicamente los temas que interpreta Gali, creados por Niurka Pérez, las que se integran de manera orgánica a la historia que se cuenta, y además un diseño teatral a cargo de Erik Eimil, sobre todo, sobresalen las piezas de atrezzo, elaboradas con exquisito gusto e imaginación.

La precisión y limpieza de las diversas escenas y los desplazamientos en las mismas denotan un criterio de selección fundamentándose en el análisis y el expresivo concepto de la dramaturgia espectacular.

La conducción de los actores y actrices, algunos con más de un personaje, cristaliza los propósitos de la representación. En su desempeño se observan tanto la interiorización de los textos, como los elementos de caracterización presentes en la gestualidad y en la realización de las distintas cadenas de acciones.

Imagen: La Jiribilla

Los diferentes roles secundarios son defendidos con energía y verosimilitud, pueden citarse a Wilmer Perera como el barrendero-cangrejo, muy bien reproducidas las características que le corresponden; Alexis Ricardo al asumir al biólogo-cocodrilo, enfatiza los rasgos del científico y la astucia del animal. Por otra parte, Yasmani Aguilar, tanto como el cartel o al interpretar al mercader-papagayo realiza una incorporación con intencionalidad y riqueza de matices, logrando un notable desempeño. Asimismo pueden calificarse de nítidas y expresivas las caracterizaciones de la abuela y la florista–gaviota debidas a Julieta León.

El galápago (Gali) está defendido por Raydel Vera y Ana Lucía González  —solo pude ver el desempeño de esta última quien logra un alto nivel de actuación, ya que trasmite las diversas reacciones  que sufre el personaje, al recibir la oposición de los demás tan alejados en sensibilidad al pequeño galápago—. Ana Lucía, además, se transforma física y vocalmente en un jovencito con una orgánica y fluida actitud, sin esfuerzos evidentes, esto es  asombroso por lo sostenido de su tarea escénica.

Retomar Galápago ha sido una inteligente decisión, puesto que su frescura y actualidad se mantienen, y es muy útil que otras generaciones conozcan esta pieza, cuya dramaturgia modélica de nuevos enfoques en el trabajo para niños posee total vigencia.

El tema ecológico que ella encierra junto con la alerta que nos brinda mediante la oposición, generosidad humana y preocupación por el otro, egoísmo y carencia de valores espirituales, determinan su importancia en los repertorios del teatro para nuestros espectadores más queridos.

Comentarios

Gracias a Gacio, por tan lindas palabras al trabajo de La Chinche , gracias a Lemis por tan bello texto, fue un proceso muy interezante y bonito como actor (Biologo Cocodrilo), lo disfrute mucho y me siento muy orgulloso de haber sido dirigido por Lizet silverio mi profesora de academia y hoy mi directrora, gracias a todos por admirar Galapago.

Su estreno profesional fue en Bayamo en el Grupo de teatro para niños Pequeño Príncipe, donde yo hacía el servicio social y les presenté ese maravilloso texto

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Agradezco a mi amigo Roberto Gacio, amigo de todos los artistas que estudiamos en el ISA, por sus bonitas palabras! LEMIS

Muchas gracias y felicidades a los actores y actrices que me han representado en tantos países, llevando la alegría y el color de esta obra. Yo acabo de dirigirla a jóvenes artistas del Grupo FACTOR TEATRO, de Tlaxcala, México, capital mexicana de los títeres. EL AUTOR.

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