Arquitectura cubana Art Deco:
Un patrimonio de valor incuestionable

María Elena Martín Zequeira • La Habana, Cuba

En el contexto de la arquitectura cubana del siglo XX, el Art Deco ocupa una posición preeminente. Este estilo, que integró con éxito la arquitectura, el diseño interior, las artes visuales, el diseño gráfico e industrial, la joyería, y hasta la moda en el peinado y el vestir, abarcó una amplia variedad de programas constructivos que fueron extensamente desarrollados por toda la Isla.

Imagen: La Jiribilla

Durante el gobierno del doblemente reelecto presidente de la república General Gerardo Machado (1925-1929 y 1929-1933), tuvo lugar en Cuba un florecimiento inusitado del arte de la arquitectura y el urbanismo. En ese periodo existió un especial interés por modernizar la capital del país y colocarla en un lugar privilegiado con respecto a sus vecinas americanas. Fue este un momento apropiado para afianzar la actualización profesional en el campo del diseño a distintas escalas y un nuevo estilo, conocido en aquel momento como Arte Moderno —hoy Art Deco—, encontró condiciones favorables para su desarrollo y difusión por todo el país como símbolo de la  modernidad que marcaba a aquellos tiempos. 

En el gusto de los profesionales cubanos de la época influyeron los viajes de estudio al extranjero, la visita de artistas y diseñadores foráneos al país, y la divulgación de modas y eventos internacionales celebrados en Europa, a través de las revistas especializadas que circulaban en la Isla. Entre estos últimos, la  Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes, celebrada en París en 1925; la Exposición de la Cutura Checoslovaca, celebrada en Brno en 1928; y el  Salon des Artists Decorateurs, inaugurado en París en 1931, fueron difundidos en las publicaciones más populares de la época, con amplias reseñas acompañadas de fotografías que documentaban la estética moderna europea y ofrecían detalles formales y conceptuales para todos aquellos que deseasen ponerse al día en el campo del diseño.

Obras habaneras tempranas como la casa de Francisco Argüelles, construida en 1927 en el reparto Miramar, demuestran la influencia de esos eventos y el interés de los artistas y diseñadores por estar a la vanguardia en disímiles temas arquitectónicos.

El Art Deco resultó apropiado para todo programa constructivo, desde edificios públicos, industriales y recreativos hasta residencias privadas y casas de apartamentos. Asimismo fue utilizado en el diseño de los espacios públicos al aire libre y dejó su impronta en monumentos, esculturas y otros elementos de la escena urbana que aún hoy se conservan a lo largo de todo el país. También es digna de destacar la gran cantidad y variedad de tumbas y mausoleos que se erigieron en los cementerios cubanos siguiendo esta estética decorativa. Entre ellas la tumba de la famosa Catalina Lasa, en el cementerio Cristóbal Colón de La Habana y el mausoleo al Apóstol José Martí, en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba,  por citar solamente dos ejemplos reveladores.

Temas de gran popularidad y que estaban al alcance de todo tipo de ciudadano, como los cines, teatros y tiendas, abrazaron con pasión la línea moderna y desenfadada que el nuevo estilo les proporcionaba. Muchos de ellos constituyen hoy ejemplos notables de esta arquitectura, entre los que se pueden señalar el teatro Fausto, el cine Arenal y la librería Moderna Poesía, todos ellos en la capital del país. Asimismo las viviendas y edificios de apartamentos para las clases de medios y bajos recursos económicos, diseñados en el estilo moderno, se expandieron velozmente a lo largo y ancho del territorio nacional.

Imagen: La Jiribilla

Se puede afirmar que una de las características más distintivas del Art Deco en el contexto cubano fue su popularidad, la que iba unida a una expresión formal elegante y refinada. Otras características notables de este estilo en Cuba son el gusto por la decoración aplicada sobre fachadas y elementos compositivos, en los que se destaca  la geometrización de las formas y el empleo de un lenguaje de imágenes tropicales; la estilización de los detalles y elementos arquitectónicos; la inclusión de volúmenes puros, tanto en la composición externa de los edificios como en los espacios interiores; la tendencia a la verticalidad de los elementos constructivos; las terminaciones integrales de betunes con partículas brillantes incrustadas en los repellos exteriores; y el empleo de grandes paños de vidrio en la carpintería para permitir el paso de la luz al interior.

Imagen: La Jiribilla

Desafortunadamente, hay otra característica común a casi todas las edificaciones de esta tendencia estilística en el contexto nacional: el mal estado de conservación en que estas se encuentran. En la actualidad, ya se han perdido por completo algunos edificios importantes y otros no menos significativos ostentan un alto grado de deterioro en sus fachadas, carpinterías y vidrieras. Pisos multicolores y cielorrasos decorados con gran originalidad presentan afectaciones irreversibles y  paneles y otros elementos decorativos han perdido su belleza primitiva. Las luminarias en los interiores de los espacios de uso colectivo, así como en fachadas que fueron concebidas en este exquisito diseño, también son dolorosos testimonios de la desidia y el abandono del que han sido objeto muchas de estas edificaciones.

El  XII Congreso Mundial de Art Deco, celebrado en La Habana entre el 14 y el 21 de marzo de 2013, tuvo entre uno de sus propósitos más loables, la divulgación de las características del estilo en la población, ya que muchas personas —y también entidades— dañan este patrimonio sin tener conciencia de los valores reales que posee. La Habana fue seleccionada este año como la capital mundial del Art Deco, precisamente por la cantidad y variedad de edificios que siguen la línea de este estilo, y en ella se dieron cita 250 delegados de 14 países para presentar sus trabajos, investigaciones y observaciones acerca de esta tendencia en todo el planeta. También otras provincias como Cienfuegos, Sancti Spíritus, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba, fueron incluidas en los recorridos pos congreso lo que permitió a los delegados constatar que no solo existen tesoros de esta tendencia en la capital cubana.

Durante los días del evento, la prensa nacional y extranjera se hizo eco de las principales actividades del encuentro y se divulgaron imágenes que reafirmaban lo invaluable de ese patrimonio en La Habana. No obstante,  algunos participantes, entre ellos la que suscribe este trabajo, quedaron con una cierta  insatisfacción al terminar el congreso, ya que no se establecieron compromisos con las autoridades cubanas para la posterior conservación o rescate de los múltiples exponentes que delinean la ciudad con su agraciada geometría y verticalidad;  sus potentes volúmenes redondeados de clara filiación náutica; o sus columnas monumentales sin base ni capitel. Todas expresiones posibles que identifican el Art Deco local.

Pérdidas lamentables de joyas de este estilo, como el Hospital Infantil Pedro Borrás, víctima de la desidia por casi 30 años y en espera de ser demolido; el otrora famoso Balneario del Casino Español de la Playa de Marianao, sin techo y en ruinas desde hace más de una década; los cines Rex y Duplex en la calle San Rafael, convertidos en un vertedero de escombros; y los antiguos Laboratorios Russel, en el municipio Playa, hoy irreconocibles; por solo citar unos pocos ejemplos, alertan la necesidad de conocimiento y toma de medidas inmediatas para detener este proceso de deterioro y de pérdidas lamentables

No cabe duda de que el conjunto de edificios construidos en Cuba entre  las décadas de 1920 y 1940,  seguidor del estilo Art Deco, representa un patrimonio de incuestionable valor dentro de la arquitectura cubana del siglo XX, que debe ser preservado para las presentes y futuras generaciones.

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