Imago con la cara fresca y lavada

Joel del Río • La Habana, Cuba

Espontáneo, serio, reflexivo y hasta generoso ha sido el Festival Imago, la principal cita del audiovisual realizado en escuelas cubanas, en su XIV edición. Entre el 27 y el 30 de marzo, en las instalaciones del Pabellón Cuba (uno de los aciertos que marcan esta edición) y en la Sala 1 del Multicine Infanta se redefinieron gestos que demarcaron no solo el salvamento y reactivación de un festival con propósitos muy definidos, sino también la confirmación de que la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), adscrita al Instituto Superior de Arte (ISA), está comenzando a dejar en el pasado una cierta subestimación, bastante generalizada, que resulta no solo indebida sino también infundada.

Cuando utilizo el término subestimación me refiero a que se ha reconocido, quizá lo suficiente, el elogio a la competencia y aptitud de los estudiantes y egresados de la Escuela Internacional de Cine y Televisión, de San Antonio de los Baños, pero suele desconocerse la contribución, al audiovisual cubano, de FAMCA, que muchos llaman, incluso despectivamente, “la escuela cubana de cine”, como si la de San Antonio de los Baños estuviera enclavada en París. Por decenas se cuentan, hoy por hoy, los talentos procedentes de las aulas que se emplazan en Primera y 14, y además, si se observa el alcance de ambas instituciones (hacia el interior de la Isla) se comprueba la relación de complementariedad entre sus perfiles teóricos y prácticos.

Si juzgáramos por las obras que compiten en la Muestra Joven, cuya edición número 12 ocurrirá la próxima semana, se puede llegar a la conclusión de que abundan los seleccionados procedentes de FAMCA. Entre los egresados o estudiantes actuales están Jessica Rodríguez, Damian Saínz, Vanessa Portieles, Milena Almira, Juan Pablo Daranas y Ana Alpízar, entre otros. E incluso, digo más, muchos de los que figuran “bajo el sello” de San Antonio, como Marcel Beltrán, Carlos Lechuga, Luis Ernesto Doñas y Jorge de León, pasaron antes por FAMCA. De modo que la subestimación pasa, única y exclusivamente, por argumentos de tipo material, de infraestructura, y por supuesto, un argumento torcido nos lleva a conclusiones erróneas.

En el Imago hubo encuentros teóricos como Detrás de la fachada: Financiamiento y desarrollo de proyectos (una de las principales preocupaciones de los jóvenes creadores habida cuenta del rebrote de creación independiente), Propuestas artísticas del video-clip cubano hoy, (que se concentró mayormente en definir los espacios de autoría, creatividad, oficio y comercio dentro de la muy popular modalidad televisiva) y Entre el documental y el reportaje periodístico, que se ocupó de la bizantina polémica en torno a los límites entre el género periodístico y el llamado documental de autor o de creación. Los tres debates fueron capitaneados, con toda autoridad, por Gustavo Arcos, Mario Masvidal y Dean Luis Reyes, respectivamente.

También se presentó la exposición ISA, un fotorreportaje, y la selección de carteles Imago XV. En otros foros se ofreció un encuentro con el diseñador de arte Erick Grass, la Muestra Internacional y conciertos de Djoy de Cuba y Dj Ryan. Para cerrar hubo un conversatorio de profesores, estudiantes y responsables de escuelas de cine en Cuba que respondió a la provocativa admonición de “¿Y eso se estudia?”, con el propósito de razonar hasta qué punto dichas instituciones encauzan una vocación, la estimulan o definitivamente sirven de trampolín más o menos prescindible para una vida profesional exitosa.

En cuanto a la competencia y los premios, la nueva edición del Imago seleccionó 87 obras que compitieron en categorías como ficción, documental, animación, video arte, video-clip, spot-trailer, programa radial, guion y corto de un minuto.

Entre lo más destacado que pude ver sobresale, en documental, el multipremiado De agua dulce, de Damian Saínz, desconcertante y lúcido ensayo sobre la violencia y la crueldad a través de las técnicas de enunciación indirecta; 38 días, de Yohan M. Madrigal y Rosario Alfonso Parodi, contiene un formidable reportaje que redescubre acontecimientos históricos muy poco conocidos con excelente uso del suspenso y del testimonio; Margot, de Lázaro J. González, que con toda sencillez opera todo un cambio en el punto de vista respecto al travestismo, transformismo dirigido a la escena, y Yusniel, de Juan Pablo Daranas, que muestra con notable facilidad expositiva la contradicción entre alta y baja cultura, entre contingencia y espiritualidad, en la vida de un joven negro aficionado a la ópera.

En ficción, merecen reconocimiento, Oslo, de Luis Ernesto Doñas, que está concursando también en la Muestra Joven del ICAIC y en el Chicago Latino Film Festival, de modo que pudiera transformarse en los próximos meses en un título de notorio éxito dentro del cine cubano; Espejo negro, de Lillah Halla, propone un cuento entre expresionista y gótico sobre una niña que anhela verse a sí misma linda y compuesta como su hermana difunta, y Knock Out, de Liber Drey, una bien articulada narración sobre las sospechas, traiciones y violencias que destrozan la amistad entre tres jóvenes.

Ojalá que el Imago pueda sostener por muchos años el nivel de convocatoria y participación, la solidez organizativa y conceptual que ha ostentado en esta edición, y se transforme, junto con la Muestra Joven y el Lucas televisivo, en uno de los principales termómetros de la creatividad audiovisual juvenil en Cuba.

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