Con Finalé, Al lado del camino

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

La galería La Acacia, de la capital, exhibe por estos días la exposición Al lado del camino, muestra que incluye casi 40 obras de gran formato del artista de la plástica cubano Moisés Finalé, un creador que comparte su vida entre La Habana y París, dicotomía que le ha facilitado una mirada muy contemporánea acerca del arte.

Imagen: La Jiribilla
"Noche para hacer arte"

 

Finalé, (Matanzas, 1957) es graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y del Instituto Superior de Arte (ISA), y a su vez es fundador del Taller de Serigrafía René Portocarrero, institución en la cual, en estos momentos, está gestando una pieza “de gran formato que muy pronto estará concluida”, según comentó a La Jiribilla.

Pero, ¿cómo es que nace “Al lado del camino”?, ¿cuál es la idea primigenia? De este y otros muchos temas, conversamos con Finalé.

“En los últimos años, he estado haciendo un ciclo de exposiciones en La Habana (Se fueron los 80, Turista cubano o problemas de identidad). Todo comenzó en el 2003 en el Museo Nacional de Bellas Artes con la exposición Herido de sombra, que fue la primera muestra que realicé después de 15 años de ausencia de La Habana, y es la que considero inicia un nuevo ciclo.

“A fines del año pasado hice una exposición en la Casa de México en la Habana Vieja, perteneciente a la Oficina del Historiador, que solamente se exhibió un día. Esa muestra constituyó un reto pero, a la vez, un gran compromiso que tenía que cumplir con el público que me sigue y con los amigos: se enviaría hacia EE.UU. y, probablemente, muchas de esas piezas no regresarían.

Al lado del camino surge como parte de la idea de ese ciclo: algunas de las piezas que la conforman estuvieron en anteriores muestras y, como iba a permanecer un tiempo aquí trabajando, sentí la necesidad de hacer esta exposición”.

Imagen: La Jiribilla
"La entrega"

 

Como espectadora pensé encontrar más esculturas, teniendo en cuenta que en los últimos años ha desarrollado con intensidad esta manifestación. ¿Por qué una sola pieza?

Tengo que ser sincero: estoy trabajando la escultura en Francia y, desde que llegué, me planteé el deseo de continuar haciendo esculturas aquí, pero no encontré los materiales —se me dificultó encontrar el metal y nada me aparecía.

Pero, insisto, en Francia sí hace escultura, ¿puedo afirmar que, además de su carrera como pintor, está consolidándose como escultor?

En este momento no sé si mi obra es pictórica o escultórica. Ahora ando fascinado con los metales y lo que antes pintaba, ahora está concebido en metal.

No me atrevo a asegurarlo, pero siento que en esta última etapa hay como una vuelta de cara hacia el abstraccionismo, ¿me equivoco?

Hay algo importante en esa observación. El abstraccionismo siempre me ha interesado y estoy formado por pintores abstractos como Antonio Vidal, por ejemplo; además, viviendo en Francia conocí a Guido Llinas, del Grupo Los Once. Siempre que comienzo un cuadro es de forma muy abstracta. Me río cuando estoy pintando porque me digo: “Lo  podría dejar así y sería un cuadro abstracto”, porque lo trabajo mucho a nivel de colores y de manchas, y la inspiración es netamente abstracta. Sin embargo, hay un momento determinado en la elaboración de las piezas en que paso rápidamente al dibujo. Incluso, algún motivo de esa abstracción me sugiere una forma y, de inmediato, paso a otra cosa.

Entonces, ¿su estudio-taller es más taller que estudio?    

Tengo muchas herramientas para trabajar que me he ido procurando con los años; tengo brochas, pero casi no tengo pinceles: dos o tres pincelitos finos que siempre olvido lavar y se ponen duros. Me interesa otro tipo de material, y es lo que más feliz me hace.

En los tempranos 80 Gerardo Mosquera, ese importantísimo crítico de arte cubano, afirmaba que su obra era “muy barroca”; sin embargo, siento que esa característica se ha atenuado en la etapa más reciente. ¿Es así, o no?

Están pasando nuevas cosas, y lo peor hubiera sido que me quedara estancado en ese barroquismo de los años 80. He tenido nuevas vivencias, hay nuevos pintores que me interesan en el plano de la plástica internacional, emergentes  tendencias artísticas con las que me identifico. En otras palabras: si me hubiese quedado en los 80 estaría muy mal, y creo que lo más fascinante de Al lado del camino es sorprender con novedosos elementos.

Imagen: La Jiribilla
"Aforismo de amor"

 

En más de una ocasión ha afirmado que su tema por excelencia es la mujer, y ha asegurado categóricamente: “Soy un artista erotizado, pero no hago precisamente arte erótico”. ¿Sigue siendo la mujer un motivo esencial, o han aparecido nuevos motivos?

Efectivamente, han aparecido nuevos resortes, pero la mujer sigue estando ahí. Lo que sucede es que, como las composiciones se han vuelto más simples, tengo que detenerme a estudiar lo que he estado haciendo en los últimos tiempos. Definitivamente la mujer aparece, pero también otros motivos usados anteriormente como las máscaras y las esculturas africanas. En mi dibujo hay una mezcla de elementos diferentes y, en este momento, todo está muy combinado. Probablemente tenga que ir definiendo algunos aspectos, pero por el momento siento que todo está bien. A propósito de esta exposición, varios periodistas me han preguntado sobre los grises y los ocres y de cómo logro manejar eso y —¡lo juro!—, me sorprendo, porque no me había dado cuenta. Utilizo el color de forma espontánea, y en la medida en que la obra me lo va pidiendo, pero no me condiciona a una gama determinada.

Su paleta es amplia, pero a la vez reducida y cauta, aunque parezca una paradoja…    

Tengo en la casa todos los colores y, sinceramente, no me limito al pintar: tengo necesidad de crear y cuando entro al estudio es porque voy a hacer una obra, y en el momento en que la estoy concibiendo siempre considero que voy muy bien, que es lo mejor, y casi siempre lo que sucede es que cuando llego al día siguiente me doy cuenta de que no me gusta y que es un desastre. Entonces, rehago todo y comienzo nuevamente.

Es como una puesta de teatro: la obra tiene muchas capas o historias ocultas que hay que desentrañar. En una primera lectura te llevas aquello que está en la superficie; pero si buscas un poco más verás que hay caras, cuerpos, manos que están ocultas, elementos que desaparecieron. Eso es lo que más me interesa de la obra: que todas esas historias se entrelacen y, al final, retornen a la primera historia que pinté. Por ejemplo, tengo un cuadro que se llama “Viaje a Varadero”, han acontecido muchas cosas y, al final, el cuadro se continúa llamando “Viaje a Varadero”, pero no tiene nada que ver con el primero. Esa es mi forma de pintar.

Pero no me refiero tanto a la parte física sino a lo que como representación se me está entregando...

Es que cada pieza cuenta una historia —igual que en la abstracción—, pero como mi representación es mucho más directa, hay distintas ideas y todo está como confundido. En conversaciones con mi esposa, a veces le insisto que en literatura la representación es más directa para hacerla entender que en la pintura, y ella me dice: “¡También te equivocas!”. Ando en ese trauma porque siento que la pintura es más difícil de entender por parte del espectador, en el sentido de que comprenda lo que el artista está queriendo comunicar. Quizá al pintor hay que seguirlo en sus distintas etapas, o hasta cierto punto conocerlo, para saber si es una persona feliz o no, o si es muy aburrido y no le gusta bailar… Todo eso se refleja en el arte. 

Esa tendencia hacia el arte egipcio que está, sin duda, presente en su obra, ¿por dónde llega?

Hace años me preguntan eso, y no puedo responder. No sé de dónde sale, no sé de dónde viene. No tengo una explicación exacta porque tampoco soy adicto a leer sobre el arte egipcio ni he viajado a ese país. No sé cómo viene ni por dónde entra en mi pintura. Me excuso, pero no tengo respuesta.

Imagen: La Jiribilla
"Máscara"

 

Ha dicho que uno de los aspectos que más lo ha impresionado de la obra de Wifredo Lam es cómo, precisamente, logró una espiritualidad universal que lo ha hecho trascender. ¿Ha sido Lam un referente o una influencia?     

Ambas cosas: es un referente y, creo, que en algún momento sale el espíritu de Lam en mi obra aunque —en el mejor sentido— lo trato de evitar para ser lo más auténtico posible. Hay otros referentes como Picasso, a quien considero el gran maestro, pero también siento que tengo influencias de la trasvanguardia italiana.

De Lam lo que más me interesa es el tipo de figuración de la que logró apropiarse dentro del espíritu afrocubano, y cómo eso trasciende a otro contexto. Y, después, el Lam en la parte técnica, que es capaz de dar soluciones a un primer o segundo plano, cómo logra con apenas dos o tres colores lanzar una obra hacia atrás o hacia adelante a base de carboncillo y dos acuarelas o trasparencias para definirlo mejor.

Ese es el Lam al que reverencio. También valoró cómo se inscribe en un contexto universal con ese lenguaje que, al final, no es tan cerrado porque cada cual le da a sus cuadros la interpretación que desea y todas son distintas. Y Lam, aunque en un momento puede estar manejando el símbolo en un Elegguá, un hacha de Changó, u otra leyenda afrocubana, pasó a otros niveles que no tienen que explicarse. Por ese misterio que tiene su obra es que trasciende y llega a gustar tremendamente al público europeo. Me parece fabuloso.

Otro de los méritos que los especialistas le atribuyen a Lam es que logró erigir a rango de arte elementos de la cultura afrocubana. A pesar de reconocer la influencia de Lam en su quehacer, su obra no tiene —aparentemente—, motivos religiosos.   

Me han enmarcado en diferentes formas. Abordo el tema porque es un mundo que me interesa: lo vivo, lo veo, lo toco y lo hago a mi forma; y cuando pongo un color o hago algún referente coloco algún detalle que la gente puede identificar rápidamente, pero no es lo que más me interesa en la obra. Esos referentes se pueden inscribir dentro de la estética de las vanguardias, es decir, de hacer referentes a la Biblia, a la religión cristiana, a la literatura. Son, simplemente, referentes que tomamos, que elaboramos, que trabajamos a partir del conocimiento y lo devolvemos como producto elaborado.

Hay dos obras de esta exposición que me han llamado poderosamente la atención: una es, precisamente, “Al lado del camino”, que da título a la muestra y que la inicia, y la otra es “Árbol mágico”, que la cierra. Ambas están realizadas en soportes no convencionales y, además, tienen en común que son monocromas.

Precisamente, son las dos últimas obras concebidas para esta exposición: “Al lado del camino” está realizada en pladur, un material para la construcción que se está introduciendo en Cuba; la pieza está concebida como un scratchboard que es una antigua técnica totalmente olvidada. Me interesó mucho recuperar esa técnica y me di cuenta de que, con este material, lo podía hacer. La obra es monocromática y está realizada a partir de una transonosa que es una herramienta para cortar metales —no hay nada de pincel ni mucho menos—; está confeccionada con mucha astucia y seguridad porque la técnica de la obra no permitía ningún tipo de equivocación; está hecha sin bocetos, sin croquis y realizada de arriba hacia abajo sin equivocarme, en solo 30 o 40 minutos. La búsqueda está ahí, en saber qué era lo que tenía y qué era lo que quería, porque después de concluida no hay muchas posibilidades de elaborarla o transformarla, y sin embargo, fue la que le dio título a la muestra.

Al lado del camino ha sido un título muy rico porque da para todo: es el título de una canción de Fito Páez —que me viene muy bien porque su obra, ya desde los años 80, la seguía de manera sistemática y cuando estuve un tiempo viviendo en Argentina conocí su música, al igual que la de Charly García y la de Baglietto—.

Yo tenía una lista larguísima de títulos, algunos menos poéticos y ahora me doy cuenta de que si hubiese elegido otro, tal vez sería fatal. Me inclinaba mucho a titularla Bricolage, que es una palabra francesa para definir a la persona que realiza las labores de mantenimiento de la casa, con nuevas herramientas y materiales.

La obra que termina la exposición es muy grande, de tres metros de alto por un metro y 20 de ancho, y pesa mucho porque está confeccionada con materiales recuperados y tiene mucho que ver con lo que estoy haciendo en Francia.

Cada vez que me planteo hacer una exposición trato de ofrecer algo nuevo, y en ese sentido, hay una gran responsabilidad porque un artista que se respete no puede aparecerse siempre con lo mismo. Ese es un principio que me tomo muy en serio y es cuando, verdaderamente, me siento un poquito artista: al público no se le puede engañar. Hay que trabajar en serio.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato