Intervención en la VIII Sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular

“Nuestro país no puede estar al margen del debate contra el racismo, la discriminación étnica y la xenofobia”

Heriberto Feraudy • La Habana, Cuba

Estimadas compañeras y compañeros.

Ante todo, agradecer a los compañeros de la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Asamblea Nacional del Poder Popular y, particularmente a su presidente, el compañero Leonardo Cabeza, por la invitación y el interés demostrado por un tema que en nada es coyuntural y sí de especial transcendencia nacional.

Nuestro José Martí, en 1891, en su conocido ensayo Nuestra América escribió: “No hay odios de razas, porque no hay razas… Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas….Luego, en su artículo “Mi Raza”, escrito en 1893 dice el Apóstol: “Esa de racista está siendo una palabra confusa, y hay que ponerla en claro. El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra; dígase hombre y ya se dicen todos los derechos. Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro”.

Estimados parlamentarios: estos son justamente los principios por los que se rige la Comisión José Antonio Aponte de la UNEAC en su quehacer respecto al tema que hoy nos ocupa.

¿Existe una problemática racial en la Cuba de hoy?

Si tenemos en cuenta que el concepto de raza en nuestro país siempre ha estado en correspondencia con el color de la piel, debemos afirmar que sí existen problemas raciales en Cuba y que, como señala el sociólogo Fernando Martínez Heredia, debemos considerar a este problema como lo que es, un campo de lucha en sí mismo y un campo de lucha en la pugna cultural tremenda entre el socialismo y el capitalismo que se está ventilando en nuestra patria. La lucha por la profundización del socialismo en Cuba está obligada a ser antirracista.

Sin lugar a duda, ni remotamente es comparable la situación de los negros y mestizos antes y después del triunfo de la Revolución del 59.

La batalla contra la discriminación racial y los prejuicios raciales fue una batalla pospuesta ante los retos que por la supervivencia de la propia Revolución tenía ante sí todo nuestro pueblo. No obstante, múltiples leyes y medidas se adoptaron por el gobierno revolucionario no solo contra la desigualdad por el color de la piel sino también contra todo tipo de desigualdad.

Fue justamente durante el VI Congreso de la UNEAC, en 1998, cuando Fidel calificó de idealismo y romanticismo el haber considerado erradicado el mal de la discriminación racial y los prejuicios raciales en nuestro país. Apenas transcurridos diez años después de aquellos pronunciamientos, el Presidente compañero Raúl Castro, ha llegado a calificar como una vergüenza el insuficiente avance logrado en esta materia.

No hace mucho vi un cartel con la foto de un cantante popular donde se leía:
“Ignorarlo… No es la solución. El VIH existe”

Lo mismo podría decirse acerca de esta problemática.

Por tanto, en medio de un debate como el que se desarrolla hoy dentro de Cuba, por mejorar el socialismo y la sociedad cubana en su conjunto, la consideración de la problemática del color de la población, de las históricas desventajas materiales y complejidades de una variable (el color) que siempre ha desempeñado el papel de ser una variable de diferenciación social, no puede ser dejada de tomarse en cuenta. Por cuanto existe una población sobre la cual aún persisten las mayores desigualdades estructurales, los desequilibrios en el nivel de vida y la discriminación por el color de la piel.

Cuba no es ya una sociedad racista como lo fue antes de 1959, pero los estereotipos raciales, los prejuicios, la discriminación y el racismo sobreviven. Y no solo como lastres, sino como resultado de las imperfecciones acumuladas por la sociedad durante siglos.

No hay duda de que muchos creíamos que esta problemática había desaparecido de la realidad social cubana. Hay quienes incluso se niegan a que este tema se debata.

Yo recuerdo que, precisamente antes del mencionado Congreso donde habló Fidel, Miguel Barnet me comentó sobre un evento que organizaba la Fundación Fernando Ortiz acerca de la problemática del racismo y la discriminación racial existente en Cuba y yo me espanté al oír aquello.

Pero lo cierto es que el problema se mantenía en silencio. Fue la crisis económica de finales de los 80 y principios de los 90, con fuertes atisbos de crisis social, la que hizo reaparecer este fenómeno no solo como rezago del pasado sino como una peligrosa tendencia a su reproducción, tanto en el marco de la subjetividad individual como del entorno familiar, en las relaciones de poder, en algunas instituciones y en el subconsciente de la sociedad toda.

No se trata de un conflicto de negros contra blancos, ni siquiera de acabar de perfilar el verdadero rostro cubano con los colores que le corresponden. De lo que se trata es de activar todas las potencialidades con que cuenta la nación para romper definitivamente el desequilibrio que, en este sentido, existe en nuestra sociedad. No se trata de hacer menos pobre al negro, se trata del justo equilibrio que debe existir en toda sociedad que se ufane de luchar contra las desigualdades, de reducir las brechas existentes. Mientras persistan esas desigualdades de las que hemos hablado, no se puede hablar de un verdadero socialismo. No se trata tampoco de sacar a relucir románticamente lo que tenemos de africanos o los aportes que los afrodescendientes hayan hecho a nuestra historia. Hablamos de la necesidad de reconstruir nuestra historia teniendo en cuenta los factores fundamentales que conformaron y conforman al pueblo cubano.

Pero esta no puede ser solo una batalla de la UNEAC o de la Asamblea Nacional, tiene que ser un batallar de todos y para el bien de todos, como dijera nuestro Apóstol.

En lo que respecta a la Comisión Aponte, no se trata solo de reclamar derechos y oportunidades, sino también de defender todo cuanto la Revolución ha hecho en esta materia durante estos más de 50 años. Y es que hoy estamos en mejores condiciones para asumir el desafío de ver qué se ha hecho y qué nos falta por hacer en este terreno.

Es bueno que se conozca que nuestros adversarios no descansan con este tema.

Para los que albergan el temor de que debatir sobre esta problemática pueda contribuir a la división de la nación, debemos decirle que todo lo contrario, no debatirlo nos debilita y hacerlo nos fortalece. Son justamente los adversarios los que desean aprovecharse del silencio para poner a hablar a los disidentes. A la agenda de Obama no ha escapado esta problemática, es uno de sus principales objetivos en cuanto a promover la división y la subversión interna. Junto a esta, también la de sus corifeos de otras layas.

Recién comenzado este año, en el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de Naciones Unidas que sesionó en Ginebra trataron de sentarnos en el banquillo de los acusados con este tema. En junio de este año, durante una Conferencia celebrada en Washington acerca de lo que denominaron los residuos de las manifestaciones de racismo y discriminación en Cuba, se intentó armar un show para el que se afilaron los dientes los medios opositores de nuestra Revolución. En los Foros internacionales sobre los afrodescendientes, que han tenido lugar en Caracas y Bahía respectivamente, no ha faltado el hacer referencia a lo logrado en esta materia y a lo que nos falta por avanzar.

Cuando en estos citados eventos hemos hablado a nombre de la UNEAC y también del pueblo cubano, por qué no, ha quedado bien claro el expediente de la Revolución cubana en la lucha contra todo tipo de desigualdad.

Ha quedado bien claro cómo en la historia de Cuba, y también en la historia de este continente, no hay un gobierno que haya hecho más contra la desigualdad racial que la Revolución cubana. No hay en este continente ni en el mundo ningún país que haya hecho en África lo que Cuba, contra la más oprobiosa manifestación de racismo y xenofobia en el mundo, el Apartheid. No hay un gobierno en este hemisferio que haya contribuido como el de Cuba para paliar el sufrimiento del hermano pueblo haitiano, cuna de la primera revolución social e independentista en el mundo.

En apenas dos años hemos recibido en la UNEAC más de diez delegaciones procedentes de EE.UU. interesadas en conocer sobre esta temática.

Nos referíamos a la problemática racial en Cuba en la Agenda Obama. Ellos han tratado de utilizar algunos sectores internos con estos propósitos. Son conocidos los agentes que utilizan para estos fines, parecen ignorar que la Revolución cubana ha creado una ética antirracista y que negros y mestizos en Cuba no tienen más paradigma que nuestra propia Revolución.

No obstante lo avanzado, aún nos queda mucho por avanzar. No en vano Fidel llegó a calificar a la discriminación racial como la más difícil de todas las injusticias.

El compañero Ricardo Alarcón ha señalado y cito: “Este es un tema que debe estar presente en la labor sistemática de control y verificación que llevan a cabo las comisiones permanentes de la Asamblea Nacional y también las provinciales y municipales. En el cumplimiento de esa tarea fundamental, las comisiones deben asegurarse de que todos los organismos y entidades del país tomen debidamente en cuenta la dimensión étnica y trabajen para erradicar completamente cualquier forma de discriminación”.

Ahora estamos a la puerta de la celebración de la Primera Conferencia Nacional del Partido, donde se abordará esta problemática.

Partiendo de estas realidades es que hemos planteado a la Conferencia del Partido que: se requiere de medidas y políticas especificas, que partan de las desigualdades y la discriminación aún existentes y trabajen para eliminarlas, no solo en el orden objetivo del nivel material de vida, sino también en el nivel de las subjetividades que nos vienen dadas por una cultura que, a pesar de ser mestiza y de un altísimo grado de integración, todavía conserva rasgos racistas de la cultura anterior.

Urge entonces desarrollar políticas que ataquen frontalmente tales deficiencias, generando los equilibrios necesarios dentro de la sociedad cubana actual.

La problemática del análisis histórico del color tiene que entrar en la escuela para que logre pasar a la cultura. Deben establecerse a todos los niveles los estudios sociales que eduquen a los niños y jóvenes en una integración democrática y socialista. Y que garanticen una educación antirracista y antidiscriminatoria.

Urge revisar los textos de historia de Cuba y escribir otros que reflejen objetivamente los diferentes procesos del país, el papel de los diferentes grupos raciales en la construcción de la nación y su cultura, e introducirlos como una asignatura básica desde la enseñanza primaria hasta la Universidad.

Que la programación de la radio, la TV y el cine refleje la real composición racial del país, y que desarrolle una ofensiva cultural, ideológica y política socialista que enfrente los prejuicios y manifestaciones racistas en los medios en general y los audiovisuales en particular.

Deben fortalecerse los valores de la identidad nacional para promover un imaginario que tome en cuenta el carácter mestizo de nuestro pueblo.

Las instituciones académicas deben monitorear cotidianamente todas las manifestaciones racistas, estudiarlas y sugerir al gobierno y al Parlamento las medidas que se impongan para enfrentarlas. La problemática racial tiene que formar parte del currículo docente e investigativo de todas las instituciones de la educación superior. En particular de los Institutos Pedagógicos.

Hay que mejorar las estadísticas sociodemográficas, socioeconómicas y del censo. Estas deben reflejar el color de la piel en todos los niveles de la sociedad cubana y en todas las categorías de la vida social y económica, incluyendo la vivienda. Nuestras estadísticas deben ser capaces de reflejar a la nación, y esta última es, en primer lugar, el pueblo que la compone, con todos sus rasgos y peculiaridades socioeconómicas, demográficas y culturales.

Deben tomarse medidas que condenen los actos de discriminación racial. Debe adoptarse una ley que vele por el cumplimiento de estas políticas antirracistas, de acuerdo con lo que establece la Constitución de la República. Debemos erradicar posiciones idealistas que supongan la solución espontánea de estos problemas.

Teniendo en cuenta la importancia que tanto nacional, como internacionalmente ha ido adquiriendo esta problemática en las ultimas décadas, es que proponemos la constitución de un observatorio u oficina a nivel de partido o gobierno, que sirva sobre todo de prevención y para dar seguimiento a las manifestaciones de discriminación, reciba quejas, promueva la investigación y el debate sobre los fenómenos del prejuicio y de la discriminación racial, proponga políticas para enfrentarlos y realice el seguimiento de las mismas. Un observatorio encargado de velar por el cumplimiento de lo establecido en las políticas contra las discriminaciones y de apoyar a los dispositivos de la sociedad civil para impulsar estas.

El primer taller-debate organizado por esta Comisión en la provincia de Matanzas y los ya programados para el próximo año, pudieran contribuir a la conformación de una plataforma que permita analizar permanentemente este tema en la Asamblea.

En este sentido, sería de gran utilidad la constitución de un grupo de atención, control y prevención contra la discriminación racial y los prejuicios raciales en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Con la práctica de los talleres-debates en provincias, sin lugar a duda, se alcanza un paso superior en el nivel de democratización de nuestra sociedad, así como en el continuo fortalecimiento de la Revolución en un momento histórico como en el que nos encontramos y que nos exige ser cada vez más dinámicos y creadores.

Nuestro país no puede estar al margen del debate contra el racismo, la discriminación étnica y la xenofobia que tiene lugar en nuestro continente. Cuba debe formar parte activa en los foros y eventos internacionales que aborden estos temas y, sobre todo, en los que se convocan bajo el capítulo de afrodescendientes, ya que los reclamos de este movimiento son, en gran medida, logros alcanzados por nuestro país.

Acabemos de concretar definitivamente el sueño anhelado de nuestro José Martí, de poder disfrutar de una vez y para siempre una Cuba de todos y para el bien de todos.

Muchas gracias.
 

Intervención en la VIII Sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular. La Habana, 23 de diciembre de 2011.

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