Danilo Orozco cambió las reglas del juego

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Danilo Orozco González murió en La Habana el pasado 26 de marzo. Si he demorado unos días en escribir estas líneas, es por dos razones: una, porque aunque lo sabía gravemente enfermo, me sorprendió el trágico desenlace en medio de otros avatares; y luego, quería tomarme algún tiempo para repasar los intrincados y fecundos hitos de una trayectoria profesional realmente excepcional.

Desde diversas partes del mundo ha habido reacciones ante el suceso luctuoso. Todas coinciden en calificar a Orozco como uno de los más prominentes musicólogos contemporáneos. En Cuba, obviamente, la comunidad musical —no solo musicológica— quedó impactada y dedicó, en el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música (CIDMUC), una emotiva velada en la cual sus colegas y discípulos valoraron su obra y se escucharon composiciones de sus hijos Keyla y Pucho.

Orozco lo merecía. El pensamiento musicológico en Cuba, y diría más, a escala global le debe a él un cambio radical de las reglas del juego en el análisis y la integración de sus hallazgos al desarrollo de una visión estética transformadora, que ensanchó, desde una innegable continuidad, la obra de Argeliers León y