Retoños para la esperanza

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Ediciones La Luz de Holguín me sorprende con un inesperado regalo para los niños cubanos. Retoños de almendro, selección de cuentos de autores nacidos desde el 70 que Eldys Baratute, él mismo un joven creador, preparó con el esmero de un artífice y el conocimiento de un protagonista sobre el propio hecho, en base al cual fundamenta la existencia de su antología.

Imagen: La Jiribilla

Una de las alegrías que puede propiciar en esta vida la docencia es el misterioso modo en que, un buen día, uno percibe cómo alguien que conociera en un aula sentado en un pupitre, ha despegado en el vuelo alto de una meta mayor y con el premio de un resultado de la envergadura de este libro hermoso e irrepetible. Conocí a un jovencito Eldys, hará ahorita una década, en un salón del Centro Onelio Jorge Cardoso y recuerdo que era de los más inquietos y preguntones, virtudes que afortunadamente, con el paso de los años, ha ido cultivando y perfeccionando, pues esta es ya su tercera antología, a saber: Vuelve a cantar la cigarra (publicada por Gente Nueva hace un par de años) y Acercamiento a la obra de Nersys Felipe, de Ediciones Loynaz, con visiones críticas sobre esta autora a quien estará dedicada la Feria Internacional del Libro, de 2014.

Muchos de los autores ya consagrados —y otros en franco proceso de formación— que integran este volumen, abrieron sus ojos a un mundo en verdad muy diferente al de generaciones anteriores, precisamente por eso su visión sobre la realidad y el hecho literario tomado y tamizado desde ella difiere ostensiblemente de sus predecesores.

Inspirado autor, impenitente lector, acucioso investigador en cierne, como todo buen antologador/compilador/seleccionador Baratute da a Retoños de almendro, la impronta de su propia inquietud creativa y nos presenta un fresco de cuentos que vienen en lenguaje diferente a decirnos cuestiones a las que el lector cubano no siempre ha sido vinculado mediante la literatura o el propio enjuiciamiento social.

Como hacedor yo mismo de algunas antologías, valoro extraordinariamente el esfuerzo de Eldys, su sagacidad de búsqueda y el tono que da a este libro que, sin perder su esencia teórica de ser una investigación-panorama, sobre los que pudiéramos llamar los creadores más jóvenes del llamado “género” en Cuba, también consigue regalarnos un libro infantil de singular coherencia estructural en su corpus, de infinita belleza en su concepción plástica, para lo cual hay que agradecer también la eficiente labor editorial y el sensible olfato de su editor Luis Yuseff, quien nos tiene acostumbrados a inteligentes, esmeradas y exquisitas ediciones a través del sello de la AHS que dirige.

El volumen se inicia con una “Carta a los niños y los jóvenes”, de nuestra simpar Nersys Felipe Herrera, paladín callada de una guerra por el sentimiento más auténtico en los libros para la infancia y reivindicadora del movimiento desde los años 70, al tocar por primera vez en sus obras temas como el racismo, la muerte, las diferencias sociales, en un momento en que la literatura cubana para niños se sumía como bella durmiente en el sueño del pintoresquismo y la manierista y eufemística tontera de decir que todo era bueno en el mejor de los mundos posibles. Por tanto, como lo fuera José Martí hace siglo y medio, Nersys es abanderada y antecedente en la cruzada ética de decir la verdad a los niños desde las páginas de un libro especialmente concebido para ellos.

Este panorama abre con otra autora que desde sus albores se destacó por esa misma premisa, Teresa Cárdenas, quien desde sus Cartas al cielo hasta “Funfún”… (texto incluido en Retoños…) inicia una misma saga sobre su raza y sus valores éticos y humanos pisoteados durante siglos de barbarie esclavista y la subyacente desigualdad que el color de la piel algunas veces puede imponer a ciertas personas.

Seguimos el interesante recorrido por gamas, estilos, argumentos y ricas anécdotas que en muchos casos protagoniza la infancia, con textos tan diferentes como “El zoológico”, Ronel González; “Llegó septiembre”, Yanira Marimón; “Serafín Sinfín y el problema más grande”, José Manuel Pérez; “Historia mal(tratada) de amor”, Geovanys F. García Vistorte; “El mundo de plastilina”, Mildre Hernández; “El escritor de sueños”, Arnaldo Muñoz Viquillón; “Mediavuelta”, Eric Adrián Pérez; “La criatura nocturna”, Yolanda F. Rodríguez; “Estrellita”, Maylén Domínguez; “Las caravanas”, Eduard Encina; “Los soles de Tana”, Reidel Gálvez Riera; “Ojos para ver”, Marcia Jiménez Arce; “El hombre distinto”, Luis Rafael Hernández; “Kramer vs. Kramer”, Geovannys Manso; “La sinceridad del cocodrilo”, Alexey Mendoza; “La ventana”, Marcia Rodríguez; “Lazarita”, LLamil Ruiz González; “Osmil tiene amigos”, Eric Llanes Sánchez; “El mago Prosococof”, Yohan Balón; “Animales extraños”, Isbel González; “Peleas”, Yulexis Ciudad; “Enseñar a volar al mundo en tu cabeza”, José Antonio Linares; “La flauta de Sebastián”, Jorge Luis Peña; “Una luz en el ático”, Maikel Casabuena Ruiz; “Un ángel en el huerto”, Sigrid Victoria Dueñas; “Las formas del amor”, Yunier Riquenes; “Román”, Eldys Baratute; “Yo soy un sapo negro con dos alas”, Susana Haug; “Sueño con cabezas”, Ricardo J. López Deville; “El tesoro más grande”, Legna Rodríguez; “Un piano para Federico”, Yunier Serrano Rojas; “Tristán”, Mariene Lufriú; “Los otros”, Gelsys García y “Ofensas literarias y otros asuntos de interés”, Elaine Vilar Madruga.

Vale destacar que, salvo pocas excepciones de novatos que aquí se asoman por vez primera, cada uno de estos autores —en algunos casos ya no tan noveles— en su modalidad dentro del cuento y con su particular estilo tienen una obra reconocida en publicaciones y premios que ya les van situando en el panorama de lecturas de la Isla.

En un volumen de la belleza y singularidad de este sería imperdonable no mencionar que el profuso caudal de imágenes —tan bien engarzadas gracias al diseño de Yordis Monteserín— corresponden también a dibujantes nacidos después del 70, los cuales descuellan por su ingeniosa y creativa imagen del universo que trazan estos cuentos.

Así, nos encontramos con las imaginerías de la ya conocida Dagnae Tomás, de Dariel Curbelo, Daniel Mora, Alberto Díaz de León, Irina Elén, Ariadna Díaz Coba, Januar Valdés, Yancarlos Perugorría, Arema Arega, Manuel Enrique Azcuy, Jorge Zequeira Brito, Yunier Serrano, Yasser Curbelo, Alexei Alfonso Pérez, Irela Fernández Gala, Yaimara Diéguez, Martha Rosa Camacho Arce, Marla Albo Quintana y de Maikel Rojas Gallego.

Poco queda por decir de este libro tan singular que, como niño malcriado —al verlo por primera vez durante una reunión en el ICL—, quise tener entre mis manos, como mismo le ocurrirá a cuantos niños lo vean en una librería de cualquier ciudad del país. Solamente felicitar a Eldys, de nuevo, por este esfuerzo que ahora ve su premio, a la editorial por acogerlo con beneplácito, a la imprenta —que sin anunciarse en colofón alguno, presumo sea la Federico Engels— y al ICL, que le dio un espacio dentro de su Plan Especial.

Por último, y como hecho anecdótico, déjenme contarles que, recientemente, en una reunión de balance del trabajo anual de la Editorial Gente Nueva, nuestro Vicepresidente Editorial Juan Rodríguez nos retaba diciendo al referirse a Retoños de almendro: “Tienen que cuidarse, hoy en día Gente Nueva ya no es la única que publica libros hermosos y trascendentes para los niños”. En aquel momento, presto respondí, lleno de la misma felicidad que ahora: “En los últimos tiempos, por fortuna se ha visto una tendencia editorial que favorece el hecho de que sellos editoriales de cualquier parte de nuestra geografía editen libros como este, lo cual, en definitiva, solo es garante de que ya el lector cubano no debe conformarse con un solo postor. Afortunadamente para la literatura infantil que se escribe y edita, ya no es Gente Nueva la única opción donde el posible lector pueda escoger, incluso, dentro de Gente Nueva, Veintiuno significa otra puerta hacia el futuro: este florecer de nuevos sellos que se preocupan por la infancia produce una competencia sana y una evidente democracia, que solo puede conducirnos a todos a la misma meta: propiciar el nacimiento y desarrollo de un niño más selectivo, inteligente y abierto, el niño que, como soñara Martí, será el hombre de la América del futuro”.

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