Las cajas

Esther Díaz Llanillo • La Habana, Cuba

Llevaba tiempo trabajando en aquellos expedientes, tenía que terminarlos esa noche, pues en la mañana los vendrían a recoger. “Con toda seguridad —pensó—, los niños estarán dormidos a esta hora”. Los había dejado solos en la casa por primera vez. Estaba preocupada. Recostó la cabeza sobre el escritorio para descansar, la revisión de aquellos papeles la había extenuado. Fue en ese instante cuando divisó las cajas, cuatro en total; estaban frente a ella, flotando sobre la mesa sin posarse; eran largas y rectangulares, como las que contienen zapatos y muñecas. No sintió extrañeza al verlas, tampoco sabía si estaba despierta o dormida. Extendió el brazo, tomó una y la abrió...

Se vio a sí misma caminando por un estrecho sendero, al final la esperaban sus padres, sostenían en las manos algo que la atemorizaba. Sonrientes, le ofrecían el obsequio que no podía rehusar: eran ramos de mariposas, le atraía su penetrante olor. Mientras más avanzaba hacia ellos, más se  alejaban; ella daba un paso adelante en su intento por alcanzarlos, y ellos, inexorablemente, uno atr