Estreno de Argos Teatro

Ellos ponen la obra y Ud., fíchela… si puede

Marianela González • La Habana, Cuba

En noviembre de 1946, se estrenaba en París La putain respectueuse, de Jean Paul Sartre. Como personaje central, Lizzie, una prostituta enfrentada a un sistema que la obliga a elegir entre la verdad y el desafío del poder político y económico, entre el entendimiento y la discriminación. Hasta hoy, una de las piezas del filosofo y dramaturgo francés más representadas en todos los tablados y en todos los idiomas. Veinte años más tarde, desde La Habana, Virgilio Piñera ponía a los personajes de “Fíchenlo si pueden” en un silencio sepulcral que se convertiría en juego de miradas, de reproche y aprobación, de rencor y de envidia, de venganza y de insidia, hasta que finalmente, todas se confundieron en una sola y penetrante, sobre la víctima. Fue uno de sus últimos cuentos.

Imagen: La Jiribilla

Entre estas dos aguas ha estado nadando Carlos Celdrán durante las semanas que transcurrieron entre las puestas de Aire Frío, del propio Piñera, y el estreno esta noche de Fíchenla, si pueden, su versión de la pieza de Sartre a partir, también, de su apropiación del título piñeriano. Aunque sabía difícil este contrapunteo (como puede imaginarse, tratándose de semejante par), al director del colectivo Argos Teatro le parecía “muy oportuno por el punto de vista que podía aportar, ya que es una versión que parte de la estructura, los personajes y las situaciones de la pieza de Sartre, pero pone acento y concentra miradas hacia otro contexto, hacia otra zona de reflexión”. Anuncia, no obstante, que se trata “más bien de un ejercicio actoral. Verán que es distinto a Aire Frío, que era más un espectáculo masivo. Fíchenla, si pueden es muy intimista”.     

La puta respetuosa ha tenido en Cuba varios montajes. En La Habana estremeció el de Carlos Díaz, al frente de Teatro El Público, con Yailene Sierra e Ysmercy Salomón alternando a Lizzie dentro de una jaula; pero poco se dice que el propio Sartre vio aquí la puesta de Francisco Morín, y que otros montajes se sucedieron en los 60. Al tanto, Celdrán opina que la fábula ha seducido a muchos teatristas porque “plantea un tema eterno: la responsabilidad individual que tiene cada ciudadano, cada persona, ante situaciones límites e injustas que se le presenten, y la razón de un criterio propio. La obra intenta, en alguna medida, abordar el tema de la tolerancia y el entendimiento, el coraje, el valor”.  

Imagen: La Jiribilla

Recuerda el director que la historia gira en torno a “una prostituta más bien tonta, en un inicio, que lentamente, por las situaciones que se ve obligada a vivir, se va convirtiendo en una heroína. Es una paradoja la manera en que a esa muchacha se le va despertando el sentido de la justicia y la defensa del otro como ser humano, y la manera en que se defiende ante la arbitrariedad”.  

Las semanas que Argos ha estado viviendo entre Virgilio y Sartre han sido el caldo de cultivo para un ejercicio que el director califica de “fuerte e intenso”: “Aire Frío era una obra monumental. Pero al final, una obra muy cercana a nuestros comportamientos y a nuestras circunstancias. Fue un proceso creativo muy exuberante en propuesta. Sin embargo, esta es una obra que se desarrolla originalmente en otro contexto, fuera de Cuba, y hemos tenido que entenderla desde nuestras biografías, desde nuestro aquí y ahora; buscar esos comportamientos equivalentes que hacen realmente auténtica, justificable y posible una obra lejana. Es una obra que, aunque menor en comparación con Aire Frío, mucho más sencilla en apariencia, nos ha costado más trabajo. Hemos tenido que trabajarla mucho y no solo en las actuaciones, sino en la versión dramatúrgica de la gestualidad, los comportamientos, el manejo de las emociones y la caracterización, para no ser obviamente cubanos pero sí ser nosotros dentro de la propuesta de Sartre”.       

Como sostiene el propio Celdrán, “la estrategia de trabajar textos clásicos ha sido zona de indagación del grupo. Esta vez, esta estrategia retorna como ejercicio teatral y actoral donde la sencillez de los comportamientos busca hacer posible, legible, la fuerza del relato original”.

Imagen: La Jiribilla

Otra vez, el público volverá a sentir desde sus butacas la química actoral entre Yuliet Cruz y Alexander Díaz (Fredy), a quienes disfrutamos en Talco. Y a la actriz, quien recientemente se lamentaba en la Casa de las Américas de que a veces siente que puede “escribir un libro sobre cómo hacer 25 papeles de prostituta y ninguno repetido", el desafío le ha venido desde las tablas. Opina el director que “el personaje le permitió a Yuliet abrir recursos muy distintos a los de Luz Marina. Aire Frío tuvo un proceso intenso donde ella trabajó la imagen hasta convertirla en el opuesto de sí misma. Aquí trabaja la ligereza, la juventud, la sensualidad. Ha sido un buen ejercicio para que ella abriese otro espectro”. Completan el elenco José Luis Hidalgo (Diputado), Marcel Oliva (Negro), Waldo Franco (Policía 1 y Hombre 1) y Leandro Cáceres (Policía 2 y Hombre 2).  

La sala de Ayestarán y 20 de Mayo estará abierta al público, en sus horarios habituales, desde este viernes 5 y durante todos los fines de semana de abril, mayo y junio. Dentro, y aún, en la noche previa al estreno, señalando detalles desde el lunetario y apuntando sabrá él qué cosas en una libreta, el director se complace de esta puesta en proceso cuyo atractivo es tan simple y complejo como su propio sustrato: “Elegir como individuos qué hacer ante el atropello, hace de este breve relato sobre la civilidad un dilema que interesa y suscita. Un relato puede tocar los cimientos del orden del mundo, al menos con un roce”. 

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