Palabras de agradecimiento

Una vida útil dedicada al cine cubano

Manuel Pérez Paredes • La Habana, Cuba

Compañeras y compañeros:

He compartido la  responsabilidad en dos ocasiones de ser uno de los que conceden este reconocimiento. Creo que pasados los primeros años es más difícil comparar largas y diversas hojas de vida  para finalmente votar a favor de uno de los nominados. Agradezco a los que integraron el Jurado que este año tomó la decisión de otorgármelo.

Siento que el Premio me ratifica como integrante de la tercera edad, lo cual es incuestionable, pero me reconoce, y es lo verdaderamente importante, una vida útil dedicada al cine cubano; esto último es lo que queda para siempre y es muy estimulante para mí.

Quiero añadir que posteriormente he recibido correos electrónicos y acercamientos de amigos y conocidos que han dejado constancia de un aprecio a mi trabajo y mi persona que, además de agradable, ha sido a veces sorpresivo y, en algunos casos, conmovedor.

Ojalá la salud, la capacidad intelectual y creativa, más la paciencia, me permitan seguir trabajando por unos cuantos años más. Siempre con la ayuda solidaria de mis amigos y, en primer lugar, de Marta, mi compañera por más de medio siglo.

Ahora permítanme una digresión que considero necesaria en tiempos como los que vivimos.

Recibo el Premio en momentos que el ICAIC enfrenta el desafío de revisarse y ser revisado en sus estructuras de funcionamiento, acorde con exigencias que se derivan de su situación actual y de la realidad económica que vive el país.

Confío que la complejidad del análisis y las medidas de alto nivel  que se desprendan del mismo, serán el resultado de un estudio a fondo de la naturaleza muy particular de la  industria  cinematográfica, totalmente atípica en cualquier parte del mundo; como tal hay que asumirla, para así favorecer su existencia y desarrollo y también para saber controlarla adecuadamente en su gestión. Igualmente no se podrá ignorar, en este repensar organizativo y económico, que hablar de cine cubano es hacerlo de una manifestación artística de la cultura, principio fundacional  incuestionable, independiente de todo lo que ha cambiado el mundo, Cuba, y el mismo cine a escala planetaria, desde 1959 hasta hoy.

Por este camino de replanteos ineludibles transita el país desde hace un tiempo, luchando para poner orden ante  inmensos y complejos  problemas objetivos y subjetivos que han echado raíces dañinas en nuestra vida material y espiritual. Subrayo esta última porque ambas vidas tienen que ser atendidas en su compleja interrelación para tocar fondo del punto en que nos encontramos. Nada más delicado y complejo que la conciencia individual y colectiva del ser humano y la síntesis de su experiencia histórica. Ella es la que certificará, para la  historia, el éxito en profundidad de nuestra recuperación económica que tendrá que ser también espiritual porque desde una Revolución estamos hablando.

¿Qué puede uno hacer, en tanto cineasta, si se toma en serio, si cree realmente que puede y debe tener una participación positiva ante esta situación?

Las tres generaciones de cineastas y creadores audiovisuales que en estos momentos convivimos en el quehacer del cine cubano nos hemos formado humana, política y profesionalmente en circunstancias muy diversas. De acuerdo a las edades hemos estado presentes o ausentes en etapas, acontecimientos y experiencias cardinales, o nos ha tocado vivirlas a diferentes edades, por tanto no han sido metabolizadas de idéntica forma. Esto garantiza una pluralidad, bien compleja y  polémica, de puntos de vista sobre el cine, la realidad de hoy y el  futuro al que aspiramos. Cada uno de nosotros tiene metas, desafíos artísticos y éticos como proyecto personal entrelazado con el grado de compromiso social y político que ha asumido con el país en que vivimos y con este momento en especial.

Concluyo diciéndoles que rescatar la sinceridad y la solidaridad, ambas bastante lastimadas en este último cuarto de siglo, es para mí una necesidad de primer orden para la recuperación  de nuestra vida espiritual. Ya sabemos que no es con exhortaciones que se conseguirá aunque no estén de más. Es misión de la cultura y sus manifestaciones artísticas la que puede realmente contribuir a ello. Ojalá nuestras obras como cineastas y nosotros con nuestro proceder, defendiendo el  futuro del cine cubano como producción y como movimiento artístico, contribuyan a ello.

Muchas gracias.

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