El cartel imbatible

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba
Miércoles, 10 de Abril y 2013 (9:09 am)

Hizo muy bien el Museo Nacional de Bellas Artes en comenzar su conmemoración centenaria con una muestra sobre el cartel cubano. Porque, indudablemente, esta ha sido una de las más vitales expresiones de la cultura visual que se derivó de los tiempos inaugurales que comenzó a vivir el país luego del triunfo revolucionario.

Bajo el título Gritos en la pared se ha podido ver en el Edificio de Arte Cubano una selección de 190 piezas que abarcan el periodo comprendido entre 1959 y 2012. Siempre habrá ausencias, pero el ojo crítico de los curadores Liana Río y Pepe Menéndez permitieron que el espectador dialogara con amplitud tanto con las obras que abrieron cauce al despegue de la gráfica revolucionaria como con aquellos que en las dos últimas décadas y bajo otras circunstancias han sabido renovar e innovar, dando un rotundo mentís a los nostálgicos que acostumbran a congelar el tiempo de oro del cartel cubano a las décadas entre los 60 y los 70.

Por otra parte resalta en la muestra el compromiso institucional con el desarrollo de esta expresión de la gráfica. Sin la comprensión del aparato propagandístico del Partido (sucesivamente la COR, el DOR y la Editora Política), del ICAIC, la Casa de las Américas, la OSPAAAL, en su tiempo el Consejo Nacional de Cultura y en fecha más reciente el Instituto Superior de Diseño y el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, de que el cartel es una urgencia expresada en términos artísticos, no se hubiera podido rebasar la inmediata función comunicativa ni desatar el más vasto arsenal creativo de los realizadores, lo que a la postre le ha conferido a estas piezas un valor estético y testimonial de primerísimo orden.

Otro gran mérito implícito en la continuidad generacional que allí se presentó radica en el modo de seguir entendiendo el cartel como un hecho impregnado de arte. Esto pudiera ser una obviedad, pero no lo es si tomamos en cuenta cómo en los últimos tiempos ha irrumpido en la visualidad cotidiana un tipo de publicidad que en el mejor de los casos obedece con eficacia convencional a las reglas del mercado (carteles para vender cosas y no ideas) y en el peor responde a códigos primarios y empobrecedores. Por suerte, el diseño gráfico se ha ido revolucionando al amparo de instituciones que consideran pertinente estimular la articulación entre comunicación y arte, inmediatez y perspectiva conceptual.

Por demás, Gritos en la pared posibilita el reencuentro o descubrimiento (según sean las vivencias del espectador) con obras clásicas del género. Como no puedo enumerar todas en este breve espacio, me referiré a una que simboliza la conjunción de compromiso, síntesis, eficacia comunicativa y valor metafórico: "La rosa y la espina" que Alfredo Rostgaard realizó para promover el Encuentro de la Canción Protesta de Casa de las Américas en 1967. Hoy día ese sigue siendo el emblema gráfico de la mejor canción.

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