¡Edita tú, que yo titulo!

Pedro Pérez-Sarduy • Reino Unido

“Más sabe el Diablo por Viejo que por Diablo”. Adagio favorito de mis abuelas nonagenarias que, otra vez, me viene a la mente al escudriñar en la pantalla de mi computadora de mesa aquel titular en una de las páginas de opinión en la edición dominical de The New York Times. Lo amparaba una foto con mucho cliché de un joven negro veraniegamente cubano con ese fondo inconfundible del malecón habanero. “For Blacks in Cuba, the Revolution Hasn’t Begun”. Casi simultáneamente vi el nombre de mi amigo escritor Roberto Zurbano como responsable del artículo.

Como periodista, mucho más que como poeta o escritor, lo primero que me vino a la mente fue cómo Zurbano había permitido que le hicieran trampa y de la buena. No sabía cómo, pero estaba convencido que le habían jugado una mala pasada.

Digo esto porque conozco a Zurbano desde hace muchos años. Sé su forma de pensar porque hemos conversado muchísimo sobre nuestra obsesión literaria en diferentes foros formales e informales, en Cuba y en el extranjero; conozco su aguda pluma y sé que lo que encierra ese titular no sale de sus principios ni es propio de su estirpe.

Considero que Zurbano se ha impregnado tanto del aura de Fanon, que cada vez que tiene la oportunidad le encanta decir “unas cuantas cosas que vale la pena que sean dichas...”, pero sin “...gritarlas. Porque hace ya algún tiempo que el grito salió de mi vida”, escribía Frantz Fanon en las primeras líneas de su seminal Piel Negra, Máscaras Blancas que, justamente, Zurbano publicara recientemente con un precioso prefacio a esa edición de Casa de las Américas. Con ella hermanaba la publicación del otro clásico, Los condenados de la Tierra.

El titular de The New York Times, es irremediablemente muy chillón. Y Zurbano no es de ese tipo de griterías tampoco. Además, un titular muy áspero fue lo que le vino a la mente al titulista de The New York Times. Claro, llevar al inglés el título original, que posteriormente conocí, resultaba contraproducente para el propósito de llamar la atención del potencial lector y vender el artículo —literalmente hablando.

“El país que viene: ¿y mi Cuba Negra?”. No, simplemente, no. Este no es titular para un artículo, y menos para un periódico... como The New York Times. Y se lo cambiaron, como se cambian los titulares cuando tienen que cambiarse por el cirujano en titulares, que está encargado de que el artículo en cuestión, cualquiera que sea y en cualquier tipo de publicación,  penetre por los ojos... es decir, se compre por el titular y las imágenes... el envase, porque el contenido no lo ha consumido todavía.

Una anécdota. ¿Recuerdan ustedes aquel clásico del cine norteamericano Ciudadano Kane (en blanco y negro, 1941 dirigida y protagonizada por aquel súper actor llamado Orson Welles) en el cual se caracteriza al magnate norteamericano de la prensa, William Randolph Hearst?

Corría el año de 1897 y las tensiones en EE.UU. estaban caldeadas debido al conflicto independentista entre Cuba y España. Mr. Hearst, que ya era dueño y señor de un periódico en San Francisco, tenía un agudo y maquiavélico olfato en el oficio y sabía que si su país entraba en guerra, aumentaría la distribución y venta de su diario. 

Con sus editoriales, Mr. Hearst no escatimaba en echar leñas al fuego con regularidad. Pedía que la sangre llegara al río y se desbordara, sin tener en cuenta que su propio país apenas se estaba recuperando de la Guerra Civil.

Es así que emplea cuantiosos recursos enviando corresponsales a Cuba para recopilar historias sobre la lucha de los mambises y envía a Frederick Remington, su corresponsal gráfico para cubrir la anticipada y mal llamada Guerra Hispano-Americana. Pero el fotógrafo no encuentra señales belicosas propiamente dichas y acto seguido le manda un cable a Mr. Hearst solicitándole que lo mande de vuelta a casa.

Se dice que Mr. Hearst, que disfrutaba de su buena fuma, le responde: “Tú, encárgate de mandar las fotos, que yo pongo la guerra”. Por supuesto, esta estrategia resultó en la venta de millones de copias cuando la intervención norteamericana se puso al rojo vivo.

Pues con el caso del artículo de Zurbano, embargado hasta el 25 del corriente mes de abril, según las regulaciones del acuerdo, todo indica que algo similar ocurrió —guardando las distancias, por supuesto. “Que se edite lo que sea, que yo pongo el titular...”, tal parece que fue la prédica, y el titular vendió y se regó como pólvora encendida.

En el caso que nos ocupa, el efecto de la resonancia ya está en las redes sociales y por varias fuentes, una de ellas y la de más larga tradición en el oficio de divulgar trabajos sobre estos temas, es www.afrocubaweb.com —donde precisamente aparece un cándido relato del académico de origen cubano, Alan West-Durán, que explica algunos aspectos medulares de lo ocurrido.

Como ya conocemos, la bulla, en variado formato no se hizo esperar.

Mi primera-primera reacción fue mandarle un mensaje electrónico a Zurbano tratando de obtener alguna aclaración al respecto.

No tuve respuesta. Al paso de los días, la madeja se fue enrollando hasta donde estamos, hoy miércoles 10 de abril, y luego de leer con mucha satisfacción esta mañana el excelente ensayo de Víctor Fowler, publicado en La Jiribilla digital con el título “Dolor, alegría y resistencia” —lo cual evidencia la necesaria intervención quirúrgica en el titular original según lo atestigua la copia que me llegara  el día martes 9, a saber: “DERIVAS CON (por, y desde) ZURBANO: dolor, alegría y resistencia”.

A simple vista se leía que el artículo subscrito por Zurbano, carecía de la soltura, la elegancia y el oficio que les son propios. Me consta que Zurbano no domina el inglés como para enfrentarse con ese dinosaurio mediático que es The New York Times, por consiguiente mi pregunta era cómo es que ese artículo fue a parar allí. Pero esto no es el caso.

En otro aspecto de lo que ya ha trascendido el debate puramente académico, lo que me llamó la atención fue que de entrada y sin ningún tipo de escrúpulo de verificación, algunos culturosos nacionales y otras especies le cayeron encima a Zurbano incriminándolo de una forma carente de modales y que me recuerdan otros tiempos. 

Por lo menos se levantaron a tiempo voces sensatas y con autoridad. Y esto lo digo por reminiscencias personales que comenzaron cuando todavía yo era un jovencito.       

Lo que les voy a contar ocurrió cuando yo tenía unos 17 años y había terminado el bachillerato.      

Sin saberlo entonces, pues el concepto como tal no formaba parte del lenguaje de la época, en 1960 yo había sido seleccionado para formar parte del primer experimento revolucionario cubano que bien se puede calificar como de “acción afirmativa”.

El programa consistía en reclutar jóvenes, con cierto “nivel escolar” negros, negras, mulatos y mulatas para que se adiestraran en un riguroso curso emergente con el fin de trabajar en la recién nacionalizada Cuban Telephone Company. El éxodo de familias de clase media y alta era impetuoso y sutil a la vez.

Aquella empresa norteamericana organizada y constituida a perpetuidad con sujeción a las leyes del estado de Delaware, y como era práctica común en todas las demás radicadas en Cuba, presumía de no contemplar siquiera incluir negros ni mulatos en su plantilla. Tal vez hubiera alguna excepción, pero tenían por regla no colored people.

Aprobado el curso con buenas calificaciones, yo me convertí en uno de esos pioneros que trabajó como un calificado Operador de Pizarra de Larga Distancia en muchas de las sucursales de la recién Compañía Cubana de Teléfonos nacionalizada en la antigua provincia de Las Villas.

Pero, la felicidad individual y familiar no llegó a los dos años. Mi ingenuidad y entusiasmo tropezaron con ciertos elementos racistas, típicos de su tiempo, de aquella provincia eminentemente azucarera y sobre todo de Santa Clara, una aldea con ínfulas aristocráticas. Sin entrar en detalles, pues no es el caso aquí, basta señalar que un simple y banal hecho se complicó a tal punto que de manera absurda fui a parar a un juicio laboral que culminó en mi humillante cesantía de empleo y sueldo —sin apelación— de mi codiciado empleo.

Por eso fue que me puse en el pellejo de Zurbano, porque sabía, estaba absolutamente convencido de que eso que estaba ahí escrito, tenía adulteraciones muy bien intercaladas para desprestigiar a tan eminente intelectual con lo cual provocara que fuera removido de su puesto de trabajo.

Entonces, ¿¡qué estaba ocurriendo!? El tiempo lo dirá, más pronto que tarde, y será una gran lección para nuestro por venir.

Porque de eso se trata.

No sé si es coincidencia, pero me resulta como un toquecito en el hombro, una llamada de atención, por el hecho de que todo este abrumador suceso tiene su evolución justo en los días en que dos intelectuales visionarios como los fueran Walterio Carbonell y Tomás González Pérez, cumplen este 13 de abril, cinco años de haber partido a reunirse con nuestros antepasados. Les invito a que se lean una crónica que escribí al respecto y luego cotejé a propósito de una inolvidable visita al Castillo de Elmina, en Ghana.

Comprenderán que al igual que Zurbano, otros y otras como nosotros, llevamos mucho tiempo manteniendo prendida esta llama que ilumina nuestra persistencia en nombre precisamente de aquellos y aquellas que perecieron en la travesía intermedia... en nombre de los y las que sobrevivieron y hoy somos sus herederos dispersos en la diáspora y que como yo volvimos al principio de todo, a la “Puerta sin Retorno” allá en aquel u otro puerto de desembarque... por los y las cuales estamos hoy aquí encaprichados en que aunque sea con mucho dolor, nos asiste la alegría de seguir resistiendo.

Londres, 10 de abril 2013

Pedro Perez-Sarduy
Carmen, Fulleda, Aries, Zurbano, Diana (colombiana) y Pedro Pérez-Sarduy, en la sede de la UNEAC
(Foto cortesía del autor)
 

Comentarios

Bien compleja esta esfera espiritual de nuestra sociedad, justo ahora comprendo tamaña batalla de Abel Prieto durante tantos años al frente de este ministerio. Al leer este dossier de opiniones pienso en cuánta razón le asiste a nuestro general presidente en indicar marchar hacia adelante, perfeccionar nuestro socialismo firme pero sin premura. Gracias a La Jiribilla, hace honor a su nombre y a perez- sarduy por su foto cortesía, me ilustra mucho mas que su articulo. En fin de cuenta somos un solo bando y no dos, si a CUBANO se refiere. Disculpen esta injerencia incompetente al dar mi opinión, sólo soy un simple lector..

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