Un comentario a Víctor Fowler, y un poco más

Guillermo Rodríguez Rivera • La Habana, Cuba

Resulta muy legítimo que Víctor Fowler aparezca para defender al amigo: la amistad es una de las grandes instituciones que ha creado el ser humano. “Hombre y Amigo” son, qué duda cabe, dos entidades y dos valores que el cubano venera. (¿No es cierto, Silvio?)  

Cuando digo hombre quiero decir ser humano, así que puedo decir también mujer.

Perfectamente legítima es la defensa del amigo que hace Fowler, pero hay cosas que ni desde la defensa de la amistad pueden con propiedad pedirse.

No puede pedirse que uno publique un artículo en el más leído periódico del mundo, niuyorkino por más señas, que el artículo circule y lo reproduzca alborozado el panfleto derechista que es Diario de Cuba, pagado por la National Endowment for Democracy, que todos conocen como un instrumento de la CIA y que los demás tengamos la intuición de saber —sin que el autor lo aclare— que The New York Times manipuló descaradamente el título hasta llegar al punto de invertirlo.

La guerra de los EE.UU. contra Cuba no ha cesado, y ellos saben perfectamente que Cuba y su Revolución son el punto de partida del vuelco que ha sufrido América Latina en los últimos 15 años.

Las más diversas personalidades —casi todos los presidentes latinoamericanos— han intercedido ante Obama para que ponga fin a una política agresiva que tiene a Cuba —facilitadora de las negociaciones de paz en Colombia— en una absurda lista de países que apoyan el terrorismo. Casi unánimemente, las Naciones Unidas llevan años condenando el bloqueo de los EE.UU. contra Cuba. Así sea sin público —o con poquísimo—el poder imperial norteamericano no ha “perdonado” a la que llaman “la Cuba de los Castro”.

Es extremadamente difícil que los grandes medios informativos de ese país, los grandes diarios, los canales de televisión de alcance nacional, la CNN y los medios propios del ámbito miamense, acojan fácilmente informaciones sobre Cuba que no vayan dirigidas a agredir a la Revolución cubana.

Yo, que soy una suerte de cuentapropista de la ideología (conste que sin fines lucrativos), escribí mi respuesta al artículo de Roberto Zurbano, sin saber que La Jiribilla preparaba todo un dossier sobre el asunto. Le mandé mi texto a mi hermano Silvio Rodríguez, que lo publicó en Segunda Cita. De allí, sin consultármelo, lo tomó La Jiribilla para sumarlo al dossier que preparaba.

Me parece que la nota aclaratoria de Zurbano explicando la manipulación que hizo el diario niuyorkino —Fowler dice que circuló el martes 26 de marzo—, no llegó a nadie, ni siquiera cuando, dos días después, la publicó el blog Afromodernidades, de Alberto Abreu, poco leído en La Habana.

El informado y amigo Víctor Fowler, confiesa que la nota le llegó el 31 de marzo. A nadie le interesaba más que al propio Zurbano que esa aclaración se conociera pero, por su tono y enfoque, no se siente que la considere como una aclaración importante. Cito su nota:

            Este es el artículo que me publicó el New York

            Times este domingo1, salvo algunos cambios de

            contenido, como el del título y otras

            imprecisiones en la traducción, son las mismas

            ideas que quienes me conocen ya han escuchado

            antes.

 Zurbano aclara seguidamente, que

             De todos modos, el texto original y una

             verdadera traducción del mismo la voy a

             poner el 25 de marzo en un sitio que ya

             anunciaré, pues el contrato me impide hacerlo

             antes de los treinta días.2

Me parece demasiado considerado respetar el contrato con un periódico que ha cambiado el título de un artículo hasta volverlo su contrario. Zurbano hace explícito lo interesado que está en el número de visitas que está teniendo su trabajo en la leída página del Times. Vuelvo a citarlo

               ellos deben reportarme la cantidad, calidad

               y clasificación de la recepción del texto,

               cosa que me interesa mucho. hasta hoy miércoles

               tiene 12 640 comentarios        

Zurbano aclara que está escribiendo su nota “hoy miércoles” —esto es, el 27 de marzo— mientras que Fowler sostiene que circula un día antes, cuando todavía no la ha escrito. La verdad es que Abreu Arcia la publica el jueves 28 de marzo.

Zurbano, si bien rechaza el título que The New York Times dio a su artículo, no lo hace con ninguno de los puntos de su contenido, porque no es el título lo único impugnado en el artículo.

En todo caso, me parece que respeta demasiado estrictamente un contrato que dice que The New York Times ha vulnerado al invertir el título del artículo.

Acaso el porcentaje de los blancos que se benefician desde la aparición de las empresas mixtas no sea ese exiguo 0,1 % de la población que yo presento, pero mucho menos es esa masa compacta que está en el ensueño de Zurbano. Porque, además, esos “blancos” no han “movilizado sus recursos”, sino que representan al Estado. ¿Que hay corrupción? Donde hay pobreza y aparece dinero, siempre emerge. Para algo se ha creado la Contraloría General de la República.

Estoy dispuesto a reconocer, ante el llamado de alerta de Víctor Fowler, lo que él llama mi muestra de “racismo involuntario”, que él  tiene la gentileza de denominar “encantadora”.

Pero la explicación que brinda de la fragmentación de nuestra racialidad en esos tres grandes grupos (negros, mulatos, blancos) se hace singularmente inaprensible en el texto del ensayista, que obviamente quiere conducir la existencia de los mulatos, junto con  los también “subalternos” negros, a un intento por desplazar uno de los términos de la polaridad entre poseedores y desposeídos y convertir lo clasista en una polaridad racial.

Fowler debía reparar en que igualar raza y clase puede derivar hacia una de las peores formas de racismo cognoscitivo que pueden existir, porque subordina la comprensión social del mundo a la perspectiva racial.

Ese considerar lo ideológico como algo subalterno, añadido, lateral, casi decorativo, me parece que es uno de los asuntos que, poco a poco pero insistentemente, empiezan a deslizarse en estos debates.

Comentando el “primer eco” del artículo de Zurbano, aparecido en Diario de Cuba y firmado por Antonio José Ponte, la bloguera Negra Cubana Tenía que Ser afirma que a partir de ahí

                Rodríguez Rivera y Ponte se consumirían

               en un diálogo de sordos.

Me parece esta una manifiesta incomprensión del debate, y un intento por hacer ver como inútil y bizantino lo que constituye un desacuerdo esencial.

Ponte no dialoga conmigo ni yo con él. Respondo en su artículo a un enfoque netamente contrarrevolucionario que si “Negra Cubana” no percibe, es porque no quiere hacerlo. ¿Pensará ella acaso que la lucha contra la discriminación racial está separada y por encima de la defensa de la Revolución y sus valores? Si así fuera, se equivocaría de medio a medio.

Quiero decir aquí que la lucha contra el racismo y la discriminación racial, de los que se quejan muchos pero pocos concretan, no puede ser únicamente una tarea de los cubanos de color.

Lo mejor que derivará del artículo de Zurbano —que, para mí, desborda la copa de sus opiniones— será el abrir de veras un debate a fondo sobre el tema, que cada cual diga claramente lo que piensa al respecto y que el racismo que pueda manifestarse se combata directa y específicamente.

Hay algunos amigos negros que piensan que esa es una tarea que solo les corresponde a ellos y, a su manera, van conformando un “camino de Harlem” de nuevo tipo.

En uno de sus primeros artículos antirracistas, el poeta Nicolás Guillén, depositario de la herencia libertaria e integracionista que es la esencia de Cuba, y que tuvo luchadores como Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo y Juan Gualberto Gómez, advertía contra la separación de blancos y negros cubanos, que nos llevaría a ser una nación segregada, a caminar por ese “camino de Harlem”, que decía Guillén que los cubanos teníamos y parece que todavía tenemos el deber de cegar.

Mientras todos en Cuba no hagamos nuestro ese postulado, el objetivo antirracista y antidiscriminatorio no podrá conseguirse.

Yo enseño poesía española e hispanoamericana, lo he hecho por unas cuantas décadas y me parece suicida desconocer a nuestro abuelo español, que es el agente trasmisor de la lengua en la que hablamos y en la que han escrito José Martí, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Lezama Lima, en la que escribimos nosotros y que es uno de los elementos que nos une a esa patria grande que es nuestra América. Ese abuelo existe también para el cubano que tiene la piel negra; como existe para mí, declaradamente, el abuelo africano, en sus pasiones, en sus cantos, que se mezclaron con los del abuelo español para hacerse cubanos. Esos dos abuelos están en nuestro espíritu, que es la única racialidad que verdaderamente importa. Ese es el auténtico “color cubano” del que escribió Nicolás Guillén.

Notas:
1. Zurbano es inexacto: el artículo no apareció el domigo 24 de marzo, sino el sábado 23.
2. Vuelve a equivocarse: la publicación – 30 días después – sería el 25 de abril, no de marzo.

Comentarios

Conozco algo a Zurbano y me resulta absurdo que -independientemente de sus percepciones y juicios sobre el tema racial en la Cuba actual con los que se puede o no estar de acuerdo- vaya a depositar su artículo en uno de los medios más furibundos de la contrarrevolución mundial. Eso descalifica de entrada a Zurbano y tuerce públicamente sus intenciones y por si fuera poco, ellos lo irrespetan, además de por ser negro y fundamentalmente, por ser cubano y tercermundista, cambiando hasta el título original -según el propio Zurbano- cuya débil protesta no llegó ni a la acera de enfrente. Pero, por qué tiene él que respetar el contrato de los que lo irrespetaron en su "ingenuidad" de acudir a ellos? O es que acaso, de incumplir Zurbano el contrato, no recibiría los honorarios por su artículo en proporción a el número de veces leído? Si así fuera, qué transacción ha sido esta? Son demasiadas preguntas para tan pocas respuestas...

Sigue revoloteando en la superficie. Es lo que decía Fowler, se queda el debate en la periferia sin viajar a la raíz de lo que plantea Zurbano, más allá incluso del título.

Profesor Guillermo, Lucho cada día, dentro de la Revolución, no solo contra el racismo, sino también contra la homofobia, la violencia sexista, la misoginia, entre otras etceteras, y precisamente porque creo en esa Revolucion y las utopias que me ayudo a constriur para mi propia existencia, a las cuales no he renunciado. Si pensara que esta separada no participaba ni de la lucha ni de la Revolucion... saque Ud. entonces sus propias conclusiones. Mis respetos

Muy conciso. Gracias.

Lo esperabamos. Es un artículo preciso.

Excelentes sus dos artículos.

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