Ireno García:
“La canción es una obra de derecho público”

Helen Hernández Hormilla • La Habana, Cuba

La salita del Museo Nacional de Bellas Artes no estaba repleta, ni el artista había salido una y mil veces por la televisión y la radio promocionando el concierto. Se trataba más bien de un encuentro cómplice, al que amigos y conocidos habían llegado llamándose unos a otros, corriendo la invitación a la usanza antigua, como si no existieran Internet, redes sociales o equipos especializados en marketing y promoción. El hombre que subió al escenario tampoco reparó en las ausencias. Su voz se dio a acariciar cada pieza como para sí mismo, redescubriéndose en lo que una vez fue inspiración.

Ireno García no requiere la popularidad de las grandes estrellas de la música contemporánea para lograr conmover. Es un trovador de médula, y su canción pensante llega sin rebuscamientos ni dobles raseros a un público que lo sigue, aunque a veces resulte esquivo a las presentaciones habituales. A la historia de la trova cubana ha entregado algunas de las más tiernas canciones de amor, con una sensibilidad para captar en imágenes cotidianas la espiritualidad trascendente. Aunque su carrera ha estado marcada por momentos de gran popularidad como cuando Silvio Rodríguez defendió su antológica “Canción para recordar a María” con arreglo de Frank Fernández en el concurso Adolfo Guzmán por la década del 80, o su voz despedía el popular espacio televisivo Andar La Habana, por lo general la difusión no lo prioriza y las noticias de su quehacer reciente llegan casi siempre fragmentadas.

Ireno Garcia

Puede explicarse entonces la satisfacción de saber que el cantautor acaba de grabar un nuevo fonograma titulado Dudas, con la participación de un excelente grupo de instrumentistas. El volumen pasa por temas inéditos hasta otros más conocidos como “Un buen bolero”, readaptados desde nuevos conceptos musicales que mucho se acercan a la música de cámara. Fueron esas canciones las escuchadas en el concierto el pasado 9 de marzo en la sala de Bellas Artes, donde el trovador reiteró su profundidad lírica y la mirada ética a la realidad, que prima en sus canciones.

Luego de varios años trabajando con la actriz Coralia Veloz en el proyecto “Entre poemas y canciones” que unía música y declamación, se abre para el trovador una nueva etapa en solitario en la que pretende rescatar parte de su obra anterior.

Dudas recoge canciones importantes, porque responden a un periodo de mi vida muy extraño, lleno de incertidumbres sobre las relaciones familiares matrimoniales, personales”, me comenta días después en su casa.

Esas perplejidades que resultan tan usuales cuando los asideros se desdibujan ante la avalancha de cambios que vive la sociedad cubana, quedan plasmadas en el disco, desde la mirada aguda a las voluntades humanas. “El disco se llama así porque en la actualidad vivimos, como nunca me había sucedido, en una eterna duda. Dudamos hasta de lo que puede pasar al día siguiente, que es muy complicado, por lo menos en mi caso”.

El volumen, aun en conversaciones para la posible edición por alguna disquera cubana, se une a otros como Coraleando (2007), Dibujando canciones (concierto A Guitarra Limpia, 2004) e Ireno García canta a Eliseo Diego (1998), además de alrededor de 20 participaciones en fonogramas colectivos. 

La grabación transcurrió con apoyo del Centro Nacional de la Música Popular. “Tal vez por la vejez tuvieron esa gentileza conmigo”, ironiza. De la producción musical se encargó Pedro Enrique Peña mientras los arreglos los preparó el propio Ireno junto con Malvis Manzanero, otro de los músicos del grupo. “Hacemos trabajo colectivo, como en un taller, porque a veces a uno de ellos se les ocurre una melodía mucho mejor que la mía”.

La sonoridad del disco reproduce un concepto cercano a la música de cámara, con predominio de las cuerdas y la percusión. “Se utilizó la viola, el laúd, la guitarra y la percusión menor, algo que parece difícil de organizar para que suene completo, pero como Pedro Enrique es concertista le imprimió ese espíritu al trabajo. He encontrado finalmente un grupo acorde con mi manera de entender la música”, explica.

Aunque en el escenario no se le vio tocar la guitarra, es con ella que Ireno da a luz sus canciones desde hace más de 40 años. “No sé decirte cómo compongo. Un día me viene la inspiración y punto, porque llega un ángel y alumbra el camino, como dice Marta Valdés.

“Hay temporadas en que escribo 15 canciones seguidas y luego en otras me pongo a dibujar —otra de mis aficiones artísticas—. También escribo poesía y ahora mismo tengo dos libros pendientes para publicar en España. Pero para componer debo partir de un acontecimiento sorprendente”, confiesa.

No obstante, le ha ido bien con los encargos. Fue por esos “pedidos” que surgieron, por ejemplo, “Andar La Habana” y “Si nos damos las manos”, dos de sus temas más conocidos.

Con las nuevas tecnologías y los circuitos de la música alternativa pudieran abrirse posibilidades nuevas para la trova, un estilo que se extraña en medios de comunicación donde abundan canciones dignas de olvidar. Pero según Ireno las posibilidades para insertarse en el mercado discográfico siguen siendo limitadas para este tipo de obra.

“Aquí me ha sido difícil contactar con la gente de las discográficas, aunque con Colibrí he estado nominado dos veces al premio Cubadisco. Ya mi vida no tiene tanto movimiento como antes y no tengo el ánimo para coger una bicicleta e ir a tocar puertas”.

En cuanto al lugar de la trova en la música cubana actual ha sido el Centro Pablo de la Torriente Brau un espacio de difusión importante, según su experiencia. “Hace una década, cuando la trova estaba por el piso, allí se hicieron conciertos, uno de ellos dio como resultado mi disco Dibujando Canciones. Pero, en general, perdimos la oportunidad de haber vendido a la trova cuando era su momento. La trova pudo ser un ingenio azucarero y no supimos verlo, tal vez porque no estaban las condiciones propicias, o quién sabe por qué; pero ya hoy es difícil colocar nuestras canciones en circuitos comerciales”.

Sin embargo, no hay tintes fatalistas en su proyección. “Como Sindo Garay, no voy a cejar, seguiré trabajando. Me da igual de la manera en que viva, seguiré haciendo canciones porque no busco con ellas nada material.

Ireno Garcia

“Siempre que sea capaz de salir con una guitarra e interesar a la gente será suficiente, como me ha sucedido en Brasil o en Ciudad México. La canción trovadoresca sigue funcionando, a lo mejor no para un millón de personas, pero no se puede ser tan ambicioso. Si la música de uno llega a 10 mil personas está bien”.

La relación entre trova y poesía ha marcado la obra de Ireno pues, a su juicio, ambos términos no han de estar separados. “Cuando trabajaba con Coralia estudiamos la poesía de América Latina y encontramos sus nexos con la canción. Como dice Leo Brouwer, la canción tiene 50 porciento de música y 50 de letra”.

A punto de definir la disquera que licenciará Dudas, Ireno ya tiene en mente la próxima grabación. En ella mezclará algunos de sus temas con los de su hermano Michel García. “Aunque no es muy conocido, tiene canciones bellísimas que quiero rescatar. Además, me interesa comenzar a grabar los temas míos que han quedado fuera de otros discos”.

Ireno ha sido favorecido por las interpretaciones de grandes voces como Xiomara Laugart y Sara González, que han cantado sus temas. “La canción es una obra de derecho público y la gente la asume como le gusta, como puede. Por eso, siento que todas las versiones de mi obra han sido respetuosas. Puedo encontrarme a un bolerista en un cabaré que canta una canción mía a su manera y encantado estoy con eso, porque las canciones están para usarlas”.

Entre los trovadores de su generación y los de hoy, Ireno advierte algunas diferencias de postura. “Ahora están trabajando donde pueden cobrar dinero, y eso está bien, pero cuando nosotros empezamos y nos llamaban para trabajar, la pregunta era cuándo y no cuánto. Es diferente porque cambiaron los tiempos, pero esta es una manifestación que no puede ser comercial. Si haces una canción pensando en ganar una fortuna, la cosa está mal. La música debe estar primero en el corazón”.

La continuidad de la trova resulta indetenible en su opinión. “La canción cubana no va a morir, independientemente de que existan otros géneros pasajeros, porque lo que logra instalarse en la espiritualidad no se muere. Noel Nicola, Marta Valdés, Teresita Fernández, entre muchos otros, se van a quedar para siempre por su obra maravillosa, porque la trova es parte de la identidad y de la historia de Cuba”.

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