Artes plásticas en Habana Vieja. Ciudad en movimiento

Un solo fin: la cultura

María Fernanda Ferrer • La Habana, Cuba

Las artes tienden a trenzarse, y esa relación borra linderos, aúna miradas y conjuga intereses: es lo que sucede por estos días en que se desarrolla el Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos: Habana Vieja. Ciudad en Movimiento, evento eminentemente danzario, pero que incluye tres importantes momentos que ponen de manifiesto la imbricación entre las artes visuales y la danza.

Palpitar es una delicadísima exposición que puede verse en el Museo de la Orfebrería —institución perteneciente a la Oficina del Historiador que está enclavada a un lateral del emblemático Palacio de los Capitanes Generales en La Habana colonial—  y que incluye nueve esculturas salidas de las manos y el talento del reconocido artista Alberto Valladares.

Imagen: La Jiribilla

Este orfebre concibió las piezas —de mediano formato y realizadas en plata, acero, bronce, cobre cerámica y mármol— a partir de conocidos ballets que forman parte del repertorio del Ballet Nacional de Cuba (BNC) y que son, obviamente, un reconocimiento al arte danzario de la prima ballerina assoluta, Alicia Alonso, en el aniversario 70 de su debut con el ballet Giselle y a la compañía que dirige, agrupación que ha puesto el nombre de Cuba en lugares cimeros de esta manifestación a nivel internacional.

Valladares se apoyó en los archivos fotográficos del Museo de la Danza y en instantáneas tomadas por Nancy Reyes (actual fotógrafa del BNC) y, desde la tridimensión, recreó distintos ballets como Giselle (Alicia Alonso, foto cortesía del Museo de la Danza); Carmen (Alicia Alonso, foto cortesía del Museo de la Danza); Giselle (Anette Delgado, foto de Nancy Reyes); Alicia, su eterno danzar (foto cortesía del Museo de la Danza); Shakespeare y sus máscaras (Leonardo Pérez, foto de Nancy Reyes); La casa de Bernarda Alba (Aurora Bosh, foto cortesía del Museo de la Danza); Coopelia (Viengsay Valdés, foto de Nancy Reyes); La muerte del cisne (foto cortesía del Museo de la Danza), esta última galardonada con una mención en la Feria Internacional de Artesanía, FIART, 2010.

Imagen: La Jiribilla

Palpitar evidencia una conjunción perfecta entre el arte de bailar, fotografiar y abordar distintos materiales con fines volumétricos o tridimensionales para, finalmente, concebir esculturas de altísimo vuelo estético y conceptual.

Por su parte, la coreógrafa y directora de la compañía Danza-Teatro Retazos —quien incursiona en el mundo de la pintura— ha concebido junto con el también artista de la plástica José Eduardo Yánez —y a cuatro manos—, la muestra  Esquinas inocentes que se exhibe en la galería perteneciente a la agrupación danzaria.Según la especialista Mariela Usich, en Esquinas inocentes se dan “dos  improntas que exploran el mismo interior. No el de la simple convivencia, sino el de la complicidad del pensar desde una ventana que abre a la vida. Quietud aparente mientras las ideas van y vienen, turbulentas, en un espacio construido a partir de lo doméstico, habitado, frecuentemente, por un ángel meditabundo”.

En la propia calle Amargura, justo frente a Las Carolinas donde está la sede de Danza-Teatro Retazos, se encuentra abierta al público una exposición de carteles concebidos para ediciones pasadas del evento Habana Vieja. Ciudad en Movimiento, y audiovisuales que tienen que ver, obviamente, con el lenguaje de la danza en su sentido más totalizador.

Imagen: La Jiribilla

La muestra, que fue curada y organizada por Andrés D. Abreu, se exhibe en la Sala de la Diversidad de la ONG Sociedad Patrimonio, Comunidad y Medio Ambiente y está organizada a partir de siete temáticas  en las que se agrupan videos provenientes de México, Canadá, Ecuador, España, Argentina, Brasil, Cuba y Francia. Los audiovisuales, de calidades un tanto dispares, están organizados en siete apartados: “Cuerpos y arquitectura”, “Frágil”, “La luz y el fragmento”, “Compilando Latinoamérica en videodanza”, “Realizadores cubanos”, “Producido en talleres”, “Mujer y contemporaneidad” y una pantalla, que es la que da la bienvenida al espectador (con cuatro audiovisuales diferentes), de la autoría del francés Stephan Broc.

La Sala de la Diversidad, nacida bajo la acción coordinada de la Oficina del Historiador, la Fundación BBVA, Estación Biológica de Doñana y CSIC, es un novedoso espacio de exhibiciones de exposiciones digitales vinculadas al Fondo de Biodiversidad de Sevilla, España y cuenta con una muy moderna infraestructura informática que permite la programación y presentación de obras fotográficas y audiovisuales en alta resolución, sobre varios temas relacionados con el Patrimonio Cultural y Natural.

Las esculturas de Palpitar, las pinturas de Esquinas inocentes y los carteles y audiovisuales de la Sala de la Diversidad constituyen un espléndido ejemplo de cómo la danza —considerada el más universal de los lenguajes— entrelaza poéticas, estéticas y caminos creativos con un solo fin: la cultura.

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