Premio Documental Memoria Joven

Desandando los caminos de Digna Guerra

Analía Casado Medina • La Habana, Cuba

El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau otorgó el Premio Documental Memoria Joven al filme Digna Guerra, del realizador Marcel Beltrán durante la presente edición de la Muestra Joven ICAIC.

Imagen: La Jiribilla

Raúl Rodríguez y Lourdes Prieto, prestigiosos creadores del universo audiovisual del país, estuvieron a cargo de este reconocimiento colateral que propicia el certamen competitivo, el cual se distingue por la variedad de propuestas temáticas y estéticas que confluyen en pantalla.

Según resaltó el acta del jurado, el equipo dirigido por Beltrán logra una original manera de conducir al espectador por la vida y obra de esta extraordinaria mujer. Igualmente, el material combina aportes formales de alto valor estético, sin renunciar a ofrecer un inapreciable testimonio de vida, aspectos que le merecieron, asimismo, el Premio al Mejor Documental y los galardones en las especialidades de dirección y edición que concede el evento.

Para Lourdes Prieto, quien ha realizado, entre otros, los documentales Para gozar La Habana y Bajo la noche lunar, producidos por el Centro Pablo, este galardón constituye un estímulo a obras que tributan al rescate de nuestra historia compartida.

“De los documentales elegidos por el Comité Organizador de la Muestra para este Premio nos decidimos por Digna Guerra debido a su buena factura, al modo peculiar en que narra, desde las emociones más que desde las palabras, quién es Digna Guerra”, señaló Lourdes y añadió que emocionalmente plantea las distintas problemáticas de la vida de la creadora a partir de una búsqueda formal.

Como director de fotografía que ama al cine detrás de la cámara y desde la luneta del espectador, es definido Raúl Rodríguez, realizador cercano al quehacer de Enrique Pineda Barnet en filmes como La bella del Alhambra. El también profesor de talleres de fotografía en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños destacó que, a pesar de que los documentales en competencia fueron en general interesantes y de buena calidad, Digna Guerra resaltó por lo bien pensado de su estructura, por el formalismo al que apela. “Este estilo de decir es poco común en este género en el país”, puntualizó.

“Por lo general, las entrevistas a personalidades son muy convencionales, pero este material logra un acercamiento bastante singular”, explicó Raúl, para subrayar que los planos largos, perfectamente justificados, por ejemplo, unidos a otros elementos, “nos permiten hacernos una idea de quién es esta mujer, quiénes son las personas que la rodean, en qué consiste su trabajo, cuáles son sus dilemas cotidianos, de dónde viene su fuerza”.

Formas diferentes de contar, retrato desenfadado de una personalidad de la cultura, abandono de manidas técnicas de construir una entrevista, son algunos de los rasgos que sobresalen en este documental, según el criterio de los jurados que lo han premiado con el galardón Memoria Joven. Pero dejemos algunas claves que pueden decidir al lector a abandonar la comodidad del hogar, las prisas laborales, para correr al cine y sumergirse en su magia: Beltrán posiciona la cámara en lugares inusitados del entorno laboral y familiar de Digna Guerra: la cocina, el cuarto de estudio, la vida familiar en el carro rumbo a distintos lugares de La Habana, el dormitorio, los espacios de ensayo. La cámara no se detiene en la recogida de conversaciones disímiles, que podrían clasificarse como íntimas, que seguramente ayudarán a cada cual a construirse una imagen de esta mujer que abre el documental diciendo que no podía tener un mejor nombre, porque digna ha sido toda su vida, incluso para la guerra.

Imagen: La Jiribilla

Situaciones espontáneas convergen en el audiovisual con otras que no lo son tanto —pensemos quizá en la visita al solar donde vivió su infancia y el diálogo con una de las vecinas, los paseos de Digna por una arboleda, las presentaciones del coro en diferentes escenarios— pero que igualmente contribuyen a conformar un esbozo más completo de la directora y el complejo universo que la rodea.

Por otro lado, la palabra de Digna Guerra, recurso al que se apela en diversos momentos del filme, viene siempre a arrojar luces, a definir con pulcritud posturas ante la vida, ante la profesión y la familia, que se han ido contorneando desde las imágenes, que la cámara intrusa ha ido develando con parsimonia.

De formalmente transgresora e igualmente transgresora en cuanto a las maneras de abordar una temática específica, en este caso las dinámicas del decursar de Digna Guerra, podríamos calificar esta película. Pero, sin duda, no ponemos desde estas líneas punto final a las consideraciones en torno a la obra. De modo que lo invitamos a asomarse al cine en cuanto vea anunciado en cartelera este documental, para juntos construir la memoria.

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