Moviendo los caracoles

Cuba cambia en la producción audiovisual

Paquita Armas Fonseca • La Habana, Cuba
Jueves, 18 de Abril y 2013 (9:56 am)

“La muestra que no se muestra” fue el tema —o provocación— del último encuentro Moviendo los caracoles que, mensualmente,  se desarrolla en la Sala Rubén Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y que ya ha desencadenado fructíferos diálogos sobre la formación del gusto musical.

En esta oportunidad, acudió al llamado de la Sección de Crítica de la Asociacion de Medios Audiovisuales y Radio, un grupo de jóvenes realizadores, críticos, ejecutivos de la televisión y del cine, que intercambiaron en un diálogo provechoso, durante buena parte de una tarde calurosa.

Hubo consenso en que resulta necesaria una circulación nacional de las obras que compitan en la Muestra Joven del ICAIC, a partir del uso de las salas de video existentes en todo el país, promovidas por la Asociación Hermanos Saíz y la propia UNEAC.

Se planteó también que en los circuitos de exhibición, el ICAIC debe —y puede— insertar cortometrajes y documentales de los más jóvenes artistas, inmersos hoy en la producción audiovisual.

Para el grupo asistente al debate, quedó claro que con más de 80 productoras independientes en el país —algunas con una buena muestra de cortos y  largometrajes—, no se puede mirar a la industria como hace 30 años, cuando el ICAIC era prácticamente el único productor de cine nacional.

Esta diversidad de formas de crear, lideradas generalmente por jóvenes, tiene, por supuesto, una rica pluralidad temática y genérica que da cuenta de miradas nuevas hacia el entorno cubano, con un acercamiento estético que responde a las generaciones noveles.

Lo mejor de la producción realizada por estas vías independientes, puede ayudar a contrarrestar la avalancha de DVDs del peor gusto que actualmente se pueden adquirir en cualquier esquina del  territorio nacional.

De ahí que hoy como nunca sea importante rescatar los cine-debates que, en algún momento, fueron muy populares y contribuyeron a formar un gusto por el audiovisual en Cuba. Y, en ese sentido, es primordial que la televisión promueva espacios como el desaparecido 24 X Segundo.

Toca a este potente medio divulgar —con una promoción adecuada— lo mejor que se está filmando entre los jóvenes, y rescatar espacios donde se presenten y critiquen obras facturadas por los nuevos directores. 

Sería ingenuo pensar que toda la producción, incluso premiada, en la Muestra Joven del ICAIC, o de autores consagrados, que se  proyecta en los cines, puede trasmitirse por la Televisión cubana.

En cualquier parte del mundo, todo canal de servicio público, dirigido a telespectadores diversos, está regido por reglas. Cuba se puede dar el lujo de acudir a los mejores y más experimentados creadores para buscar un consenso a la hora de colocar una obra en la pantalla chica.

Lo cierto es que, como en otros aspectos, Cuba cambia en la producción audiovisual; y con ojos nuevos hay que mirar este entorno que diversifica la oferta, por lo que es mayor la exigencia de una labor  más constante,  tanto en salas de exhibición como en la pequeña pantalla, para la educación del gusto por el cine, que tantos aplausos aún despierta en los directores de otras latitudes que confrontan sus cintas con el público cubano.

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