Para fichar a Lizi

Miguel Gerardo Valdés Pérez • La Habana, Cuba
Jueves, 18 de Abril y 2013 (3:33 pm)

Carlos Celdrán  es un director consagrado  que ha sabido pulsar las cuerdas del thriller teatral con sagacidad e ingenio. Baste recordar Vida y Muerte de Pier Paolo Pasolini (2004), Chamaco (2006) y Talco (2010), tres de sus puestas en escena que hurgan en el submundillo pasional de los “sin clase social”.

En esta oportunidad, ha retomado el texto  de La Puta Respetuosa, de  Jean-Paul Sartre y lo ha relocalizado en un espacio que puede ser el de cualquier ciudad contemporánea; aunque por momentos se hagan guiños locales para que el espectador la sitúe en el mismo centro de sus vivencias e imaginación y se apropie de contexto y parlamentos.

En Fíchenla si pueden, una escenografía sobria con excelente distribución de elementos escénicos es, posiblemente, el mayor reto que Celdrán ha asumido, pues se trata de mantener la atención del espectador durante más de una hora con apenas tres personajes protagónicos; de ellos, un tercero con dos entradas a escenas nada más, y con una trama que se desarrolla de principio a fin en un espacio físico minimalista y sin introducción de ningún nuevo elemento escénico.

Imagen: La Jiribilla

Desde los primeros minutos del espectáculo, Celdrán, logra —tal y como supo hacerlo en las puestas ya mencionadas— atrapar al auditorio dentro de la propia trama que desarrolla. Contribuyen decisivamente al logro de ese empeño, otros recursos: un adecuado diseño de luces de Manolo Garriga —otro buen hacedor, experto en su oficio—, y una eficaz banda sonora —que asume rol protagónico en los momentos climáticos— de Denis Peralta.

El desempeño actoral es el nudo gordiano  que permite el cierre del conjunto representativo. Yuliet Cruz proyecta con seguridad y limpieza el desamparo y la marginalidad de la prostituta Lizi, y lo logra con frescura. Se destacan sus transiciones emocionales que van desde la desfachatez hasta la urgencia del afecto que todo ser humano necesita. Alexander Díaz, en un Fredy hermético al principio y oportunista después, logra la contrapartida. De seguro, a lo largo de la temporada podrá ir ganando en la seguridad histriónica que, por momentos, se torna quebradiza por la sobreactuación y la gestualidad excedida. Su mejor momento de la actuación del domingo 7 de abril fue la última escena en la que aflora lo undoso del ser humano.

Imagen: La Jiribilla

Marcel Oliva es el tercer personaje que permite el enhebrado de la trama. Igualmente, en el fogueo de la larga temporada por venir se irá adentrando en el Negro que carga sobre sí el odio de una sociedad que no perdona su condición de excluido social y racial. Sin embargo, tanto él como Yuliet Cruz logran un momento muy especial cuando, casi al final, dialogan sentados a la mesa y comparten el infortunio de sus suertes y miserias humanas.

Merece la pena destacar la actuación de José Luis Hidalgo en un Diputado que denota total seguridad, mesura  y oficio, lo que permite la credibilidad del personaje.  

Cuando todavía destellan las celebraciones por el centenario de Virgilio Piñera, ese universal del teatro cubano, Carlos Celdrán y su Argos Teatro se apropian del halo piñeriano para incursionar en las zonas más recónditas del ser humano y desnudarlas con sutileza y crueldad refinada, en las tablas de sus puestas.

Imagen: La Jiribilla

El espectador y cómplice de ese mágico momento que el hecho teatral constituye, podrá fichar o no fichar al personaje de la prostituta Lizi; pero  lo que, sin duda, no podrá evadir es la emoción de vivir y compartir la suerte de ella, suerte que —paradójicamente—, pudiera ser la suerte de otra Lizi carnal o circunstancialmente conocida, bien sea en un contexto real o imaginado.

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