Texturas develadas: Apuntes
para una historia de la colografía cubana

Belkis Ayón y su obra trascienden más allá de toda frontera física, una cualidad inmanente a aquellos que perduran en la memoria colectiva. Y es que a una década del adiós, el Estate que lleva su nombre, conformado principalmente por los familiares y amigos queridos, sostiene como razón de ser inmortalizar su legado.

Así, en coherencia con la intensa labor pedagógica que desarrollara durante muchos años la artista, el Estate Belkis Ayón impulsa espacios para promover la obra de jóvenes creadores y al grabado como manifestación legítima y latente dentro del Arte Cubano. Con la instauración del Concurso Nacional de Colografía se materializan muchos de estos intereses, y se hace justo homenaje a la vasta producción artística de Belkis, quien, desde la colografía, creó un lenguaje visual, sin duda, auténtico.

Imagen: La Jiribilla

Este evento monográfico plantea en su propia concepción un futuro posible para el desarrollo creativo de esta técnica, y proporciona para los grabadores un espacio de diálogo y confluencias.

Pero todo futuro necesita de un pasado que le permita erigirse sobre un basamento sólido y asentado. Cuál ha sido la trayectoria de la colografía cubana; quiénes han sido sus principales exponentes; qué características visuales posee; si se ha desarrollado por núcleos geográficos; o cuántas maneras de abordarla son apreciables en el panorama plástico de la Isla, son algunas de las interrogantes que surgen al tratar de hilvanar la historia de la colografía en Cuba. De ahí, la perentoria decisión de poder develar sus intersticios.

Ya desde nuestro trabajo para la Tesis de Licenciatura1 nos percatamos de la vacuidad de fortuna crítica sobre el tema, y muchos hilos debimos unir para entender ciertos procesos. Pero el análisis fundamental de la investigación estaba centrado en otros objetivos, y el tema de la colografía cubana quedó como un interés postergado.

No imaginamos entonces que tan solo unos meses después Katia Ayón nos propondría curar una muestra que expusiera la obra colográfica de aquellos artistas cubanos que hubieran desarrollado una creación sólida dentro de la técnica. Por supuesto, nos llenamos de entusiasmo. Ya no solo significaba pensar respuestas para aquellos primeros cuestionamientos, sino embarcarnos en la que sería nuestra primera curaduría. Al proyecto se nos uniría Aliosky García Sosa, joven grabador cubano con gran interés investigativo y la visión otra —pero siempre interesante— del artista.

La intención de la curaduría de esta exposición, Texturas develadas: muestra antológica de colografía en Cuba, ha sido mostrar una panorámica de la producción colográfica de la Isla, desde sus exponentes más sobresalientes. Por ello, la selección de artistas y obras responde a un criterio inclusivista fundamentado en resultados técnicos y estéticos; así, se ha valorado tanto la obra de los creadores que han desarrollado la mayor parte de su lenguaje dentro de la colografía, como la de quienes han incursionado en la práctica de esta técnica para proponer, también, interesantes resultados plásticos.

Imagen: La Jiribilla
"De la serie Persistencia de las formas VII", 2007. Octavio Irvin

 

La riqueza experimental del procedimiento colográfico permite al artista crear y obtener los más disímiles efectos; de ahí la múltiple visualidad que presentan las obras realizadas bajo esta técnica. Además, su introducciónen Cuba —y su desarrollo posterior— no ha seguido un único patrón o iguales condicionantes. Los espacios de trabajo y las regiones geográficas han determinado ciertos modos de proceder, así como posibles soluciones estéticas.

Algunos nombres de quienes participan en la exposición son reconocidos por todos como verdaderos colográfos, tal es el caso de Eduardo Roca Choco, Belkis Ayón, Miguel Ángel Lobaina, Octavio Irving, Liang Domínguez Fong y Eduardo Guerra, pues gran parte de su obra está construida desde la colografía. Pero hay muchos artistas que en sus inicios como grabadores, o en la búsqueda experimental que alimenta la creatividad de todo autor, encontraron en la colografía espacio ideal para sus intenciones, como son Nelson Domínguez (“Sin título”, 1984), José Contino (“Sin título”, 1984) o Ángel Ramírez (De la serie Conjunto La Republiquita, “¿Pero ese no era el gallo de Guarapeta?”/“¿Te acuerdas de Villoldo? El otro día lo vi”, 1982), aunque todos desde diferentes grados de relación con la técnica.

Imagen: La Jiribilla
"¿Te acuerdas de Villoldo? El otro día lo vi, de la serie Conjunto La Republiquita", 1982.
Ángel Ramírez

 

En la exposición hay una marcada presencia del Taller Cultural de Santiago de Cuba, pues ha sido uno de los principales espacios para el desarrollo de la colografía, y las obras de los artistas santiagueros presentan características similares en cuanto al procedimiento. Se puede hablar de un “método pictórico”, pues utilizan pastas aplicadas para la creación de las texturas, combinadas en ocasiones con materiales extrartísticos, como se observa en la obra de Choco2 (“Cogido con presilla”, 2013), quien traslada al grabado residuos de disímiles objetos cotidianos.

Imagen: La Jiribilla
"Cogido con presilla", 2013. Eduardo Roca (Choco)

 

La museografía busca visibilizar las vías de exploración plástica por las que transita y ha transitado la colografía cubana, y quedan planteadas a partir de zonas de confluencias formales, dentro de las cuales pueden también coincidir —o no— criterios generacionales y/o geográficos.

Por ejemplo, en los 80, sobre todo en el primer lustro, es remarcable un modo de disponer las imágenes en las piezas colográficas. La obra se compone por secciones, rompiendo con los márgenes de la impresión al convertir al espacio no impreso en parte de la obra; ello se observa en las colografías expuestas de Raúl Alfaro (“La esfera I”, 1984), Carlos Uribazo (“Sin título”, 1983) y Oscar Carballo (“Sin título”, 1984). Y también se constata en las obras ochentianas de Lobaina, pero en su caso, las dimensiones fracturan los típicos tamaños de la estampa y el formato rectangular o cuadrado (De la serie Los sueños, 1987). Las piezas son irregulares e impresas hasta el borde, eliminando por completo el margen tradicional de la gráfica.

Otra vertiente es la catalogada por los grabadores como de “tipo dibujístico”, donde las figuras están bien demarcadas y hay un cuidado exquisito por las líneas y los contrastes entre figura y fondo. Es el caso de la obra de Belkis Ayón (“La consagración I”, 1991), cuyas matrices demuestran una confección verdaderamente minuciosa. A Belkis le interesaba lograr diferentes texturas, tonos, claroscuros y contrastes a través de la aplicación de diversos materiales como el papel de lija, variados tipos de cartulinas, la aplicación de la técnica del carborundum y del gesso; como también se observa en la obra de otros artistas. Ayón otorgó a la colografía dimensiones monumentales, con formatos que variaron acorde a las exigencias de las piezas. La mayor parte de su producción prescindió del color, y privilegió los valores blanco y negro y los tonos grises, un rasgo que predomina hoy en una parte remarcable de la producción colográfica cubana.

Imagen: La Jiribilla
"La consagración I", 1991. Belkis Ayón

 

Igualmente, en las composiciones acromáticas se pueden distinguir dos grupos, aquellas que utilizan las propiedades intrínsecas de los materiales como se ha descrito hasta ahora, tales como la de Liang Domínguez Fong (“Procreación”, 2008), Jorge Knight (“Equilibrista”, 2005) o el joven Juan Salazar (De la serie Contracorriente, 2013). Y otras en las que prevalece una visualidad más cercana a la calcografía, al trabajo con el metal, como la de Israel Naranjo (“Convertible de la luz brillante”, 2008), Octavio Irving (De la serie Persistencia de las formas, 2007), Ángel Ramírez o Joaquín Bolívar Thomas (“Anidando”, 2012). Visualidad que está dada, en algunos casos, por la sustitución de la matriz de cartón por una plancha de metal; en otros, por el trabajo dibujístico sobre materiales como el acetato, que permiten simular la técnica de la punta seca.

Imagen: La Jiribilla
"Procreación", 2008. Liang Domínguez Fong

 

Pero la colografía cubana, fundamentalmente, gusta del uso abundante del color: “Generalmente, la mayoría de los artistas que han utilizado esta técnica han realizado trabajos muy efectistas con mucho color y texturas pronunciadas”3, como afirma la Dra. Susana Guerrero. En la mayoría de las ocasiones utilizan más de una matriz para entintar, o acrílicos transparentes para sellar. Igualmente, está el procedimiento de la colografía iluminada, que consiste en “colorear” la obra posterior a su impresión, con acuarelas y temperas, procedimiento que se observa en la pieza de Eduardo Guerra (“La Habana 1995, se alquila”, 1995).

El grabado cubano desde la década de los 80 se introdujo en los lenguajes tridimensional e instalativo, subvirtiendo los cánones tradicionales de la pautada bidimensionalidad; y en muchos casos la matriz se convirtió en obra. La colografía también se apropió de estos criterios y permitió la experimentación ya no solo técnica, sino también estructural. La obra de los jóvenes Liuby Hernández Tamayo y Yacel Izquierdo Díaz (“Huésped”, 2013) expone la matriz como pieza final. En el caso de Vivian Lozano (“Animales en la vía”, 2004), propone una instalación escultórica formada por varias piezas, cuya visualidad resultante son colografías ensambladas de modo tridimensional.   

La casi totalidad de los artistas de la exposición son autores vivos, en pleno ejercicio creativo, pues la colografía, es una técnica relativamente reciente en las artes plásticas cubanas. La selección incluye tanto a creadores actuantes desde los 70, hasta jóvenes que en los últimos años han incursionado de manera coherente e ingeniosa en el lenguaje colográfico. Se genera así un diálogo intergeneracional que permite trazar líneas de continuidad y ruptura en la colografía cubana, así como atestiguar la perdurabilidad de la técnica en el interés creativo de los artistas emergentes.

Imagen: La Jiribilla
"Enkallado", 2001. Noel Morera

 

Los temas presentes en las obras seleccionadas abordan desde la figuración el erotismo, las religiones afrocubanas, la crítica social, la figura femenina, entre otros; y está presente la abstracción en propuestas líricas, gestuales, otras más geométricas. Pero no es desde las temáticas que se ha pensado la línea argumental de la exposición, esta sería quizá una lectura para proyectos futuros. 

A la selección de artistas pudieran sumarse otros nombres como el de El Chino Chiang o José Emilio Leyva, grabadores holguineros con los que finalmente no pudimos contar. Igualmente, existe un grupo de creadores que emigraron fuera de Cuba y de quienes no quedan obras accesibles. Otro factor que dificulta el conocimiento total de la producción colográfica nacional es la falta de comunicación entre las provincias, e incluso de los propios especialistas sobre su región; lo que se agudiza con la no preparación o entendimiento de muchas de estas personas para diferenciar entre el valor puramente comercial y el artístico de una obra —entiéndase, no siempre excluyentes uno del otro.

En conjunción con las piezas expuestas, la muestra dispone un grupo de textos explicativos y testimoniales que funcionan como complemento semántico de las imágenes, los cuales apuntan una posible cronología de la colografía en la Isla.

Esta exposición narra pues una historia hasta ahora segmentada, y desde la pluralidad devela las texturas del devenir de la colografía en Cuba.
 

Resumen de las palabras al catálogo para la muestra Texturas develadas: muestra antológica de colografía en Cuba, inaugurada el pasado 9 de abril en el Centro de Arte de Cienfuegos como actividad colateral al Primer Concurso Nacional de ColografíaBelkis Ayón”.

 

Notas:
 
1- Gabriela García Azcuy y Sandra García Herrera: La Isla grabada: la renovación del grabado cubano en la década de los noventa (1990-1999) a través de la obra de Belkis Ayón, Sandra Ramos, Abel Barroso e Ibrahim Miranda. Tesis de Diploma. Departamento de Historia del Arte, Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, junio de 2012.
2- Recuérdese que Choco aprendió la técnica en el Taller Cultural de Santiago.
3- Susana Guerrero: Belkis Ayón: una mirada calcográfica del collagraph. Tesis de Doctorado. Departamento de Arte, Universidad Miguel Hernández de Elche, España, junio de 2012.

 

Comentarios

Sin lugar a dudas mis colegas han develado una laguna de tantas que existen en la historiografía del arte cubano. La felicito por su ardua labor, espero que este sea el principio de una larga carrera de investigación que logre llenar algunos de los espacios vacios en la historia del grabado cubano y el comienzo de una renovada generación de críticos e investigadores que centren su interés en estudiar a los nuevos grabadores.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato