Festival de Cine Francés

Un feliz acontecimiento

Frank Padrón • La Habana, Cuba

Después de la “edad de las ilusiones” puede arribar su contrario, de modo que tras una superbe y justamente promocionada edición 15 (el pasado año) del Festival de Cine Francés entre nosotros, algunos temimos bajara la parada.

En realidad, no hay motivos reales para tal preocupación, si bien en lo que va de evento —que se extenderá hasta el 1ro. de mayo en salas capitalinas y de todo el país— no emerge aún ese “peliculón” que vale la fiesta toda.

Un aureas mediocritas (dorada medianía) caracteriza hasta ahora la presente edición. Algo, no obstante, quisiera sugerir a sus organizadores tanto cubanos como franceses: deben percatarse de que en realidad los estrenos son tales.

2013 se ha publicitado hasta el cansancio como la edición de los “16 estrenos” (coincidiendo con igual aniversario); pero la realidad es que por lo menos seis de esos filmes ya se habían visto con anterioridad en el Festival de La Habana, o hasta en salas de programación habitual.

Imagen: La Jiribilla

Siendo más específico, los menciono: Intocable (la première, que incluso pasó por televisión), Los infieles, ¿Y si vivimos todos juntos?, Las nieves del Kilimanjaro, Un feliz acontecimiento y el documental Miradas múltiples. “Pas grave” (nada grave), como dirían nuestros visitantes, solo que sería mejor aclarar: tantos estrenos y algunas reposiciones, que igual mucha gente no las vio o quiere repetirlas. Pero cuentas claras, amistades conservadas… y mejor festival, aunque no lo parezca.

De cualquier modo, y a pesar de lo que comentábamos sobre la ausencia de esos filmes “fuera de liga”, no poco hay para sentirse satisfecho en esta nueva ronda gala.

Empezando por la première , se trata nada menos que del filme más visto en toda la historia del cine francés: Intouchables (2011), de Oliver Natache, habla sobre “diferencias conciliables” o mejor, de aquello que une en vez de separar a seres humanos en mucho diversos: un aristócrata que deviene cuadrapléjico y un joven africano que lo atiende logran una “química” y un entendimiento que trasciende barreras de todo tipo.

El director apuesta por la comedia, y sin dejar de tocar aspectos muy sensibles, resuelve los puntos neurálgicos de la trama desde el terreno humorístico, de modo que situaciones y conflictos se encauzan por esa vía que, finalmente, agradece el espectador.

Además del conseguido ritmo que una edición eficaz impregna al filme, de la música cual correlato que refuerza las ideas principales —justamente entre la ópera y Earth, Wind and Fire, por ejemplo, se polarizan gustos musicales definitorios— y ese acertado tono en que transcurre la dramaturgia, en Intouchables descuellan los protagónicos: a Françoise Cluzet se le conocía bien pues es un actor muy recurrente en la pantalla gala, pero la gran revelación ha sido el joven Omar Sy: Quijote y Sancho contemporáneos que nos enseñan mucho sobre divergencias y convergencias, opuestos que se atraen y complementan, ying/yang que transcurre en cualquier faceta de la vida.

Las nieves del Kilimanjaro (2011),  que solo toma en préstamo el título de la famosa novela hemingwayana, es lo más reciente del prestigioso Robert Guediguian (Las armas del crimen, Marie-Jo y sus dos amores, Mi padre es ingeniero), y discursa en torno a la pobreza que deviene riqueza y plenitud espiritual.

Imagen: La Jiribilla

Un matrimonio sin empleo reúne el dinero para ir a un añorado viaje, pero un atraco los priva de ello; la relación de ambos con los delincuentes conduce el relato por vías insospechadas, que sorprenden a cada giro a un público comprometido y cómplice; lejos, como es habitual en este cineasta, de los clisés y convencionalismos a lo Hollywood, nos hallamos ante una obra madura, emotiva y sólida, la cual es reforzada por soberbias actuaciones (Ariane Ascaride, Jean Pierre Darroussin, Gerard Meylan).

¿Y si vivimos todos juntos? (2011), es una coproducción francoalemana dirigida por Stéphane Robelin en torno al “adulto mayor”; en tono jocoso, aunque con no poca enjundia desarrolla temas importantes de esa etapa de la vida (y en definitiva, de todas) como la enfermedad, la familia, la amistad y la relación con los más jóvenes, e incluso infidelidades de muchas décadas atrás que pueden enturbiar un presente fraterno, y también, por qué no, el erotismo, desde la convicción que parece asistir al director respecto a que para nada debe renunciarse a los placeres de la cama a esas edades avanzaditas.

Lo cierto es que el trayecto resulta muy grato, se proyectan con fluidez y buen paso personajes y situaciones, y nos damos el gustazo, sobre todo los mayores, de ver reunidos a viejas glorias del cine norteamericano (Geraldine Chaplin o ese mito de la contracultura en los 60 llamado Jane Fonda, en plena forma, a propósito); francés (Pierre Richard, el “rubio alto del zapato negro” o Claude Rich) junto con bisoños talentos como el alemán Daniel Brülh (Good by, Lenin).

Y ya que entramos en el terreno de la comedia, es género predominante en esta edición: Besos franceses, Los seductores y El pretendiente son algunas de las ya vistas.

La primera de ellas, dirigida por Riad Sattouf en 2009, focaliza despertares eróticos adolescentes, sobre todo en jóvenes poco agraciados  y sin muchas luces. El complejo mundo de esta etapa, las relaciones interpersonales —las que entablan estos muchachos con padres, profesores, amigas y entre ellos mismos— son atrapadas por el realizador con tino, precisión y energía; el relato fluye, divierte e inquieta, pero sobre todo, invita a la reflexión de espectadores dentro y fuera de esas edades.

Los seductores (2010), de Pascal Chaumeil, sigue a un insólito trío, especializado en desunir parejas que por alguna razón, serían infelices. Pletórica de escollos y peripecias muy cercanas a un tipo de comedia norteamericana, la cinta está llena de situaciones insólitas y no pocas, bastante forzadas. Pero injusto sería negarle ingenio y buen pulso, lo cual permite que pasemos 105 minutos de pleno entretenimiento.

Imagen: La Jiribilla

Otro tipo de humor muestra El pretendiente, primera de las cintas dentro del homenaje a una de las figuras a las que se dedica el Festival: el actor y realizador Pierre Etaix, quien estuvo presente esa noche integrando la delegación francesa que nos visita.

Restaurada junto al resto de su obra hace pocos años, su autor realizó un tipo de comedia intelectual, de pocas palabras que obliga a un ejercicio intelectivo por parte del espectador; teatro del absurdo y poder sugestivo junto con una elevada dosis de ironía (a costumbres, tipos y clases sociales), caracterizaron el cine de este sui generis comediante, quien junto con su colega y coterráneo Jacques Tati —un tanto más hermético y racional— facturó un humor muy singular y alejado de convencionalismos.

Su laureado corto Feliz aniversario, también exhibido en esa jornada, hace honor al título; siendo filmes de inicios de los años 60, resulta admirable cómo se mantienen de lozanos y comunicativos, lo cual pudo comprobarse en la empatía que lograron con el amplio y diverso público que colmó la sala.

Jappeloup (2013) llegó casi acababa de “salir del horno”, por cuanto apenas hace un mes tuvo su première parisina; la dirigió Christian Duguay (Juana de Arco, 1999)  y gira en torno al mundo de la equitación; la cálida, aunque a ratos contradictoria y tirante relación entre jinete y caballo centraliza un filme donde, sin embargo, mucho más está en juego que las emotivas y bien realizadas competencias. Basada en hechos y personas reales, todo el mundo afectivo y profesional de Pierre Durand y su hermoso y competente  solípedo son notablemente plasmados en el filme, sin concesiones a la sensiblería o el efectismo en que semejante historia pudo aterrizar, si bien estamos ante una obra algo académica, incluso convencional.

El actor Guillaume Canet (Quiéreme si te atreves), practicante en la vida real de equitación, y el experimentado Daniel Auteill como su padre, encabezan un elenco profesional y convincente.  

Por último, hasta ahora, Un feliz acontecimiento (2011) de veras lo es: la comedia de Remi Bezançon, en torno a la maternidad, las relaciones de pareja pre y  pos-parto, las que lleva la primera con sus respectivas familias y otros ítem vinculados, se sale realmente del lugar común en las que tantas obras semejantes tienden a caer; esta es original, profunda sin dejar de ser simpática, pulveriza visiones romanticoides y sensibleras sobre temas en realidad tan complejos y que algunos directores parecen encerrar en formulitas edulcoradas y clisés de la peor especie. Un feliz acontecimiento, lo es también por sus soberanas actuaciones, con una excelente Louise Bourgoin en el protagónico, el no menos concentrado y grácil Pio Marmai como el marido y la inmensa veterana Josianne Balasko como la muy liberal —y en definitiva deliciosa— madre. 

Ya decíamos: restan días al Festival, por lo cual nuevas reflexiones sobre otros tantos filmes se imponen más adelante; mientras, disfrutemos las provechosas jornadas de este, uno de los eventos fílmicos más esperados y participativos de los que tienen lugar entre nosotros.

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