Mariano Mercerón: de los músicos
más olvidados

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Son incontables las historias que se cuentan sobre este gran músico cubano; santiaguero, por más señas —lamentablemente hoy uno de los más olvidados de nuestros músicos de primera fila—, con excepcionales dotes como compositor, arreglista y director de orquesta, que tocaba el saxofón alto y el clarinete muy bien, y que, como la cosa más natural del mundo, gozaba con su fealdad, no solo a puertas cerradas, sino en cualquier escenario, desde el más sencillo como el santiaguero teatro Maceo, donde —aún se recuerda— si no gustabas, te podían tirar hollejos de naranja hasta los más animados, como algunos clubs mexicanos y panameños, donde se presentó con el Bárbaro del ritmo Beny Moré.

Lo cierto es que Mariano Mercerón era un excepcional músico en cualquier circunstancia y lugar, y en México, donde falleció, en 1974, durante un baile, aún se le recuerda con admiración y cariño y su obra llegó a ser tan reconocida —grabó allí más de 20 discos— que ocupa un lugar en el Salón de la Fama de ese hermano país.

Pero aquel hombre grande entre los grandes en el pentagrama, referido por sus compañeros de andanzas como “un negro de traje y zapatos de dos tonos” y con unas combinaciones demasiado llamativas, era asimismo, un tipo muy ocurrente y popular, cuentero y bromista, con una gracia especial para hacer reír a la gente y que, según dicen, tocaba en particular a las mujeres.  ¡Tuvo 18 hijos!

Cuando lo saludaban, respondía siempre: “Sin novedad”, y cuando alguien decía: “¡Y esa cara, Mercerón!”, allá iba la respuesta pícara: “No tengo otra”. En la escena, igual podía “rebuznar”, que hacer muecas de la más diversa índole.

“¿Excesos en la búsqueda de comunicación?” Tal vez, como consideran Reinaldo Cedeño y Michel Damián en su libro Son de la loma. Los dioses de la música cantan en Santiago de Cuba, pero Mercerón “supo sacar partido de una circunstancia física, ante la que otros se hubieran acomplejado, y sus resultados fueron fructíferos”.

Aunque es preciso aclararlo de una vez por todas, como se hace en el referido volumen: “Esas maneras no fueron nunca una estrategia para calzar lo que, supuestamente pudiera faltar a su música; lejos de ello, debió convertir sus presentaciones en un verdadero espectáculo”. Al respecto el también santiaguero Enrique Bonne añade: “Pudiera no haber agradado a algunos, pero Mercerón era un tremendo músico, no hay duda”.

Nacido en 1907, en Santiago de Cuba, su madre tocaba la guitarra y su padre se hizo trompetista de una banda militar, de manera que el entorno familiar fue favorable para estimular —a quien después sería llamado “El feo que toca sabroso”— su indiscutible talento para la música.

No es de extrañar entonces que desde muy niño comience los estudios musicales en su ciudad natal. Y más tarde, Palma Soriano elogie su clarinete en la Banda Municipal, aunque el interés del joven se extiende también al saxofón, instrumento que toca con total señorío y con un sabor muy exclusivo, lo que le permitirían integrar un buen número de agrupaciones de su natal Santiago; una de ellas fue Los muchachos alegres.

Influenciado por las bandas de música norteamericanas, a finales de los años 20, Mercerón funda su primera jazzband bajo el nombre de The Peeper´s Jazz, la cual además del jazz y fox-trot, toca sones, danzones, boleros, guarachas, guajiras, rumbas y hasta temas de corte afrocubano.

En 1932 nace Don Mariano Mercerón and de Pepper boys que unos años más tarde —luego de presentarse por un tiempo en La Habana— sería, ya de regreso en Santiago, Los Muchachos Pimienta, solicitados dondequiera que se celebre un baile, pues, en verdad, al decir de sus muchos admiradores, pimienta tenía aquella orquesta.

Con ella, a inicios de los 40, Mercerón realiza sus primeras grabaciones en La Habana para la RCA Víctor, de la que fue artista exclusivo, con la particularidad de que su repertorio era en su mayor parte de su autoría, como “Cuando canta el cornetín”, “Oración de amor”, “Yo tengo un tumbao”, “Negro Ñañamboro”, y “Yo soy la conga”, entre muchísimas otras.

En 1947, viaja a México con la orquesta, y sus temas son llevados a la cinematografía de esa nación, pero un año después la agrupación decide, a pesar del éxito, regresar a la Isla, mientras su director permanece en tierra azteca, donde forma una nueva banda, la misma que acompaña en sus primeras grabaciones a Beny Moré como solista.

Imagen: La Jiribilla

Pero en 1950 Mariano Mercerón está de nuevo en La Habana, convertido ahora en todo un personaje, y vuelve por sus fueros con sus muchachos pimienta. Cuenta con las voces de Pacho Alonso y Fernando Álvarez, con ellos se presenta en la CMQ Radio, en los casinos, centros nocturnos y otras plazas de baile, que le abren sus puertas. Y cuando conoce del regreso del Beny a Cuba, él mismo va a buscarlo, es decir, que en 1951, Beny, Fernando y Pacho —¡qué tres voces!— se reúnen en una misma agrupación.

“Aquella era la única orquesta —recordaba Fernando— que podía ser rival de la Casino de la Playa, con Miguelito Valdés, aunque también estaba la Chepín-Chovén.”

Y así se mantienen por dos años en la Cadena Oriental de Radio, de triunfo en triunfo en Santiago y en todo el país, hasta que en 1953 Beny parte hacia la capital para crear su Banda Gigante, después le seguirán Fernando y Pacho; pero Mercerón sigue adelante con los cantantes Manuel Licea (Puntillita) y Pío Leyva.

Pero los tiempos que llegan no serán los mejores. Mercerón, pese a su éxito, pasa como instrumentista y arreglista, a la banda del ejército pues en esta etapa de 1957 a 1958, “los músicos se estaban muriendo de hambre, y allí era donde único un músico podía comer”. Lo cuenta el cantante Eugenio Colombat, testigo de los últimos años en Cuba de este destacado músico.

Así, entre 1957 y 1960, sus viajes entre México y Cuba se harán frecuentes, hasta que en 1960, decide radicarse en la nación azteca, donde fue reconocido como el Padre del Danzón y con su quehacer artístico privilegiado contribuyó a internacionalizar la música cubana.

Comentarios

Excelente...!

El Señor JOAQUíN ORDOQUI GARCíA en Madrid; escribió una buena semblanza de Don Macerón para el 1 de mayo de 2003. la misma se encuentra en la Internet. La misma es muy interesante.

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