Un fundador en los dominios de la trascendencia

Joel del Río • La Habana, Cuba

Nunca pude entrevistar a Alfredo Guevara. Aunque compartimos varios espacios de conferencia y debate, jamás pude preguntarle una decena de interrogantes que ahora quedarán para siempre ahogadas entre pecho y espalda, porque solo él podía darles cumplida respuesta. Por supuesto que las respuestas de Alfredo a todo cuestionamiento o interrogante provenían más de las obras indiscutibles que de su verbo también prolijo, iluminista.

Imagen: La Jiribilla

A pesar de que nunca estuve sentado delante de Alfredo con la intención de hablar largamente sobre los derroteros de la cultura en la Isla, el primer ensayo de mi vida profesional se dedicó a estudiar el cine cubano —lo escribí con Rufo Caballero— y, desde el título, intentaba rendirle homenaje a la monumental labor cultural de Alfredo en la fundación y dirección del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Titulado No hay cine adulto sin herejía sistemática, aquel ensayo se refería, sobre todo, al texto fundador en el cual Guevara trazaba las pautas para la creación audiovisual, y en algún sentido para toda la creación artística, en Cuba: “No hay vida adulta sin herejía sistemática, sin el compromiso de correr todos los riesgos. Y es por eso que esa actitud ante la vida, ante el mundo, supone una aventura, y la posibilidad del fracaso. Pero es también la única verdadera oportunidad de acercarse a la verdad en cualquiera de sus aristas”.

Comprometido con el riesgo y la búsqueda, la herejía y la instauración, y con el futuro artístico y cultural de esta nación que amó profundamente, Alfredo Guevara estuvo fuertemente dedicado a la creación y la fundación de un entorno marcado por la belleza y la justicia social, y por el odio a la barbarie y la represión. Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana, desde muy joven Alfredo participó en la rebelión estudiantil contra los desgobiernos dictatoriales, y padeció torturas y encarcelamiento. En el fragor de esta batalla conoció a Fidel Castro, a quien reconoció rápidamente como líder de la Revolución. Como había cursado estudios superiores de Dirección Teatral, participó también en la creación del grupo Teatro Estudio (uno de los conjuntos insignias del teatro en tiempos de Revolución) y formó parte de los institutores de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, junto con Julio García Espinosa.

Precisamente, en el marco de Nuestro Tiempo surgió el proyecto cinematográfico que valió en tanto prefacio del ICAIC: El Mégano, documental con matices de ficción rodado en los tremedales del sur de La Habana y Matanzas. Guevara se dedicó a realizar El Mégano en régimen de cooperativa con Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa, y ellos dos lo acompañarían en la fundación de una de las instituciones más significativas no solo dentro de la cultura revolucionaria sino en el ámbito del arte latinoamericano.

Desde el ICAIC, Alfredo Guevara le dio forma al cine cubano documental, sobre todo a través de Santiago Álvarez, el Noticiero ICAIC Latinoamericano y a una serie de títulos inscritos entre los mejores del mundo. También, le dio forma primigenia a la Cinemateca de Cuba y la revista Cine Cubano, además de crear poderosa insurgencia en el cine de ficción, de animación, el diseño gráfico o la música para cine, a través del Grupo de Experimentación Sonora, en el cual se reunieron algunos de los más descollantes y jóvenes músicos cubanos.

Además de todo lo dicho, desde el ICAIC Alfredo Guevara estimuló una fuerte corriente de solidaridad continental verificada, sobre todo, a través del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (creado en 1979), y también fue miembro de honor del Comité de Cineastas de América Latina y del Consejo Superior de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. En añadidura a la fuerte influencia generada por Cuba en términos cinematográficos, Francia le otorgó también la Orden de la Legión de Honor, en el grado de Comendador y desde 1968 colaboró con la UNESCO como especialista en políticas culturales. En 1983, fue nombrado Embajador de Cuba ante la UNESCO y recibió, de manos del director general Federico Mayor, la Medalla de Oro Federico Fellini otorgada por primera ocasión a un cineasta.

Alfredo siempre concibió el ICAIC, y los muchos otros proyectos que contribuyó a crear, sostener e incentivar, de acuerdo con su vocación de fundador, que él veía en estrecha relación con su esencia revolucionaria. En una entrevista con Arleen Rodríguez Derivet, de 2008, Alfredo declaraba que “los revolucionarios somos fundadores, y si no fundamos no sé qué somos, pero lo que más me entusiasma a mí de las cosas en que he participado y sigo participando no es haber fundado, sino sentir que las nuevas generaciones fundan un poquito inspirados en lo que hicimos e inspirados en su propio mensaje y en sus propias inquietudes y en aportes”.

Comentarios

Triste noticia. Murió pero sus ideas estan ahi y no deben faltar quienes las hagan suyas y prosigan en ese diario de conseguir la tolerancia, el asimilar la variedad, la diversidad como , premisa para el desarrollo favorable de todo, su hacer, sus ideas y sus maneras son la expresión del qué es la vida y el mundo en que anda. La juventud los jovenes, sus ideas, sus proyecciones son imprescindibles para avanzar, la confianza en ellos, la confianza en el proceso cubano y su manera de hacer el concepto Revolución, es una de las cosas más admirables de este hombre que llegó para quedarse. descansa en paz Alfredo y nunca te marches

Me termino de enterar de la muerte del admirado Alfredo Guevara. Estoy muy impresionado por la noticia. Muy triste. Fue un gran hombre, luchador a favor de la tolerancia, revolucionario convencido, solidario y de gran entereza antes las múltiples adversidades. Los argentinos se jactan de muchas cosas. Yo puedo decir que me jacto de haberlo conocido y que me haya iluminado con su mente. Por allí se irá, con su lema de justicia: iluminando el mundo de belleza. Eduardo.

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