Sarita Montiel, los títeres y el siglo pasado

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba
Imágenes de Archivo

Los que nacimos en el siglo pasado, sabemos perfectamente quién era Sarita Montiel, fallecida el pasado 8 de abril. Una de las actrices más bonitas y voluptuosas del mundo cinematográfico. Su rostro bien angulado, de frente amplia, nariz pequeña, labios siempre entreabiertos y ojos intensos, fue una imagen turbadora para los hombres y mujeres que admiraban en ella el glamour de una época, el sello de elegancia y sensualidad de esa España tan cercana a nuestra cultura.

Los niños también fuimos víctimas del embrujo de la muchacha nacida en Campo de Criptana, el 10 de marzo de 1928. Cuando yo nací, ella acababa de estrenar la película Noches de Casablanca, ya había filmado las exitosas El último cuplé, La violetera, Carmen la de Ronda, Mi último tango y La reina del Chantecler. Mi papá me llevó al cine a verlas casi todas. Tenían un eros contenido, casi pudoroso; pero ella, la joven manchega, estaba ahí, con su semblante hermoso y las canciones nacidas de una voz trémula, susurrante. No le hacía falta nada más. En el último cuarto de la casa de mi tía Cuchita, había un librero que también guardaba discos, entre ellos había uno de Sarita Montiel, vestida de amarillo, con un escote generoso y la mirada subyugante que jamás yo había visto.

Imagen: La Jiribilla

Entre sus boleros, tangos y cuplés había una canción que comparaba a los hombres enamorados con los títeres. Eso era ya demasiado para mi asombro con aquella fémina llamada Sarita Montiel. Mi papá, adulto y conocedor de los chismes del cine, se encargaba de decirme siempre que se llamaba María Antonia Abad Fernández, pero ese patronímico verdadero nunca venció al artístico.

Sarita era la cantante de “El Polichinela”:

Entre los paisanos y los militares,
me salen a diario novios a millares.
Como monigotes vienen tras de mí
y a todos los hago que bailen así…

Y venía el pegajoso estribillo que hacía alusión a la técnica de las marionetas saltarinas y mencionaba el nombre del héroe popular francés: Polichinela, primo hermano del italiano Pulcinella  y del inglés Punch. Así pasaron años, me hice adolescente, joven; ella hizo varias películas que no se pasaron en la Isla rápidamente, sino mucho tiempo después. Vivíamos los años 70 y ya yo podía ir al cine solo cuando vi Varietés, de 1971, uno de sus últimos filmes, homenaje a los artistas de revistas, al teatro... Tengo el recuerdo entre brumas, de que aparecía algún títere en medio del gran musical.

Cuando me hice profesional, uno de mis primeros viajes internacionales fue a España, en 1988. Allí seguía Sarita, madura, inmarchitable. Estrenaba un disco nuevo llamado Purísimo Sara, tributo al habano de Cuba y a los géneros musicales más populares de la América donde fue famosa y amada.

Imagen: La Jiribilla

Sí, no era una gran actriz, no cantaba con las notas más altas, ni el color de su voz era un portento, pero tenía eso que le va faltando a muchas estrellas de la actualidad, el brillo perdurable de una mirada, el gesto exacto, el movimiento necesario del cuerpo para expresar un sentimiento. Nunca perdió su gracia manchega, de origen campesino, ni su amor por la Isla más grande del Caribe, hasta se casó con un cubano para remarcar ese sentimiento. Pasará mucho tiempo para que se borre de la memoria popular ese verso tan titiritero de “El Polichinela”:

Cata-catapum, catapum pun candela,
alza pa´rriba Polichinela.
Cata-catapum, catapum, catapummmm,
como los muñecos en el pim, pam, pum”.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato