Alfredo, un abrazo en donde quiera que estés

Salvador Salazar • La Habana, Cuba

Se confesaba seguidor de Maximilien Robespierre, el primero de los jacobinos, y de Paul Lafargue, el yerno santiaguero de Carlos Marx. Afirmaba a quien quisiera escucharle que el socialismo es ante todo posibilidad de mundo mejor, horizonte no concretado, pero destino tangible. Nunca lo escuché decir que creyese en la resurrección de la carne, pero estaba convencido de la refundación de las ideas. No por gusto insistió en que en un cuadro del pintor Mariano Rodríguez, titulado precisamente “La Resurrección”, presidiera las jornadas del último Festival de Cine de La Habana.

Alfredo se sentía a gusto entre poetas, escritores y pintores. Leía a los clásicos de la filosofía y aún soñaba visitar, por última vez, el París de su juventud. Los libros lo