Ángel Alfaro: “El arte que se genera
fuera de Cuba es arte cubano”

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Hace 20 años que el pintor, grabador y fotógrafo cubano Ángel Alfaro no exponía una muestra personal en Cuba y, por estos días —y hasta fines de mayo—, la prestigiosa galería Villa Manuela, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, ha abierto sus puertas al quehacer de este artista que vive en Colombia, y quien asegura “jamás ha perdido el contacto con su Patria”.

Alfaro (Yaguajay, 1952) ha traído una exposición conformada con obra muy reciente y aunque amarga por el tema, necesaria en su relevancia y hondura; en otras palabras, Quiebra sueños es un llamado a la cordura.

Imagen: La Jiribilla

“El tema de Quiebra sueños tiene que ver con el conflicto que está viviendo sobre todo la niñez tanto en Colombia como en otros países, en medio de las confrontaciones armadas. Hay un problema con las minas antipersonales —llamadas en Colombia ‘minas quiebra patas’ y por eso la exposición la titulé Quiebra sueños. Constantemente, uno está escuchando por la televisión, leyendo en los periódicos y también viendo con ojos propios casos terribles de personas y, sobre todo pequeños, que son mutilados o muertos o quedan ciegos debido a este tipo de artefacto.

“Como cubano que vive en otro país, me golpeó este tema, sobre todo por el impacto de las imágenes. La idea parte de una historia real de una niña que fue a jugar al patio de su casa en el campo con una muñeca y una mina hizo explosión. El pretexto visual que he utilizado para emprender este tipo de trabajo ha sido desde la imagen de la muñeca. La exposición es una especie de alerta y de denuncia que no se circunscribe a Colombia porque, como se sabe, en otros muchos países existen minas enterradas que no se sabe dónde están y al hacer explosión se lleva una vida”.

Una exposición necesaria, pero nada complaciente.

No es un tema complaciente porque se aparta bastante del aspecto decorativo. Es una obra para llamar la atención sobre un problema que está sucediendo hoy en día y del cual no podemos estar alejados y que debemos conocer porque a nivel internacional hay un movimiento muy fuerte. Existen convenciones que prohíben este tipo de artefactos mutiladores de sueños, mutiladores de seres humanos, mutiladores de la infancia. La construcción de una de estas minas vale apenas tres dólares y la rehabilitación de cualquier persona —niño o adulto— cuesta miles de dólares. Pero no siempre podemos pensar en una recuperación física, porque cuando uno escucha los relatos de las personas que han tenido que enfrentar este tipo de situación, no se recuperan jamás de esa herida tan profunda que ha recibido en su vida.

Ud. es un artista a quien, además de los temas místicos, le ha preocupado la memoria  y, quizá, esta exposición pueda enmarcarse en esa línea.

Colombia es un país hermoso, de gente muy querida, pero que enfrenta desde hace mucho tiempo un conflicto armado y en estos momentos, como se sabe, se está intentando llegar a un acuerdo de paz. Cuando uno vive en medio de estos conflictos debido a la sucesión de acontecimientos, por la velocidad en que transcurre la vida y los sucesos, hay una tendencia al olvido. Quiebra sueños es un anclaje visual para no olvidar lo que está ocurriendo allá o en otras partes del mundo. Como artista que vivo en Colombia me siento comprometido y con mi palabra, con un gesto o con la obra hago un llamado de atención a los demás sobre este terrible problema. En Cuba la niñez es muy cuidada y considerada, pero no debemos olvidar lo que sucede en otros países no solamente latinoamericanos porque sabemos que la situación de la niñez, por ejemplo, en el Medio Oriente es dolorosa.

Los artistas, y los pintores en particular, no van a acabar con ese tipo de situación; pero, sin duda alguna, tienen la responsabilidad de poner acentos y desviar miradas.

El arte es, también, un arma no solo para complacer sino para denunciar situaciones; el arte es una herramienta para decir lo bueno y lo malo. En lo personal me he sentido comprometido con la realidad actual de Colombia, y en otros momentos he tratado otros temas. Nací en Remedios, en la provincia de Sancti Spíritus, enclavada en una zona en que la religión afrocubana tiene mucha fuerza y está presente en la cotidianidad. También el tema del viaje ha sido recurrente, pero he querido reflexionar en lo que he vivido en estos últimos años en relación con la niñez quebrada.

Quiebra sueños incluye fotografía, manipulación digital y grabado, ¿de qué manera se estructuró el discurso curatorial de la muestra?

El trabajo tiene mucho que ver con la gráfica: soy un grabador por excelencia —soy graduado del Instituto Superior de Arte en la especialidad de grabado, en Francia estudié grabado — y mi obra, aunque sea dibujo o pintura, está marcada por la línea del grabado y en este momento estoy incursionando en una especie de mezcla entre medios más contemporáneos. Quiebra sueños parte de la fotografía y la he manipulado digitalmente y, después, le he incluido técnicas tradicionales del grabado. También hay una especie de entrada al grabado por rayo láser, algo que me interesa mucho, es una técnica novedosa y que aquí, en Cuba, se desconoce; es decir, estoy mezclando de todo. La técnica es importante en tanto me permite expresar; es el medio, la vía, la herramienta: no importa lo que mezcle y utilice sino cómo me sirve para decir lo que quiero y cómo me sirve para representar en imágenes lo que deseo decir.

Imagen: La Jiribilla

Esta muestra incluye instalación…

Traje bastante obra y el curador Jorge Gómez de Mello, las especialistas Sandra Contreras, Vivian Campanioni y Chrislie Pérez, así como el poeta y ensayista Alex Fleites —quienes han participado en la organización de la muestra y que conocían mi obra con anterioridad— han realizado una selección muy rigurosa; uno siempre quiere ponerlo todo y eso no es posible, o es un error. Ellos me han ayudado a hacer una selección y aparecen imágenes de gran formato y hay, solamente, un objeto que es muy contundente y está relacionado con el tema.

Ud. es un artista que se ha destacado, también, como pedagogo y ha trabajado como docente en el Instituto Superior Pedagógico de La Habana, en el Instituto Superior de Arte y, fuera de Cuba,  en la Universidad de los Andes y  ha sido profesor de artes plásticas en el Proyecto de Educación Básica con énfasis en la educación artística de la Universidad Distrital Francisco José Caldas ¿Por qué le ha interesado consumir parte de su tiempo —que ha quitado a la obra— a la educación?     

Enseñando también uno crea. Siempre me ha gustado enseñar y, hasta el día de hoy, soy profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital Francisco José Caldas, un ente educativo muy importante en Colombia y, de hecho, es la Facultad y la Universidad de la capital. La relación con el otro, con el estudiante, es un acto creador y esta relación me interesa mucho en tanto surgen proyectos colectivos con los estudiantes y con otros profesores. Es decir, en el ámbito de la docencia uno aprende mucho: uno aprende más de lo que enseña, te mantiene vivo y te refresca mucho el estar en contacto con las nuevas generaciones; uno entrega lo que ha aprendido. Enseñar me produce mucho placer y, por eso, nunca me he alejado de la docencia.

Ud. es un artista que está constantemente participando en diversos proyectos personales y colectivos: en el año 2008 se insertó en una muestra colectiva titulada Mito y realidad, formada por artistas cubanos y colombianos y que fue vista en la Casa Simón Bolívar de la Habana colonial. ¿Por qué le intereso este proyecto de creación docente?  

Ese proyecto fue expuesto, primero, en la Quinta San Pedro Alejandrino —sede del Museo de Simón Bolívar, en Santa Marta— y luego, se trasladó a La Habana y aglutinó a un grupo de artistas que se seleccionaron por su temática, por su acercamiento en los lenguajes y porque todos, de una manera u otra, estamos cercanos a la docencia. Como vivo fuera de Cuba, Mito y realidad me dio la oportunidad de compartir con colegas cubanos y esos intercambios fueron muy interesantes y beneficiosos.

En 2005, Dos Cubas distintas fue una exposición que se vio en Coral Gables en EE.UU.

Esa fue una colectiva en la que se ofrecían diversas versiones de Cuba y que se organizó con artistas que viven en la Isla y otros que no; la muestra trataba, precisamente, de ofrecer diversas miradas en torno a un mismo fenómeno. En este 2013, y el año pasado, trabajé en un proyecto con artistas colombianos y canadienses que pertenecen a la ciudad de Quebec; era una obra de gran formato muy vinculada a la gráfica y ese tipo de intercambio me interesa porque es la manera de compartir ideas y visiones que cada uno tiene sobre el acontecer cotidiano.

Hemos hablado de su relación estrecha con el grabado: en 2001, en la sede del Taller Experimental de Gráfica de La Habana, se realizó una muestra en homenaje, justamente, a esa institución. Parece que su vínculo con el Taller no se puede romper.

Es un nexo que no puedo romper. Comencé a hacer grabado en el Taller de la Plaza de la Catedral; estando en la Escuela Nacional de Arte, tuve excelentes profesores de grabado —como Tomás Sánchez— y luego me vinculé con el Taller con José Contino y Armando Posse —dos grandes grabadores— y soy de la opinión de que el trabajo en taller lo forma a uno. Uno siente que no es tanto la escuela, sino cuando se sale del aula y comienza a trabajar en colectivo día a día y a confrontar lo que hace uno con el otro. Fue una escuela muy grande estar en el Taller de la Plaza, lo quiero mucho y le agradezco que, mientras estuve en Cuba, la mayoría de mi obra gráfica fue realizada ahí. Tengo el honor de haber sido el primer cubano que ganó un premio en la primera edición de La Joven Estampa que convocó Casa de las Américas, también en la Bienal de Noruega y en París; en fin, muchos reconocimientos se generaron en ese Taller.

Su primer premio fue en el año 1976, en el Salón Juvenil de Artes Plásticas de Cienfuegos; en 1988, fue mención en dibujo del Salón UNEAC; en 1987, mención de grabado en el Concurso 13 de marzo; fue seleccionado para la segunda Bienal de La Habana y expuso en el Museo Nacional de Bellas Artes. Su fidelidad al grabado ha sido tenaz y mantenida; sin embargo, hay quienes no lo consideran demasiado.  

Lástima de aquellos que no lo consideren, porque el grabado tiene una historia muy grande: ¡hay que ver para qué ha sido utilizado el grabado y todo lo que se puede hacer con él! Me considero muy gráfico y es el medio con el que mejor me expreso. No creo que es limitado, no creo que sea un arte menor, y hoy en día el grabado ha expandido sus fronteras. Justamente, Quiebra sueños es una muestra de esto, es decir, que uno puede mezclar otras posibilidades, otras técnicas, otros medios con el grabado. Es susceptible de ser manipulado igual que la pintura: hay muchos artistas cubanos que hacen instalaciones que tienen que ver con el grabado. Hay un desplazamiento o más bien una ruptura y el grabado no se ha quedado estancado y avanza. A nivel internacional —he tenido la oportunidad de estar en muchos talleres en distintas partes del mundo— y uno puede ver que el grabado se desarrolla como cualquiera de las otras formas visuales. Tengo el alma de grabador.

Por las características propias del grabado, el artista tiene que imaginar cómo va a quedar, finalmente, una pieza, y eso no es fácil. 

Cuando uno enfrenta las distintas técnicas del grabado —ya sea la xilografía tradicional, el grabado en metal, la calcografía—, uno maneja tantas herramientas que, a veces, sientes que estás cercano al escultor o al orfebre: para hacer la obra utilizamos metales, maderas, y tienes que tener una visión que escapa de lo bidimensional. De hecho, cuando se hace una matriz, hay que pensar que al imprimir todo va a salir al revés, y esa es una de las características del grabado; y hay que pensar en un desplazamiento espacial porque la imagen final no va a ser esta sino otra y a la inversa. Hay muchísimos artistas que han partido del grabado y luego han desarrollado una carrera como escultores o instaladores. El grabado le abre a uno muchas puertas en vez de encasillar. Mi forma de trabajar la pintura es como si enfrentara una plancha de grabado: poner, quitar, arañar, herir para ver qué pasa con el soporte porque los materiales hablan.

Memoria ritual fue una exposición importantísima que hizo algunos años y se ha dicho que “es un viaje histórico al imaginario con una mirada artística al mundo yoruba” ¿Cuál es su banco de ideas?, ¿cuál es su gaveta de imágenes?, ¿cómo selecciona los temas a la hora de enfrentar las series?

El tema de Memoria ritual lo abordé durante varios años y creo que el estar lejos de Cuba me hizo interesarme y regresar a las raíces. Cuando uno está inmerso en el medio todo se vuelve común. Por ejemplo, cuando uno está todos los días frente al mar no lo ves, pero cuando estás lejos y solo vez montañas, sueñas con el mar y lo visualizas constantemente. El haber estado rodeado de las religiones afrocubanas, se convierte en algo cotidiano y, quizá, uno no le preste atención; pero cuando se aleja, uno empieza a reflexionar. Comencé a investigar profundamente sobre el tema y la Universidad me apoyó en estos estudios e, incluso, me publicó un libro que igualmente se llama Memoria ritual y que acompañó la muestra. Ese libro incluye fotografías e imágenes, entrevistas realizadas a los sacerdotes Ifá. Fue un aprendizaje.

Ud. tuvo que hacer un estudio acucioso sobre la africanidad y sobre los orígenes de esas religiones.

Tengo que reconocer que en Colombia muchos especialistas me ayudaron a investigar sobre las religiones afrocolombianas. Hoy, en Colombia, la santería está posicionada y muchos colombianos vienen a Cuba a hacerse santo y existe un gran transitar entre las fronteras y las religiones. Aclaro: no soy un especialista en este tema y mi interés surge desde la posición de lo artístico, no como alguien que es practicante.

¿En qué otros temas ha incursionado?

En el ser, pero como ser erótico —no hablo de género sino en un sentido más abarcador—; en el tema de la emigración, que nace a partir de esa sensación de desarraigo y cuando uno no sabe exactamente dónde está. Como artista uno se va reciclando y, a veces, me aparto de un tema y luego lo retomo. En eso no hay planificación sino estados de ánimo. En este momento —y desde el arte—, siento que tengo una posición política y no se trata de enarbolar una banderita  sino que creo que es justo señalar lo que está sucediendo sin alardes de discurso. Hay que tener y hacer conciencia de lo que está sucediendo y, quizá, después venga otro tema.

Ud. lleva mucho tiempo residiendo fuera de Cuba —aunque no ha perdido el vínculo con la Isla— ¿Para qué le ha servido el contexto colombiano en el que habita y hace arte?

Me ha servido para conocer otras formas de pensar, otras formas de ver el mundo, otras visiones, otras imágenes, otras palabras, otros gestos; me ha servido, incluso, para conocer la música cubana, porque en Colombia se sabe mucho de nuestra música —¡y la adoran!—. Es un país geográficamente muy variado: hay montañas, mar, está la Sierra Nevada, es una nación muy diversa y la gente también lo es. Uno se nutre de todas esas experiencias y es un país al que quiero mucho y al que le agradezco el haberme acogido, pero soy cubano.  

¿Cómo se valora en Colombia el arte contemporáneo cubano?  

En general, el arte cubano es muy reconocido y conocido. Se valora la música, el ballet, la danza y también las artes visuales. En Colombia, se sabe valorar lo que hace Cuba en materia cultural y quieren y respetan a los artistas cubanos que están allá. En varias ediciones de la Feria de Arte de Bogotá ha participado la Galería Villa Manuela y también Galería Habana; se sigue la revista Arte por Excelencia; es decir, hay muchas relaciones en el ámbito cultural. En la Feria del Libro próxima estarán, como es habitual, distintas editoriales cubanas. Puedo afirmar que existe una relación cultural fluida entre Colombia y Cuba, y hay intercambios en el terreno del estudio de las artes y también de la medicina. Hay una relación muy interesante en varios campos.

Es muy placentero y muy estimulante constatar que artistas cubanos que no residen aquí estén viniendo y exhibiendo su obra: Ud. es un caso, pero también están, por ejemplo, Carlos Garaicoa —que hace poco hizo una muestra en Galería Habana—, o Moisés Finalé —que en este momento tiene una personal en la Galería La Acacia—, o Tomás Sánchez —que está participando en un proyecto colectivo denominado Alboroto quieto junto con otros 35 artistas...

Es muy positivo el hecho que se dé la oportunidad de que artistas que vivimos en otros lugares tengamos la posibilidad de presentar lo que hemos hecho en ese tiempo de ausencia, que se exhiba lo que hemos trabajado, lo que hemos pensado. Es vital que las puertas permanezcan siempre abiertas. Por muy lejos que uno esté, sigue siendo cubano y uno es representante del arte cubano. Uno no deja de ser cubano esté donde esté y uno se siente parte de esta cultura y de nuestro país. El arte que se genera fuera de Cuba es, indudablemente, arte cubano.

 

 

Comentarios

Me gusta haber encontrado este espacio, y comentar sobre Angel Alfaro, al respecto que no haya expuesto en cuba por 20 años no quiere decir que haya dejado de ser cubano, lastima que su obra internacional no se divulgara en tiempo......

Excelente lo que haces, Ángel! Tu obra es sólida, mágica, maravillosa.

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