Para confrontar ideas

Leslie Salgado • La Habana, Cuba

Pensar implica siempre asumir riesgos; riesgos derivados de todo proceso intelectual. Es, no obstante, un ejercicio gratificante; a veces muy al final, otras al comienzo del camino. El evento Pensamos Cuba, organizado por la sección de crítica e investigación de la Asociación Hermanos Saíz de La Habana, apuesta desde hace cuatro ediciones por asumir los retos y retribuciones del examen acucioso y consciente de la cultura cubana. Y se dice aquí cultura cubana en su acepción más abarcadora, porque como diría la doctora Graziella Pogolotti durante la inauguración de la 4ta edición del evento, “este concepto más amplio la imbrica con los grandes problemas de la sociedad en su conjunto”.

Con ese pie —no forzado— jóvenes críticos e investigadores iniciaron dos días de debates en torno a la política cultural. La mesa de diálogo Maneras de pensar el espacio institucional desde y para los jóvenes agrupó creadores a quienes ha correspondido la responsabilidad de dirigir en instituciones de la cultura. Moderada por Jaime Gómez Triana, director del programa de culturas originarias de Casa de Las Américas e integrada por Ariel Camejo, Decano de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, Indira Fajardo, Presidenta de la Brigada José Martí y Patricia Gallegos, directora de la Oficina de Creación Artística del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), esta mesa trajo al debate la función de los jóvenes no solo como ejecutores de las políticas, sino como entes creativos y creadores de nuevos sentidos de diálogo y participación, también desde lo institucional.

Al respecto, Indira Fajardo, Presidenta de la Brigada de Instructores de Arte José Martí, habló de “la falta de compromiso de muchos jóvenes, las confrontaciones generacionales, el inmovilismo que persiste en algunos de ellos, y de la necesidad de encontrar nuevos espacios de socialización donde ellos se sientan representados”.

“El joven siempre tiene la impronta de querer revolucionar y cambiar todo, y estas actitudes son dignas de aprovechar siempre y cuando estén fundamentadas con bases sólidas”, añadió.

Esta primera mesa dejó entrever las preocupaciones generacionales en relación con la integración de prácticas y saberes en el ámbito de la cultura, una necesidad para no repetir errores y aprovechar las mejores experiencias, todo desde la práctica más consciente y transformadora.

Las ideas que movieron este análisis dieron continuidad, quizás sin proponérselo, a una invitación que hacía la doctora Pogolotti durante la mañana del 13 de abril. La intelectual recordó que “debemos resolver el problema de la participación, convocar a que la gente participe en cada sector de la sociedad y contribuya a repensarlo todo. Pero el avance hacia una participación no se resuelve con un decreto, sino estimulando la capacidad de diálogo de cada quien, su capacidad de pensar, de discutir, de reflexionar y aportar en su propio ámbito”.

El terreno de la universidad, la realización audiovisual y el espacio educativo del arte fueron también analizados desde esa óptica. Más que respuestas, el diálogo generó preguntas sobre el papel de los jóvenes en el espacio institucional. La mesa abrió el camino para varias interrogantes críticas: ¿cuál es el papel de la institución cultural en el actual contexto de transformaciones que vive Cuba? ¿Sobre qué bases se sostiene la relación artista-institución hoy? ¿Es posible sostener la institución con las mismas características que décadas atrás? Los dilemas asociados a estas cuestiones constituyen retos, no solo para lo institucional como espacio, sino también para artistas e investigadores que van rediseñando también las formas de comunicarse con las instituciones que siempre los representaron, y que en momentos determinantes tuvieron una incidencia directa en el carácter de sus obras. De cualquier manera, la necesidad de un diálogo basado en nuevos presupuestos afloró como un elemento medular a tener en cuenta en esas reconfiguraciones. El imperativo de, no solo repensar la institución, sino su necesidad de su permanencia volvió una y otra vez durante la cuarta edición de Pensamos Cuba. Samuel Hernández Dominicis, subdirector del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales recordó que a pesar de la debilitación de las instituciones muchos artistas continúan buscándola “porque es necesaria para legitimar y jerarquizar”.

Del cambio de mentalidad y la economía de la cultura

Si bien la mesa del sábado en la mañana se convocó bajo el título de Consumo cultural y nuevas formas de circulación artística, el debate derivó hacia el análisis de la economía de la cultura, motivado, en lo fundamental, por la intervención del subdirector de la Casa discográfica y editora musical Colibrí, Johannes Abreu Asín quien defendió el emprendimiento como forma de asumir la producción artística, aunque —recordó— para algunos artistas y proyectos siempre será necesaria la subvención. Las formas cooperativas de producción aplicadas al contexto de la creación artística también fueron motivo de debate, no solo desde el panel, sino también desde el público que se hizo preguntas sobre la posibilidad de hacer sostenible la cultura y a la vez mantener la defensa del  proyecto cultural cubano.

El tema de la sostenibilidad de cultura, había ocupado protagonismo desde el primer día de sesión cuando Graziella Pogolotti ubicó ese debate dentro de uno mayor: el de la construcción de un modelo económico eficiente y capaz de proporcionar prosperidad a los hombres y mujeres que habitan este archipiélago. “Para que nuestra economía despegue definitivamente habrá que pensar esquemas de funcionamiento, contar con los sujetos que empujen la carreta, de lo contrario será imposible avanzar; mas deben ser sujetos que conduzcan la carreta de manera consciente, sabiendo por qué y para qué lo hacen. Y la existencia de un sujeto consciente depende, en gran medida, de la cultura, de los valores que cada ser humano exprese y defienda. Por eso se coloca siempre en el centro del ser humano y de la sociedad”.

La mesa coincidió en que las maneras del consumo han ido mutando a formas más asociadas al espacio digital donde los públicos se configuran sus propias agendas en función de intereses personales, gremiales o de generación. Las conexiones entre creación artística, producción y consumo en esas circunstancias marcaron el diálogo que puso sobre la mesa algunos hechos innegables: la existencia de numerosas vías de jerarquización, que no están necesariamente ligadas a la política cultural del país así como la necesidad de “tomar” todos los espacios comunicacionales posibles para colocar en los primeros lugares la agenda de la cultura antihegemónica y crítica.

Las transformaciones que se dan en ese terreno van cambiando a los públicos y con ello deben renovarse también las formas de llevar a ellos los mejores valores de la cultura, quizá por eso la Maestra de Juventudes recordara que “los cambios en la sociedad plantean desafíos a los escritores, artistas e investigadores y es imperativo preguntarse ¿quién es el interlocutor de mi obra, quién es el destinatario de mi obra?”

Los debates iniciales tuvieron total coherencia con las mesas Política cultural y Espacio digital y El aquí y el ahora. Creación artística en la Cuba de hoy que tuvieron lugar en la tarde del sábado. El imperativo de trazar estrategias comunicativas diseñadas especialmente para el espacio virtual, con acciones que trasciendan la creación de sitios webs salió a la luz cuando artistas, investigadores y periodistas se prestaron a reflexionar sobre la presencia del hecho cultural en Internet. El proyecto Claustrofobias, coordinado por el joven escritor santiaguero Yunier Riquenes fue compartido por el foro como ejemplo de esas acciones que se emprenden desde la capacidad de emprendimiento de los jóvenes creadores. Dese el público, Rafael de la Osa, director de Cubarte, explicó algunos de los que ha generado ese medio, y que trasciende la información periodística en la web. De la Osa mencionó la necesidad de producir catálogos en línea, dvd’s y otros productos culturales que eleven el valor de la presencia de la cultura cubana en la red.

Cuando estaba casi a punto de cerrar el encuentro la mesa El aquí y el ahora. Creación artística en la Cuba de hoy, funcionó como especie de resumen de todo cuanto se había discutido durante las dos jornadas. La necesidad de un cambio de mentalidad afloró nuevamente y los jóvenes artistas recordaron las palabras de Graziella Pogolotti al iniciar el evento: “¿Qué hay que cambiar? Eso es lo primero que habría que definir, y es muy difícil, porque quienes pretenden que se produzca un cambio de mentalidad deben empezar por cambiar la suya. Ello exige un ejercicio de la crítica y la autocrítica, es decir, interrogarse constantemente: ¿qué estoy haciendo en estos momentos? ¿Estoy siguiendo una actitud rutinaria o desempeñando el papel que me toca? ¿Y cuál es ese papel: cumplir más o menos la tarea que me asignan sin analizar el porqué y el para qué, o considerarme un auténtico participante?”

Desde la participación, la confrontación de ideas, el formar, tener y tomar parte, se discutió y creó en Pensamos Cuba. Diez jóvenes diseñadores pusieron sus obras a diálogo con el público en la galería Antonia Eiriz de la Casa del Joven Creador La Madriguera. Como los habían hecho otros desde la investigación y el debate, ellos reflejaron, desde su espacio creativo, la nación añorada.

 

En su IV edición, Pensamos Cuba se reafirmó como un evento necesario dentro del espectro de espacios de discusión intelectual.

Comentarios

Seria de interes para los lectores que se publicara de forma integra la intevencion de la Dra. Graziella Pogoloti en este evento. Gracias por su atencion a esta solicitud. Un saludo fraterno

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