Una figura insustituible

Abel Prieto Jiménez • La Habana, Cuba

Es una pérdida incalculable. La presencia de Alfredo en la cultura cubana fue permanente y fue decisiva, sobre todo, en la defensa de la política cultural que fundó Fidel con las “Palabras a los Intelectuales”: una política cultural antisectaria, inclusiva, abierta al arte crítico. Fomentó un arte de reflexión, evitando las tentaciones de la propaganda, enfrentando las tendencias de promover el realismo socialista entre nosotros.

Alfredo fue un polemista siempre en defensa de lo más puro, de las ideas revolucionarias, de las ideas de Fidel y Raúl, y de las ideas de esa política cultural.

Perdemos uno de esos fundadores esenciales, un pilar de la cultura nuestra, una figura insustituible.

Imagen: La Jiribilla

Deja una obra verdaderamente excepcional no solo en libros, no solo en su respaldo al cine cubano y latinoamericano, no solo en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico y en la Casa del Festival, sino en su ejemplo de persona consecuente. Fue una persona extremadamente consecuente, siempre apegado a sus principios, a los principios de la Revolución y a los de una cultura descolonizada, anticolonial y antimperialista.

Es de esas figuras que va a ser difícil que encontremos un sustituto para ella. Una figura que, al mismo tiempo, estaba muy volcada hacia los jóvenes, hacia el diálogo; que no se dejó nunca envejecer. Con un diálogo no paternalista, donde todos los interlocutores estaban aprendiendo permanentemente.

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