Arabescos mentales (Selección)

Marginal

Tuvo el Emperador romano alguna

aberración senil consoladora,

sueños como cambiantes de la luna,

ansias como celajes de la aurora.

Tuvo el Emperador nefasto y grave

sed de púrpura viva y de matanza

bajo la exquisitez de su suave

instinto de venganza.

No desdeñó del crimen la aureola,

ni la embriaguez insana de la orgía:

la trágica poesía

le envolvió con la espuma de su ola.

En Tróyada, buscó la luz del genio

con sus dáctilos, negros de neurosis;

y mostrase gallardo en el proscenio

bajo la apoteosis.

Tuvo por su cuadriga los espasmos

de un paladión mancebo,

y bullían en íntimos orgasmos

por sus venas, las iras de un efebo.

Tuvo el Emperador pravo una lente

tallada en una límpida esmeralda;

y, al través de su velo transparente,

vio del Circo esplendor chorros de gualda.

Y allí humeante la sangre del reciario

fue, al trasluz de las débiles facetas,

como en un cementerio solitario

misteriosa llovizna de violetas.

Febrero 1906                                                        

 

Funerales de Hernando de Soto

Bajo el lábaro umbrío de una noche silente

que empenachan con luces las estrellas brillantes,

el Misisipí remeda un gran duelo inclemente

al arrastrar sus aguas mudas y agonizantes.

De los anchos bateles un navegar se siente;

brota indecisa hilera de hachones humeante,

y avanza por la linfa como un montón viviente

aquel sepelio extraño sin cruces ni cantantes.

Hace alto el cortejo. Se embisten las gabarras;

al coruscar las teas los rostros se iluminan

y fulgen las corazas que el séquito alto lleva.

Cien lanzas cabecean. Echa el cocle sus garras.

Y entre las olas turbias que a trechos se fulminan

el féretro se hunde y la oración se eleva.

9 agosto 1907                                                      

 

Los robles caen

(Parábola de la Vida y de la Muerte)

Recorren la Horas con rítmico paso su senda invisible

y trozan los robles proceros con hacha intangible.

Es su ronda constante y profícua: la obra no cesa.

Los robles más viejos no encaran su curso. La espesa

trabazón de las ramas se aclara a los golpes fugaces

y ruedan los troncos vetustos en haces…

Se atristan los bosques al tajo de luz providente;

inmaturo viandante desoye el crujir inminente,

no el que arrugas ostenta, pues este no ignora

que una Hora es la vida y la Muerte otra Hora.

Que prosiga la rítmica ronda su lucha intangible

y que aterren los robles al golpe invisible.

Es la obra fecunda del Caos. Es el alma del Evo

que por cada árbol seco desdobla un renuevo…

La selva se irisa. La sombra decrece;

Pero viene la savia impetuosa y la selva verdece.

Que caigan y emerjan los robles. Es ley impasible de vida.

Restañemos la sangre que arroja la herida

y a la vez es preciso llegar a la faz del otoño

con un himno en los labios para bien del surgente retoño.

Van las Horas con rítmico paso: su ronda invisible

cercena los robles con hacha intangible.

29 marzo 1912                                                   

 

Aguaza

Para José Manuel Poveda.

Hiende el berilo una gaviota

con reverberación de plata,

y sobre el mar vibra la nota

de un foque gris que se desata.

La ventolera ruda azota,

el horizonte se dilata,

un penacho de humo brota

y la baliza es una oblata.

En la imbricada superficie

no hay color viril que oficie

ante el altar de Helios fulgente.

Que su cinábrica rodela

en el marino nácar riela

cinematográficamente…

12 diciembre 1911                                              

 

En la bahía

Prima noche: anchurosa se distiende

ante mí la dalmática del cielo,

y pone un tinte de ventura y duelo

en cada albino luminar que enciende.

Su incólume silencio al mar extiende

dominando en la ola y en el vuelo

con un grisáceo tremolar de velo

y una antífona lúgubre de duende…

Sobre la mansa superficie rueda

cual cintilante vibración de seda

un reguero de luces tornasoles.

Y es que del mar en el rugoso velo

Palpitando invertido está otro cielo

Cuajado de archipiélagos de soles.

25 julio 1911                                                    

 

Sobre el mar

Perla, ópalo y gris: la madrugada

—dijérase sibila triunfadora—

anuncia el rojo de la vieja aurora

con una urente brisa fatigada.

Traman feble batista opalizada

el mar y el cielo. La ilusión traidora

del horizonte la esfumó la hora

con la luz de su red eterizada.

Sobre la inmóvil linfa avanza el bote;

surge por barlovento rudo islote

que cual negra amenaza se distingue.

Y es en su torso la unidad del faro

—cíclope a quien devora el desamparo—

un rubí que se enciende y que se extingue.

25 julio 1911                

                                       

Ignición crepuscular

La tarde era una aurora; el sol poniente

incendio, entre las lindes del ocaso.

Rojas nubes amantes a su paso

le besaban con ósculo fulgente.

Hacían mar y cielo un ascua ingente;

y, fingiendo montículos de raso

purpurino, el oleaje en giro laso

tremía como el chorro de una fuente.

El éter, todo sangre, en el misterio

de sus llamas de luz, dejó un instante

brotar del horizonte inquieto grumo.

Mientras, cual un giboso megaterio,

paseaba ante el incendio centelleante

un barco errátil su melena de humo.

12 septiembre 1906                                            

 

Poniente

Ocres, bermellones, pardos y cenizas;

entre la hojarasca se enreda el ocaso;

el ramaje cuelga compungido y laso

hecho por los cirrus acromadas trizas.

Como el ojo horrendo de un borracho flota

la ignición sanguina que forja el poniente;

y en los grumos abre su albo lis tremente

un arco voltaico con lumbre remota.

Es espejo el río sobre el que se efunden

todas las tristezas santas de la tarde,

y donde las nieblas con la luz se funden

tras el alma occidua de expirante rayo…

Y en las broncas nubes se diría que arde

con trágicos iris la sombra de Guayo!

10 enero 1911                                              

 

En la magia del crepúsculo

Desde el balcón ruinoso de barandal antiguo

que como boca horrible del muro se contrae,

miro con ojos tardos hacia el vergel contiguo

en donde el viento airado las pompas verdes rae.

En el confín borroso, un horizonte ambiguo

de mar y de montaña, glaucos remedos trae,

cuando el crisol de ocaso vierte su chorro exiguo

de púrpura encendida que en el paisaje cae.

Mis sueños de conquistas morales y preseas

me acusan de cobarde; me execran mis ideas;

la soledad me arrulla con su mordiente dejo.

Imagen de mi vida de solitario, un triste

y añoso cocotero llora, reza y asiste

al gran sepelio gualda con manto de oro viejo.

10 diciembre 1906       

 

Selección de poemas incluidos en Arabescos mentales.
Regino E. Boti: (Guantánamo, 18 de febrero de 1878- 5 de agosto de 1958). Cursó la primera enseñanza en su pueblo natal. Entre 1895 y 1898 residió en Barcelona, enviado por su familia para que continuara sus estudios. En 1900 fue nombrado ayudante interino de una escuela de varones de Guantánamo, de la que más tarde ocupó la dirección. Ejerció el magisterio en las escuelas públicas hasta el año 1906, en que fue declarado cesante. En 1907 fue cofundador, en Guantánamo, del Partido Conservador Nacional, cuya presidencia llegó a ocupar años más tarde (1920-1922). De 1907 a 1908 trabajó como profesor en colegios privados y dirigió la Escuela Nocturna Municipal. Durante varios años desempeñó la secretaría de la Junta Municipal Electoral de Guantánamo (1908-1917). En 1911 se graduó de maestro público. Obtuvo el título de Bachiller en 1913. Ese mismo año fue presidente de la Sociedad de Conferencias de Guantánamo. Se graduó de Doctor en Derecho Civil en la Universidad de La Habana (1917) y más tarde obtuvo el título de Notario Público (1918). Ejerció la carrera notarial y fue profesor de gramática y literatura en el Instituto de Segunda Enseñanza de Guantánamo. Fue delegado a la Segunda Conferencia Americana de Cooperación Intelectual (1941). En 1942 se graduó de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Dirigió El Resumen. Fue colaborador en Oriente, El Pensil, Oriente Literario, Renacimiento, El Cubano Libre, Orto, Luz, El Estudiante, Cuba y América, El Tiempo, Cuba Contemporánea, Revista de Avance, Letras, El Fígaro, Bohemia, La Ilustración, Universal, Diario de la Marina, Revista Bimestre Cubana, El Mundo. Fue miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba, de la Academia Cubana de la Lengua y de la Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz. Se dedicó al estudio de la métrica y publicó obras desconocidas de Rubén Darío. También escribió ensayos. Compiló cantos populares cubanos, recogidos en La lira cubana (4ª ed., Imp. La Imperial, Guantánamo, 1919). Con José Manuel Poveda y Agustín Acosta forma el trío de poetas que produjeron el primer renacimiento lírico en la República.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato