23 de abril: Día del idioma

La lengua como patria

Nancy Morejón • La Habana, Cuba

Estimado Sr. Pablo Platas, Consejero Cultural de la Embajada de España,

Estimado Dr. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana,

Distinguidos invitados,

Queridos académicos,

Estimados  amigos:

Presente ya entre nosotros la esperada primavera de todos los años, reconocemos en abril no solo un mes de tránsito que nos convida a disfrutar de estos primeros aires sino que nos trae, en su última semana, la alegría de atender y reflexionar sobre una fecha, el 23, día en que la humanidad conmemora un año más de la muerte del insigne Don Miguel de Cervantes Saavedra, creador del célebre hidalgo Don Quijote, nacido en un lugar de La Mancha, hace algo más de cuatro siglos. En este parquecito que los habaneros llamamos, el de San Juan de Dios, se yergue la más emblemática estatua que tiene Cervantes en la Isla.  Fue Eusebio Leal quien relató al gran poeta camagüeyano la historia del hermoso monumento “instalado el 1º. de noviembre de 1908”  cuyo autor fuera “el escultor italiano Carlos Nicolini”, precisa Nicolás Guillén en crónica no recogida aún en su prosa periodística1.

Para la gran escritora María Teresa León cuyo natalicio, por cierto, está llegando a sus 110 abriles durante este 2013, fue Cervantes, “el soldado que nos enseñó a hablar”.  Por otra parte,  “el ilustre manchego”, encarcelado y pobre como fue, sobreponiéndose a toda suerte de calamidades, supo legarnos a través de su vida azarosa, uno de los idiomas más ricos del planeta y más frecuentado por eso que hoy conocemos bajo el nombre de modernidad.

Las lecciones del Quijote y su escudero Sancho Panza, un indestructible binomio de trascendencia universal, integran ese imaginario popular que se ha perfilado como el más exquisito signo de justa permanencia y, a la vez, de signo imborrable de esta civilización de raíz hispana que nos conforma, nos confirma y nos alienta hacia un porvenir que, si bien marcado por una incuestionable diversidad cultural, nos permite comunicarnos en un idioma construido junto a las dos orillas de un mismo océano, vivo, enriquecido y vuelto a visitar por los numerosos acentos provenientes de América y de la propia España.  

Para Ambrosio Fornet la tríada lengua-nación-literatura2 es todavía, ya avanzados  los albores del siglo XXI, una carga (¿) que determina su uso y su diversa permanencia en el universo de los hispanoparlantes cuya cifra, en 1999, recién ingresada yo como miembro de número en la Academia Cubana de la Lengua, bordeando el final del siglo pasado, ascendía al número de 320 millones y en nuestros días alcanzó a la de 400 incluido ese mundo en creciente expansión que resulta ser el territorio de los EE.UU. Así, en mi discurso de ingreso3, reclamaba la conciencia que para este tema nos inculcaba el uruguayo Mario Benedetti cuando avizoraba que: “Hoy que el castellano ha pasado a ser la tercera lengua a escala mundial, ya que la hablan (aunque no siempre la leen o la escriben) unos 320 millones de seres humanos, la palabra, en lo que tiene de lenguaje, de signo y de medio comunicante, nos vincula a todos, y sobre todo vincula a nuestros pueblos, al permitirnos compartir un territorio que todos contribuimos a expandir: la lengua”4.

La nuestra es algo vivo, cambiante, su código es el más entramado que pueda encontrarse entre las lenguas romances habladas y escritas de nuestro hemisferio.  Esa lengua materna, riquísima fuente de comunicación, o tal vez una suerte de patria, ¿por qué no?, es la posibilidad real de entendernos todos a toda hora —desde los tiempos medievales hasta los de una ascendente globalización en nuestra época—  pues como descubriera para críticos y lectores de nuestro continente el autor de Montevideanos, la lengua española en su condición altamente comunicadora “representa un privilegio del que es importante estar conscientes”5.

Al velar por su más rigurosa enseñanza, por cuidar el tesoro de su expresión oral, bien sabemos que somos una Academia que se mira en su esplendor reconociéndose como su hija legítima, mientras la observa, la estudia, la registra y la fija cuando enarbolamos como divisa la voluntad irreversible de reconocer que solo el pueblo la crea, la pule, la recrea y la hace suya.

Muchas gracias

Feliz Día del Idioma

Palabras en el acto conmemorativo del Día del Idioma. La Habana Vieja, 21 de abril de 2013.   
 
 
Notas:
1. Ver Nicolás Guillén: “El Quijote en La Habana”, en El Mundo, Medellín [Colombia], 1981
2. Ver Ambrosio Fornet: ‘’Variaciones”, en Narrar la nación, La Habana, ed. Letras Cubanas, 2009,  271-72
3.Nancy Morejón: España en Nicolás Guillén.  Discurso de ingreso a la Academia Cubana de la Lengua.  Dibujo de la cubierta de la autora.  La Habana, ed. Unión, col. Vagabundo del Alba, 2005
4.Ver Mario Benedetti: “La realidad y la palabra”, en El ejercicio del criterio. (Obra crítica 1950-1994). Madrid, ed. Seix-Barral, 1996, p. 113
5. Mario Benedetti: op. cit., p. 114 

 

 

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