Se presenta el último libro de Alfredo Guevara

Dialogar desde la Revolución

Paula Companioni • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

“Soy un joven que una bruja ha metido en un cuerpo viejo; yo soy joven y ser joven es ser revolucionario, ser revolucionador de la realidad” advertía Alfredo Guevara desde una antigua entrevista con la cual se inició, en el Salón de Mayo de la sede de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la presentación de Dialogar, dialogar (escuchar, enseñar, afirmar, aprender), último libro preparado por el fundador del cine cubano y latinoamericano, quien dedicó su vida a potenciar el pensamiento creador.

A la presentación —realizada en una sala colmada de seguidores de la obra de Alfredo Guevara— asistieron el escritor Abel Prieto, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros; el poeta y ensayista Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; el narrador y crítico literario Eduardo Heras León; familiares del Presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano; así como otros intelectuales y artistas amigos.

Dialogar, dialogar…. es una compilación de diversos encuentros sostenidos por Guevara, durante la última década, con jóvenes intelectuales, alumnos y profesores en distintos centros de estudios del país, y animados por una razón fundamental: comunicarse con la juventud para debatir con ella significados, sentidos, problemas y alternativas sobre la hora actual de Cuba.

Según los editores, este texto “se trata de colocar todas las verdades en el territorio de la crítica, entendida como recurso revolucionario, y comprender la Revolución como un espacio social donde la filosofía se hace política, donde se piensa y se actúa para conquistar […] toda la libertad, toda la justicia y toda la belleza”. 

Comentado por el escritor y político Ricardo Alarcón, el historiador y pedagogo Eduardo Torres Cuevas, el filósofo y ensayista Fernando Martínez Heredia, y los directivos de la AHS, Luis Morlote y Jaime Gómez Triana, este texto funge —según Gómez Triana— como una actualización y construcción de las ideas de Guevara pero no hechas para los jóvenes, sino con los jóvenes, a quienes invita a dialogar con el presente para construir el futuro.

“Cuando lo conocí, me encanté y dije: ‘he conocido a un comunista cubano’. Eso es fundamental, ser tan comunista como cubano”, recordó Martínez Heredia, quien más adelante añadió: “…decir que era muy joven no es un lugar común ni una figura retórica, es que él era muy joven en el sentido pleno revolucionario. Hay varios Alfredos en nuestra Revolución. Fue capaz de vivir en medio de las cosas más extraordinarias del siglo XX sin avergonzarse de nada, y sin convertirse en un vanidoso ni en un enamorado de sí mismo. Tenía una fidelidad a toda prueba con la Revolución socialista”.

Eduardo Torres Cuevas, por su parte, aseveró que Guevara tenía “la juventud permanente como ideal del revolucionario”, pues su angustia mayor “eran los retos de estos tiempos, a la que daba la respuesta de tener una fe en los jóvenes, llevándoles el campo de toda la riqueza espiritual a sus ideas”.

“Alfredo entendió —continuó Torres Cuevas— que no hay Revolución sin cultura, que es imprescindible llevar en sí mismo la capacidad de transformación de todo lo que tiene que ser cambiado”.

La presentación del texto, apuntó Gómez Triana, estaba prevista para el pasado 19 de abril (fecha en que falleció), en el mismo Salón de Mayo, para homenajear al Día de la Victoria con un libro hecho no solo para los jóvenes, sino también para las mujeres y hombres de su generación, y dando un ejemplo de cómo hay que dialogar para conseguir la transformación de la realidad.

El también miembro del Buró Político Ricardo Alarcón recordó cómo junto con Guevara meditaba “a dúo sobre lo humano y lo divino, una y otra vez, sobre el hermoso proceso del que ambos fuimos parte”, y pidió a los jóvenes no confundirse, “pues Alfredo vive y vivirá mientras ustedes quieran que viva”. 

Con su habitual agudeza Fernando Martínez Heredia advirtió que “los más adultos tenemos la responsabilidad de suplirlo hasta que mueran. Los jóvenes tienen un gravísimo problema: parecerse a Alfredo Guevara, lo cual es dificilísimo”. 

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