Los títeres de Lili cumplen 60 años

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

Me encanta el cine que incluye al teatro de títeres. Sus múltiples posibilidades artísticas señorean en las películas donde son invitados; y es que los fantoches son actores muy singulares. Pienso en filmes tan exitosos como El cristal oscuro y Laberinto, del maestro Jim Henson; en los populares personajes de este mismo creador presentes en Los Muppets en Cuento de Navidad, divertida versión de la conocida novela de Charles Dickens. Los muñecos siempre proponen un mundo mágico, donde todo puede suceder. En Paso de ti, el intérprete principal sueña montar Drácula con títeres y música. Team América, está hecha en su totalidad con marionetas de hilos, acompañadas de una fuerte crítica al sistema policial norteamericano. El castor, con Mel Gibson, donde un hombre obsesionado con un títere de guante que ha encontrado en la basura, canaliza sus problemas y frustraciones personales. Dolls, un filme de terror donde dos ancianos tienen una colección de muñecas asesinas. Una mención especial merece El maestro de marionetas, cinta que narra la vida de un maestro titiritero en los principios del siglo XX, en Taiwán. Sueño de una noche de verano o La mano, creaciones magistrales del  cineasta y animador checo Jiri Trnka. Alicia, Don Juan, Punch y Judy, obras de exquisita animación, dirigidas por Jan Svanmajer. La inolvidable secuencia donde los niños de Fanny y Alexander, de Bergman, juegan con un teatrito de papel. En fin, existe una larga lista de títulos donde el milenario género deja a todos encantados con el misterioso atractivo de los muñecos.

Imagen: La Jiribilla
Fanny y Alexander

 

Este año, se cumple el 60 aniversario de estrenada la película Lili, cinta norteamericana dirigida en 1953 por Charles Walters. Una jovencísima Leslie Caron y el actor Mel Ferrer protagonizan el elenco, junto con otros artistas. Algunos amigos, conocedores de mi especial predilección por la manifestación titiritera, al enterarse de la proyección del filme en La Habana, me dijeron: “Están pasando una película en la cinemateca que no te debes perder”. Y allá me fui. Transcurría la década del 80, todavía no tenía acceso a buscadores en Internet, ni al diccionario Encarta si no, de seguro, hubiera ido a ver el filme con más conocimiento de causa. Fue mejor así, porque asistí a la sala de la calle 23 con la inocencia de quien llega a un encuentro a ciegas.

Al apreciarla, pensé primero que se trataba de una película de amor, pues la protagonista siente una fuerte pasión por el ilusionista de una compañía trashumante de variedades. Luego noté que era una película con algo de cursi, la joven muchacha enamorada es huérfana, pobre y sin casa, la despiden de la compañía de variedades, el ilusionista no la ama, y ella intenta suicidarse, todas las desgracias juntas. La feria en que se desarrolla la historia muestra, mediante canciones y coreografías, los matices sociales y espirituales del mundo en que vivimos. Entonces, aparecen los títeres, únicos amigos que encuentra Lili para desahogar sus penas. Donde estén ellos la cosa siempre toma otro cariz; pues drama e ironía suelen convivir a partes iguales en estos seres extraordinarios. Al salir de la exhibición, algunos compañeros míos expresaron su parecer abiertamente, que si era muy almibarada, que si un poco ñoña, que ella, la mismísima Leslie Caron, no era tan bonita, que los muñecos son solo asunto de niños, en fin, toda una sarta de comentarios críticos que dejaban muy mal parada a la cinta. Al final, todos nos fuimos tarareando insistentemente la melodía “Hi Lili Hi lo”, la pegajosa canción que supone el amor que finalmente unirá a la muchacha con el dueño del retablo (Mel Ferrer), un titiritero regañón y paralítico que en otro tiempo había sido bailarín.

Imagen: La Jiribilla

Han pasado unos cuantos años y todavía recuerdo la película. Me hizo que amara y admirara más el teatro de títeres. Me siento feliz por mi predilección hacia este arte. Pasado el tiempo, admito que tal vez era un poco dulzona y lacrimosa ¿Y qué? ¿Quién no ha llorado y sufrido por un amor imposible? Me quedo con el encanto entrañable de las figuras de papel, tela y cartón. Con el diálogo ingenuo que se establece entre los muñecos y la tierna y soñadora chica llamada Lili, con su confianza en ellos, tan parecida a la mía, que siempre creo que están vivos.

Ratifico, en el 60 cumpleaños de Lili, que me encantan las películas con títeres o sobre ellos, las coreografías, las obras de teatro, las composiciones, los libros, las pinturas, todas las artes que contengan el secreto de esos seres míticos y enigmáticos, entes que en miniatura o a gran escala, son el álter ego de las mujeres y los hombres, metáforas infinitas de la existencia humana.

Comentarios

Que ganas de verla después de tantos años en los que me llevaba mi padre.

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