Eusebio Leal: “La belleza es tan importante
para la vida como el pan”

Magda Resik Aguirre • La Habana, Cuba

Corre el año 2013 y a la altura de abril, las obras de restauración en el Centro Histórico habanero concitan más de lo usual la atención de pobladores y forasteros. En las calles principales del nombrado “Kilómetro de oro” no pasa inadvertido el revuelo de maquinarias pesadas, adoquines levantados, zanjas que dejan a la vista el antiguo soterrado que conduce las principales redes de la Habana Vieja.

Algo parecido sucede en la línea de la Avenida del Puerto, donde las grúas que desmontan viejos espigones, los hombres desmantelando lo inservible de añejas edificaciones portuarias con el fin de rehabilitarlas y obras de nueva ejecución, despiertan interrogantes.

Para el Historiador de la Ciudad, líder del proyecto de rehabilitación de este territorio declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, en medio de la debacle puede leerse la imagen del mañana. Las obras de hoy, serán de alto beneficio para los pobladores de la zona, y los viajeros que nos visiten encontrarán en la bahía habanera un espacio de confluencia histórico-cultural admirable.

“Son obras un poco inusuales —asegura Eusebio Leal— y hasta pueden causar algunas molestias al público, como es el tema de la introducción de modernas redes en el Centro Histórico. Es una obra necesaria, importantísima. No se pudo hacer en otro momento; se está haciendo ahora en una admirable concertación entre diversos organismos del Estado, como los encargados del suministro eléctrico, el gas, el agua, la fibra óptica, la telefonía... Y todo eso se está haciendo abriendo un solo canal bajo el nivel de las calles, lo cual supone que hemos tenido roturas serias en sitios como la Plaza de San Francisco de Asís y la Plaza Vieja, que parecían escenarios ya concluidos. Sin embargo, siempre nos quedaba la nostalgia de que el mejoramiento y la mejoría de las redes soterradas —por lo que se ha de empezar siempre, lo invisible de la restauración—, no se había ejecutado.

“Hay que decir con franqueza que era una inversión económica muy fuerte. Y el Estado ha estado en condiciones de acometer esa obra ahora, percatándonos todos, y la dirección del país especialmente, de la necesidad de hacerlo, teniendo en cuenta que el pasado año se evidenciaron fallas muy graves en ese sistema.

La Habana Vieja se convirtió resueltamente en un gran parque nacional, y esas redes nos garantizan contra los apagones, la insufrible escasez de agua —a veces el agua que entraba por las cañerías se perdía en gran medida por las roturas en la red de distribución, algo que  ahora se ha podido comprobar. 

“Cuando se abre, vemos el estado de deterioro de cañerías que corresponden algunas al siglo XIX y otras muy a comienzos del siglo pasado. Es una obra colosal. A esto se une el enmascaramiento y reparación del Sifón de La Habana, para el desagüe de los albañales de la ciudad, conocido hoy como el “Cubo de vidrio” de la Avenida del Puerto, realizado por la Oficina, de conjunto con Aguas de La Habana y con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional, y otras entidades del país.

Hallamos un antecedente en el gran trabajo de redes soterradas que concluyó en la línea del Malecón tradicional.

Eso fue lo primero. La iluminación todavía padece, porque cuando se realiza una obra de gran envergadura y que supone una gran mejoría a largo plazo, como la emprendida en el Malecón —en la cual se trabajó todo el año 2012  y ya quedó concluida hasta El Prado—  surgen nuevos problemas. Al conectar el agua y el gas, ahora con más fuerza, a las casas donde las tuberías han envejecido, se producen entonces inesperadas roturas, cambios, todo lo cual obliga a nuevas obras de carácter interior en las que avanzamos hoy. Pero ya por lo menos se está realizando algo que es un trabajo que apunta al futuro de la ciudad y al futuro del Centro Histórico.

En la línea del Malecón puede leerse hoy todo un discurso gráfico de la restauración emprendida por la Oficina del Historiador.

Efectivamente, allá estamos, incidiendo en los grandes monumentos de la ciudad; en el monumento al Mayor General Calixto García, en el de las víctimas del crucero acorazado Maine, en el consagrado al General Henry Reeve, en el dedicado a Antonio Maceo...

Aquí, en la Avenida San Pedro, en el interior de la Avenida del Puerto, se está trabajando, primero, en los grandes edificios de la Aduana; en lo que será el nuevo embarcadero de las lanchas de Regla; se vienen destruyendo, con el apoyo del Ministerio de Transporte y de otros organismos, los viejos e inservibles espigones y colocando los espigones nuevos; se viene haciendo una labor de remozamiento de la Alameda de Paula y de todos los edificios de su entorno; se viene terminando la nueva fábrica de cerveza y restaurante en el antiguo almacén de la madera y el tabaco, por donde se embarcaban estos productos siglos atrás, lo cual aviva allí una zona de recreación y de paseo de gran envergadura para los habaneros.

Muy cerca están los antiguos almacenes San José, que de por sí atraen a una cantidad tremenda de paseantes y visitantes, a veces no para comprar sino por el placer de ver las mercancías artesanales que vienen de toda Cuba.

¿Qué futuro se proyecta para el puerto habanero si pensamos en toda esta obra que está realizando la Oficina del Historiador de conjunto con importantes organismos e instituciones del país?

Ese destino está marcado por la inmensa, hermosa y gran obra que se está realizando en el Mariel, una inversión extraordinaria para Cuba. Los que hemos tenido la posibilidad de pasar no ya solo por el Mariel sino por la autopista que nos lleva a Pinar del Río, vemos el paso del ferrocarril, las nuevas carreteras y caminos. 

La consecuencia más importante de lo que está sucediendo en el Mariel, es la liberación del puerto de La Habana como un puerto comercial y el establecimiento de su carácter como puerto turístico. Ello mejorará sustancialmente la calidad del agua de la Bahía de La Habana y contribuirá a la restauración de todo el entorno. 

Previamente, siguiendo el plan preestablecido, estamos trabajando en el antiguo Castillo de Atarés. Se viene desmontando de aroma y marabú arbóreo toda la colina, la antigua loma, y sobre el altozano estamos haciendo demoliciones de todo cuanto de ajeno a la imagen original, se construyó a lo largo de los años en el Castillo, que es un mirador privilegiado de la capital. 

A todo esto se suma la participación de la Oficina del Historiador en la restauración del Cristo de La Habana...

Esa imagen concebida por Jilma Madera, levantada en 1958 con mármol blanco de Carrara y que bendice a la ciudad, también ha sido recuperada.  Con la presencia reciente en La Habana de buques-escuela de otros países, de naves que han llegado en visita amistosa, de cruceros...  las personas se refieren a los nuevos aires que va tomando esta zona. Quizá nosotros mismos no alcanzamos a darnos cuenta de la envergadura del cambio porque estamos metidos en la espiral del problema. Pero quienes llegan de todo el mundo se asombran al ver lo que está ocurriendo y después, encuentran a esta ola de hombres que siguiendo la tarea iniciada por quienes realizan el trabajo de las redes, vienen colocando los adoquines de piedra, una tarea ardua porque algunos pesan hasta dos kilogramos. Es una tremenda labor el recolocar ese pavimento tan propio de la antigüedad habanera.

Otra obra que se agrega es la del alcantarillado, porque debe limpiarse toda la red superficial que ha quedado tupida por la tierra y la arena que se compactan, previendo las lluvias futuras.

Y saliendo un poco de este perímetro, ¿qué otras obras en ejecución no quisiera dejar de mencionar el Historiador?

En primer lugar el Teatro Martí, que está para concluir; le quedan unos pocos meses. Es una obra extraordinaria en la cual confluyen una cantidad de elementos diferentes: decorativos, escenográficos, técnicos, tecnológicos de todo tipo. Muy cerca de allí se está restaurando, también en El Prado, la nueva sede de la Alianza Francesa. Acabamos de concluir casi frente al Palacio de Bellas Artes, el Sloppy Joe’s, que es uno de los edificios más emblemáticos y de los sitios culturales más interesantes de La Habana galante de los años 30 del pasado siglo. 

Se acaba de concluir también la Plazuela del Ángel, tan asociada a la vida de ese barrio de vasta tradición en la historia cubana, donde tiene lugar uno de los proyectos socioculturales y comunitarios más interesantes en nuestro ámbito, el de Papito el barbero con su proyecto Artecorte. También debo hablar del antiguo bar y bodega de
Bigote ‘egato, gran personaje de La Habana que conocí; está siendo reconstruida y admirablemente restaurada. Y hay muchas obras que comienzan a eclosionar ahora, que han requerido mucho tiempo de conservación y, de pronto, lucen con mayor belleza y esplendor.

Recientemente, Ud. ha sido nombrado por la más alta instancia del Gobierno cubano, al frente de una red de oficinas del Historiador y el Conservador, a lo largo del país. ¿Podría describirnos en qué consistirán estas otras funciones que asumirá?

Esa disposición presidencial explica por sí misma el interés en preservar el patrimonio a escala nacional y, especialmente, el de las siete antiguas villas fundacionales que pertenecen al patrimonio nacional y otras que, además, poseen espacios del Patrimonio de la Humanidad, como son La Habana con su Centro Histórico y su Sistema de Fortificaciones, Trinidad y el Valle de los Ingenios, el Morro de Santiago de Cuba, el Centro Histórico de Camagüey, el Centro Histórico de Cienfuegos, y otros puntos.

Será como una suerte de federación que comienza en Baracoa y permite el intercambio de experiencias a partir de lo que en La Habana se realizó hace muchos años: el sistema de escuelas taller, experiencias metodológicas para el trabajo de restauración, formación de personal capacitado, celebración de eventos. Por ejemplo, hacemos el encuentro de Manejo y Gestión de Centros Históricos todos los años, y en este estaremos más de cara a la Red. Tendrán un gran protagonismo las ciudades del patrimonio que están compelidas.

Pero lo más interesante de la disposición presidencial es que no solo se toman en cuenta las siete ciudades fundadas en ese periodo inicial de la llamada conquista española, sino que también abre y permite la posibilidad que se incorporen otras que por sus valores monumentales e históricos así lo merecen. 

Pongo un ejemplo, en mi reciente visita a Holguín llegué, por otra vez, a Gibara. Se trata de una ciudad bellísima, con un gran acervo cultural, con una línea de monumentos militares del periodo colonial y de las guerras emancipadoras del pueblo cubano, que van desde Holguín hasta la entrada de Gibara. Todo eso merece conservarse.

Ciudades como estas podrán incorporarse, y ciudades históricas como Matanzas, que no es una de las siete primigenias, pero que hay que insistir mucho en sus valores monumentales, conservarlos y  exaltarlos para que jueguen un papel relevante como contrapeso cultural en esa masa enorme de turistas que van no solamente a disfrutar del mar, el sol y la naturaleza, sino que quieren conocer lo que el país ha creado, quiere decir, su historia; y la historia y la monumentalidad son un reflejo positivo en la economía del país.

No olvidemos en esta enumeración a Ciego de Ávila que ha desarrollado un trabajo muy grande y meritorio en su preservación; a Bayamo, a Sancti Spíritus... en fin, a todo sitio donde se defienda a capa y espada el valioso patrimonio de la nación.

¿Cuál sería el signo de compromiso con el patrimonio que animaría a esta Red? 

La red trabajará muy unida al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, del Ministerio de Cultura. Nuestra tarea es alentar, con todas las fuerzas posibles, la preservación de los valores históricos y patrimoniales de la nación. De ello no excluimos hasta lo más especializado, como los valores arqueológicos. Por ejemplo, en Holguín, el Chorro de Maíta es un valor imponderable, el museo fundado por Orencio Miguel en Banes, tiene un valor incalculable, lugares históricos de la más que relevante ciudad patrimonial de Santiago de Cuba como los que se han restaurado; lo que se está salvando después de la terrible contingencia que el pueblo de Santiago ha enfrentado valientemente a causa del devastador ciclón. Debemos alentar por todas las vías la creación de grupos de trabajo en todos los campos. 

La Oficina realiza anualmente un evento dedicado a la arquitectura vernácula que también incorporamos a la red, porque a veces no se tiene en consideración el valor de esta arquitectura, menos destacada por su monumentalidad, pero sí por su singularidad y su carácter popular. Dentro de las propias ciudades monumentales perviven otros elementos asociados a épocas y estilos arquitectónicos como el que recientemente hemos destacado, al celebrar una reunión internacional sobre el Art Deco. Pudiéramos hacer una igual sobre el Art Nouveau, el eclecticismo, la arquitectura moderna y contemporánea; hay un campo amplísimo para trabajar en toda Cuba.

¿Se conjugan las nuevas fórmulas de gestión económica asumidas por el país con estas acciones de rescate y salvaguarda del patrimonio nacional que promoverá la Red?

Estas nuevas oportunidades que la red permite se unen al marco legal en el cual se desarrollan numerosas actividades por cuenta propia, que trascienden el trabajo personal e implican a la sociedad. 

Por ejemplo, en el Centro Histórico de La Habana se alquilan en este momento cientos de viviendas. Escribo todos los meses a los propietarios una carta personal en la cual, como Historiador, señalo que las personas vienen a la Habana Vieja a contemplar su patrimonio, aportan al desarrollo de esas nuevas oportunidades, pero que debemos encauzar toda la prosperidad para contribuir a la restauración de las casas propias en el respeto a los valores patrimoniales y urbanísticos.

Imagínate lo que significan en este momento dentro de La Habana quinientos balcones, quinientas fachadas, quinientos interiores que reviven con recursos propios y no van a pedirle a la Oficina del Historiador. Eso nos permite liberar recursos y fuerzas para ir adonde están los que tienen menos. Pero no solo las casas que se alquilan, pienso en restaurantes y otras manifestaciones del trabajo organizado no estatal. Todo eso representa magníficas posibilidades de aportación, además del ingreso de los impuestos que permiten incrementar los servicios públicos, trabajar mejor en la iluminación, en la protección, en el cuidado de los parques y jardines, de las plazas y fuentes.

Lo mismo está pasando en Trinidad; se convierte en una fuerza salvadora del patrimonio. Trinidad, que estaba en un momento crítico, de pronto evolucionó a una situación más favorable. Y le desata las manos a las oficinas del Conservador y el Historiador para que puedan dedicarse a la tarea metodológica, que es lo que tenemos que hacer, señalar: “Ud. va a arreglar, pero no puede romper esa puerta para poner un aire acondicionado, hay que buscar una solución”; “Ud. no puede enchapar las paredes con pedazos de azulejos y de piedras, o de esto o de aquello si  no se corresponde con la naturaleza del edificio”.  

No se trata únicamente de negar o sancionar, sino más bien de educar, orientar y contribuir. Y cuando hay casas monumentales que ni se alquilan ni se negocian, pero que tienen un valor grande, quien la adquiere a título privado debe conocer que no puede ser ni modificada ni cambiada sino que tiene que ser restaurada; si va a convertirse en vivienda debe respetar la imagen interior y exterior del inmueble, lo cual no le priva de modernizar la cocina o el baño, salvo que tenga unas cualidades monumentales excepcionales  —como un baño de mármol del siglo XVIII—. Eso tendría un nivel de protección.

Pero lo más importante de todo es no frenar, es bien conducir, poner en cauce todas esas iniciativas y que sean útiles al fin que perseguimos: el renacimiento, el embellecimiento, la mejor condición de vida de los ciudadanos en las ciudades históricas de Cuba.

Se lo tienen que haber preguntado mucho, pero de cara a esta nueva opción que el país está estimulando para defender el patrimonio y pensando en lo porvenir, ¿por qué debemos defender el patrimonio para la nación cubana?

El  patrimonio siempre corre riesgos. Por ejemplo, el patrimonio natural siempre tiene que ser protegido. El país está librando en este momento una campaña contra ilegalidades que se cometieron en un momento de amnesia, en relación con lo que estaba establecido. La costa es una preocupación por las dunas, los arenales, los arrecifes, el manglar... todo eso está escrito, pero supone una renovación de la voluntad de la nación de protegerla; supone la labor para impedir que proliferen construcciones que parten a veces de una necesidad, mal conducidas, y que reducen a cenizas el valor patrimonial de barrios enteros, como por ejemplo El Vedado, en el municipio Plaza de la Revolución, donde toda una serie de acciones por parte de los propietarios de las viviendas o sus usufructuarios, han conducido a la desaparición en cuadras completas, de la imagen de la ciudad. Se construyen balcones y garajes mal hechos, se ponen tanques de agua en el part terre, se hacen obras en jardines que pertenecen a la comunidad o a las personas. 

Esa no es la forma de vivir en la ciudad que nos pertenece, ni las ciudades se pueden convertir en un campamento. El Estado tiene en este sentido una  gran preocupación y una obligación que le imponen la Constitución y las leyes. Y eso se va a cumplir. Pienso que el reordenamiento es para bien, que nadie lo vea como una amenaza; lo debe ver como un beneficio. 

Porque la belleza es tan importante para la vida como el pan. El hombre, el ser humano, necesita la belleza; necesita la concordia con la naturaleza; necesita habitar en mejores condiciones. Eso permite que podamos acudir a la emergencia de los que tienen menos, partiendo del principio actualmente ya establecido de que debemos subvencionar lo que necesita serlo: personas y no conjuntos sociales que está demostrado que el beneficio de una subvención, más que proteger, envilece.

¿Qué nos toca en cuanto a responsabilidad ciudadana a los pobladores de las ciudades, de los pueblos, de los sitios históricos del país?

El otro día en la Avenida de los Presidentes, en El Vedado, después de haber hecho un programa Andar La Habana dedicado al tema, volví a encontrar los grandes monumentos públicos llenos de grafitis realizados con spray negro. Quisiera pedir de todo corazón que todo el mundo se dé cuenta de lo grave que esto resulta. Cuando dañan de esa manera un monumento no se puede venir luego con una esponja y quitarlo. Estamos hablando de sustancias abrasivas. El mármol de los monumentos centenarios, está abierto y granulado. Cuando se le aplica un spray eso penetra bien adentro y hay que devastarlo para poder salvarlo. Esto no puede ser permitido. 

¿Qué ciudad queremos? ¿Qué monumentos queremos? Hago un llamamiento sincero y comprometido a todas las generaciones, porque no me gusta caer en el lugar común de que la juventud está perdida, de que si los jóvenes son esto o aquello…  Al contrario: hago un llamamiento a los propios jóvenes, a  las vanguardias de la juventud y  a todas las generaciones para que manifiesten su preocupación y condena a estas acciones salvajes. No es posible que tú termines la restauración de un edificio, de una lápida, de un monumento y te encuentres de pronto eso.

Hay algunos lugares en que habría que colocar delante un cartel que dijera: “Ante este monumento, inclínate, porque gracias a él (o a ella) tienes patria.”  No es posible permitirlo. Y no es una cuestión solo de orden público; no podemos pensar que puede haber un policía ni una cámara de televisión en cada lugar. Es una cuestión ciudadana, que tiene que ver con la educación y el comportamiento de las personas. 

Los que tienen este nivel de expresión exhiben otras costumbres de vida, a veces violentas, a veces irrespetuosas hacia los demás; se usa hoy la grosería de manera indiscriminada, se abusa de las palabras soeces y violentas, incluyendo en los medios de comunicación, en los cuales no debe ser permitido, porque hay acciones que son groserías escandalosas e imperdonables, que antes nunca se permitieron ni aún en las casas y lugares donde supuestamente debía ocurrir. Y eso se manifiesta después en la sociedad con estas formas de acción.

El país hace grandes sacrificios, la sociedad hace grandes esfuerzos para obtener como respuesta y como compensación de una minoría insensible, esa actitud despectiva que convierte una calle, un paseo o una avenida en un basurero público. Es como el que de pronto baja el cristal de su automóvil en la Quinta Avenida habanera y lanza una lata de cerveza o tira una botella. Son actitudes desalmadas que hay que calificar y condenar por su nombre.

Comentarios

muy interesante la entrevista realizada a Eusebio Leal, quiero decirles a ustedes jiribillosas y jiribillosos que me gusta su revista es muy profesional.

En marzo pasado estube de visita en La Habana y me impresionó su belleza natural y cultural. Una ciudad llena de vida, color y sabor. Asimismo, pude apreciar el importantísimo trabajo que lleva a cabo la Oficina del Historiador. Ahora que me informo que el proyecto es a nivel nacional mi admiración por este trabajo de conservación y preservación de la Historia de Cuba y del continente americano es aún mayor. También, encontré en La Habana niños y jóvenes de rostros bellos y mirada inteligente lo cual me da la esperanza para la solución de los problemas de preservación y del éxito del proyecto de la Oficna del Historiador. El trabajo se inició y hay que darle seguimiento a la concientización para la conservación, y los jóvenes son los llamados a realizarlo. Un saludo deseando visitar las antiguas villas fundacionales y conocer a sus habitantes.

¿Qué ciudad queremos? ¿Qué monumentos queremos? ..." Tarea ardua pero no imposible la de recuperar una postura civica del ciudadano ante estas preguntas. Un saludo fraterno

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