Alfredo Guevara: Lucidez a prueba
de todo

Esteban Insausti • La Habana, Cuba

“No hay vida adulta sin herejía sistemática, sin el compromiso de correr todos los riesgos…esta actitud ante la vida, ante el mundo, supone una aventura, y la posibilidad del fracaso. Pero es también la única verdadera oportunidad de acercarse a la verdad en cualquier de sus aristas”
Alfredo Guevara

 

Pensaba Alain Resnais “La poesía es para los poetas, el amor es para los que saben hacer el amor”, Alfredo postulaba entonces: “El cine es para los que tienen algo que decir, y saben cómo hacerlo”. Con la fuerza de ese rigor y desde la complejidad más insospechada Alfredo creó la primera institución cultural de la naciente Revolución cubana. Tarea enome, inmensa, discursar a manera de recuento, insisto, nunca de despedida, sobre una figura imprescindible en los avatares de la cultura y la política contemporánea de este país; intelectual, pensador, gestor y fundador del inicio de una de las cinematografías más respetables de la región, un hombre complejo, cuyo magisterio entre luces y sombras, entre el ir y venir de difíciles decisiones que aún fascinan a más de uno y que, en igual grado, otros cuestionan. En los últimos años conversamos en muchas ocasiones, comenzó a acercarse a mí, vía telefónica siempre de manera personal, sin mediadores, en aquella lucidez a prueba de todo se podía intuir el mismo grito fundador: “Por cuanto: El cine es un arte”. Para mi sorpresa, Alfredo me leía, a la vez que felicitaba cada nueva entrevista, comentario o cuestionamiento que de mi parte suelo hacer a lo que creo que está mal. Seguía desde lejos sintiendo la misma pertenencia por aquel ICAIC suyo, de Titón, Sara, Humberto, Nicolasito y tantos otros; conversábamos de todo: Arte, Cine, Filosofía, el estado actual del movimiento cinematográfico cubano, las nuevas tendencias de producción en el mundo de hoy, y casi sin darnos cuenta, entablamos una amistad basada en el respeto, la sana objeción, y sobre todo lo fundamental: el enriquecimiento humano. La última charla  telefónica (de casi dos horas de duración), fue en noviembre del pasado año, me pidió como otras veces que lo acompañara en el Festival, reacio como soy a los cargos y jefaturas, esta vez acepté, el respeto que imponía ganado a fuerza de una autoridad moral incuestionable, sencillamente conmovía; participé entonces en aquel último festival que él dirigiera, como jurado en el certamen de operas primas, responsabilidad que asumí con el mismo rigor con que intento crear mi obra. De alguna manera, fué la forma que encontré de retribuirle tanto apoyo, tanta deuda estética con lo mejor de su pensamiento. Las imágenes que bajo su dirigencia se crearon, aquellas obras ahora clásicas, que fomentó. Por encima de toda diferencia, hoy comprendí que nos unía además, la frontalidad. Alfredo Guevara era un hombre sin miedo a decir lo que pensaba, y ese ejemplo perturbador para algunos, es el estandarte que me define como hombre y como artista, ese legado de sobrio coraje es otro de los tantos tesoros que nos presta por un rato. También sé, que ahora camina junto con Titón, Zavattini, Glauber, Humberto, Sara, Saul, Camilo seguramente reformulándolo todo, discutiendo aciertos y desaciertos, creando nuevas leyes culturales o explorando otros caminos, limando asperezas decididos a volver, pero renovados, pues ellos también saben desde aquella luz, que siguen haciendo mucha falta.

La Habana, 19 de abril de 2013.

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