La otra vida del Museo Nacional

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba
Fotos: Kike

Se dice, con toda razón, que un museo vale por sus colecciones. La capacidad de la institución para conservar, organizar y promover los valores patrimoniales que atesora da la medida de su significación y eficacia.

El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) cumple cabal y sobradamente con esos principios, sobre la base de una labor que, como sabemos, fue potenciada durante la segunda mitad del pasado siglo XX, y más aún a partir de su reparación capital concluida al inicio del presente siglo y la readecuación de sus instalaciones que cuentan ahora con dos inmuebles, el que alberga el Arte Cubano y el reconvertido edificio de Arte Universal.

Imagen: La Jiribilla

Pero un museo vale también por lo que es capaz de irradiar en su entorno y de dialogar activamente con sus contemporáneos. El nuestro es un museo vivo, generador de acciones que influyen con diversos grados de intensidad en las coordenadas culturales y sociales de este tiempo.

Lo ha ido logrando mediante una programación que incluye tanto prácticas convencionales —visitas guiadas y dirigidas, vínculos con instituciones docentes y académicas, jornadas de puertas abiertas, muestras transitorias que enaltecen figuras y etapas de la creación—, como actividades de carácter social integrador y apuntan hacia otras áreas de la cultura que enriquecen el contenido de su presencia pública.

Estas últimas son las que deseo resaltar en esta breve nota con motivo de cumplirse este abril el primer centenario del MNBA. De manera particular me referiré a tres de ellas: el trabajo con los niños, la programación de la sala teatro de Arte Cubano y la acogida que le ha dispensado a Arte y Moda.

Imagen: La Jiribilla

Si bien en casi todas las instituciones del país se llevan a cabo acciones que involucran a los niños, las del MNBA se distinguen por trascender lo meramente recreativo en tanto consiguen, o al menos intentan, sembrar una experiencia estética en los asistentes.

A los niños no se les enseña a dibujar o pintar, sino a valorar y respetar la creación plástica, a la vez que, como es el caso del taller conmemorativo del centenario, se les inculca el conocimiento de los maestros de la pintura cubana.

Como lo fue en los años 60, cuando el filin, la nueva trova y la poesía conversacional tomaron por asalto esa plaza, la sala teatro ha venido cumpliendo la función de plataforma de lanzamiento para los nuevos valores del jazz y la canción contemporánea cubana, en un marco ideal por sus dimensiones y el público que ha sabido aglutinar. Con un trabajo regular y sostenido, presenta una programación estable y de calidad, en la que incluye elementos de artes ascénicas. 

En cuanto a la presentación de Arte y Moda, con conocimiento de causa, puedo asegurar que sus realizadores agradecen la apertura cada año de las autoridades del MNBA a una de las experiencias más renovadoras de las artes performáticas en nuestro país.

Allí se borran los límites entre las convenciones de la moda y el arte, entre la representación pictórica y su transmutación en espectáculo, entre la tradición y la innovación, de manera orgánica. Esto solo puede concebirse a partir de una institución que no solo prestigia lo ya establecido sino las novedades estéticas.

Y es que nuestro Museo no está detenido en sus ocho paredes. Las palmas escultóricas enclavadas en el paseo que da acceso al edificio de Arte Universal y las esculturas que reciben al visitante en el edificio de Arte Cubano son símbolos de la vitalidad que se expresa en otros órdenes de su incesante actividad, en su constante accionar a favor de la cultura.

Imagen: La Jiribilla

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato