Bobby Carcassés, Premio Nacional de Música 2012

Ofreciendo lo mejor

Mabel Machado • La Habana, Cuba

Después de haber escrito un discurso de cuatro cuartillas para el día de la ceremonia, y como si medio siglo en el mundo del espectáculo no le bastara para saber qué hacer al recibir un agasajo, Bobby Carcassés decidió pedir consejo a su maestro Luis Carbonell. “Cuando a mí me entregaron el Premio Nacional de Música —le dijo el declamador octogenario—, yo solo pronuncié la palabra `gracias´”. Con tal precedente, la parrafada quedó descartada de inmediato, y Bobby puso en manos de su hijo Roberto la organización del homenaje del 30 de abril en el teatro Miramar.

Sin embargo, para recibir el reconocimiento más alto que puede merecer un músico en Cuba, el showman no se quedaría sentado en una silla dejando pasar la voluptuosa oportunidad de la descarga. Robertico Carcassés, el pianista y líder del proyecto Interactivo, reuniría a un grupo de músicos jóvenes que acompañarían a su padre en el escenario, donde este demostraría la precisión de su scat y su destreza en el baile.

Hace algún tiempo, en un chequeo de rutina, una doctora le preguntó a Bobby por qué no abandonaba la música y les daba, al fin, un “merecido reposo” a sus cuerdas vocales. La noche de la ceremonia, el cantante volvió a pensar en aquella conversación de hospital y se burló de un posible amargo destino sin luces, sin vuelos, sin música y sin el espléndido “¡Chaz!” de cierre en cada tema.

En lugar de sentirse en la cúspide de su carrera, al entrar oficialmente en la lista de los premios nacionales, Bobby Carcassés se obligó a sí mismo a revisar una y otra vez su trayectoria profesional: el Teatro Musical, el Teatro Martí; las colaboraciones con Enrique Jorrín, Emiliano Salvador, Chucho Valdés…; la fundación del Festival Jazz Plaza; las tardes de ensayo y más ensayo con estudiantes de las escuelas de arte…

“…Y siempre le queda a uno la preocupación de no haber realizado estudios académicos como Enrique Plá, como Hernán López-Nussa, como tantos otros…”. Bobby estuvo dándole vueltas a esta idea en la cabeza, demorando más de lo acostumbrado frente al espejo antes de partir para la gala, hasta que su mujer lo sorprendió con una sonrisa cómplice. “Para ser honestos —le dijo el showman a su esposa, y luego lo repitió en el escenario— después de tantos años uno espera más o menos algún reconocimiento, pero no hay razón para dejar de ser humilde y sencillo como siempre”.

Si esto lo puede decir su amigo Alberto Juantorena, el atleta cubano que en los juegos de Montreal 76 logró alzarse con las medallas de oro en las pruebas de los 400 y los 800 metros, Bobby encuentra aún menos motivos para envanecerse con el Premio. “La función de nosotros es dar amor a través del arte y recibir a cambio solo aplausos”, precisa  el artista, y un par de minutos más tarde comienza a dedicar canciones al maestro Carbonell, a César Portillo y a muchos otros.

Imagen: La Jiribilla
Bobby junto a su amigo Alberto Juantorena

 

Es el día de su homenaje, pero es también el Día Internacional del Jazz. Por ello, lleva un mazo de collares de New Orleans, y a ratos, en un nuevo ejercicio introspectivamente público, recuerda que su función ha sido siempre “brindar lo mejor”. Aun cuando la música y el arte se parezcan al boxeo, “hay que aprender a recibir golpes, saber luchar y buscar la verdad siempre”

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