En el sendero de la nueva cartelística cubana

Carina Pino Santos • La Habana, Cuba

El Festival del Cartel en La Habana, realizado en homenaje al aniversario 50 de ICOGRADA, llega a su fin luego de un amplio repertorio de actividades. Como parte de estas, el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, miembro junto con Prográfica Cubana de esa organización, conformó un integral programa que se disfrutó en la tarde del pasado jueves 25 de abril, al abrir en su sede la exposición El cartel en el Centro. 2006-2013, una muestra acompañada por excelente catálogo, donde se reúne una selección de todas las exposiciones de carteles que han tenido lugar en la institución y los textos que las acompañaron.

Imagen: La Jiribilla

Asimismo, durante la apertura, el público pudo adquirir reproducciones de pósters y un juego de diez postales con obras gráficas de ganadores en los concursos organizados.

Estas actividades se conjugaron en el patio de las yagrumas del Centro, corazón y sede de la nueva trova cubana, con un breve concierto de Maire y Yanaisa, integrantes del dúo Jade.

La muestra El Cartel en el Centro alude de forma dual tanto a la primacía de esta manifestación dentro del programa más general dedicado a ICOGRADA, como a los resultados de toda una labor sistémica y coherente de la institución para preservar la memoria del diseño gráfico e incentivar el surgimiento y desarrollo de la nueva cartelística, un aporte reconocible para la historia del arte cubano y que en la muestra se expresa en la presentación de ejemplos de cada una de las exhibiciones de cartel que han tenido lugar durante siete años.

Víctor Casaus, director de la institución, en sus palabras de bienvenida, rememoró los primeros pasos del Centro Pablo en cuanto a la gráfica, cuando se convocó en el 2006 al concurso “Pablo de la Torriente Brau y la Guerra Civil Española”. Fue en ese momento, expresó, que descubrieron a una promoción de jóvenes diseñadores que se encontraban en plena formación. Casaus aludió a las sucesivas exposiciones que fomentaron esa cantera, como sucedió con la Jornada Hernandiana dedicada al poeta español Miguel Hernández, sobre cuya figura se inspiraron los cartelistas para Viento del pueblo.

Imagen: La Jiribilla

Otros llamados del Centro a diseñadores, artistas digitales y artistas gráficos en general propiciaron una fuente de creatividad y demandaron el ejercicio del oficio de diseñar de muchos jóvenes, como ocurrió con la convocatoria de carteles Che 80, homenaje en el 2008, que implicó un desafío prometedor, si tomamos en consideración los estereotipos y la reiteración iconográfica sobre ese motivo, algo con lo que debieron lidiar los participantes, quienes obtuvieron atractivos resultados, si se considera la excelencia de carteles como el de Rafael Enríquez o el de Fabián Muñoz.

Asimismo, pueden verse piezas de los Diez años de A guitarra limpia, un espacio dedicado a la canción trovadoresca joven, que fue motivo para la concurrencia de 60 creadores quienes participaron en el concurso homónimo, cuyo Primer Premio obtuvo Erick Ginard.

En el 2009, se cumplió el décimo aniversario de los salones de arte digital realizados por el Centro Pablo, que buscó su representación en la cartelística a través de diez diseñadores. Y al año siguiente, la ya pujante comunidad de artistas gráficos respondió al llamado del tema “En defensa de los derechos de la infancia”, exhibición que tuvo dos ediciones. Ambas muestras se hallan documentadas con ejemplares en la sede.

En la exposición El Cartel en el Centro también se encuentran piezas del concurso “Por la diversidad” (2011) organizado desde el Centro Pablo en conjunto con la revista cultural La Jiribilla y en coordinación con el Centro Nacional de Educación Sexual. Si nos detenemos en esta muestra, puede observarse cómo casi un lustro después, aquellos diseñadores jóvenes que se iniciaron en su trayectoria profesional pudiera decirse que, paralelamente a los distintos llamados a eventos en la institución, ahora demostraban un oficio, como en el caso de la joven Kelly Núñez y Ariel Rodríguez, quienes obtuvieron el Segundo Premio en ese concurso.

Más reciente aún, por haberse celebrado el pasado año, fue la exposición No a la violencia contra la mujer, que permitió a creadores y público apreciar una imagen femenina ya no como un fetiche comercial, sino como resultado de la visualidad de gráficos contemporáneos que pueden hallarse  en la Sala Majadahonda. 

Una de las experiencias más interesantes de este periodo del Centro Pablo, que, por cierto, con su pequeño equipo acomete varios programas —o sea, no solo se dedica al diseño—, fue la de Compartiendo sueños / Sharing Dreams (2004-2008), hermoso título para un intercambio activo con el Instituto Americano de Artes Gráficas (AIGA), en medio de la era Bush, como señaló el director del centro Víctor Casaus. Diálogo este mediante el cual se unieron diseñadores cubanos y estadounidenses, lo que posibilitó una eficiente retroalimentación creativa bajo las iniciativas tituladas Sueños por la paz, El amor lo conquista todo, El diseño en la cultura y El diseño en la música. Una selección de aquellos encuentros ha sido, por supuesto, integrada a la muestra.

Si alguien tenía duda de la existencia de otra promoción que diera continuidad a los años de oro del diseño gráfico, ahora ya no le quedaría alguna. Los carteles premiados y otros elegidos,  que se hallan durante este fin de mes y el próximo en el edificio de Muralla 63, son una respuesta contundente ante cualquier incertidumbre.

De igual forma, El Cartel en el Centro nos recuerda cómo no solo las competiciones y muestras colectivas comprometieron a diseñadores de todas las generaciones ante retos temáticos muy diversos a la vez que implicaron un estímulo para su desarrollo, sino también son fruto de otro factor igualmente estimulante y vinculado con la reflexión sobre el oficio: los encuentros y debates teóricos titulados Jueves del Diseño, dirigidos por Héctor Villaverde, y que devinieron espacio para la memoria y el registro de la historia del diseño gráfico cubano. Y más frescos, los coloquios Imagen y tipografía y “La ilustración y el diseño gráfico”, en los que presentaron su trabajo los más jóvenes y dieron a conocer las dificultades cotidianas que enfrentan en el ámbito de la gráfica.

Desde luego que otras exposiciones y selecciones más extensas y diversas pudieran organizarse luego de esta etapa tan intensa como fructífera para los creadores gráficos que han acudido a los concursos, encuentros y exposiciones organizados por el Centro. En realidad, todo ese caudal de obra gráfica está ahí, es un resultado prometedor, que dice mucho del estímulo y la atención a los hacedores de una manifestación visual, y que ahora parece en espera de que historiadores del arte, especialistas e investigadores examinen este otro fragmento histórico-artístico que es la nueva cartelística cubana.

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