Breve acercamiento a las colecciones del MNBA

Un museo de Cuba y para el mundo

Nancy Uribazo • La Habana, Cuba

Para Cuba, contar con una institución de más de un siglo de existencia, que desde sus inicios estuvo vinculada a salvaguardar el patrimonio de la nación y que con posterioridad perfiló su orientación al coleccionismo de las Bellas Artes es, sin duda, una hazaña que muy pocos países de nuestro continente han podido alcanzar. El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) celebró el pasado mes de abril su centenario. El resultado de algunas investigaciones sobre el tema refieren que no puede pasarse por alto el mes de noviembre de 1910, fecha en que se produjo uno de los acontecimientos culturales más importantes del periodo. En las páginas del diario La Discusión, el distinguido arquitecto Emilio Heredia Mora hizo un llamado público que materializó las inquietudes de un grupo importante de intelectuales y personalidades de la época acerca de la necesidad imperiosa de fundar un museo. En el mismo año, algunos estudiosos del tema sitúan la primera donación a la institución, con lo que se comprueba que, desde antes de 1913, el museo daba sus primeros pasos hacia la conformación de sus colecciones.

Imagen: La Jiribilla
"Escena galante", de Victor Patricio Landaluze

 

El MNBA mantuvo durante sus primeras cuatro décadas una situación crítica en cuanto al espacio propicio para exhibir y preservar sus fondos. Las vicisitudes en relación con los inmuebles que albergaron las colecciones y la carencia de capital para sostener la institución no percibieron una mejoría y estabilidad hasta el emplazamiento en el edificio conocido como Palacio de Bellas Artes. Sin embargo, a la altura de la década del 90 del pasado siglo se agudiza la problemática de la inexistencia de espacios para exponer una colección en constante crecimiento, carencia que se atenúa en el 2001 con la expansión de las colecciones del Museo hacia el edificio del antiguo Centro Asturiano, y con el remozamiento del Palacio de Bellas Artes.

En el despliegue museográfico que presenta la institución desde su última reapertura hasta la actualidad, se puede apreciar con mayor alcance el valor tanto cuantitativo como cualitativo del patrimonio que conserva el museo. Sus colecciones se dividen en dos grande núcleos: Arte Cubano y Arte Universal, creadas a razón de diversos conceptos como las donaciones, los depósitos y préstamos, las compras y transferencias.

La Colección de Arte Universal que conserva el museo constituye motivo de orgullo y felicidad para los amantes de las Bellas Artes. Piezas de la Antigüedad Clásica, la Edad Media y de los siglos XV al XX, conforman el capital artístico universal, el cual se puede apreciar distribuido en las salas permanentes de la siguiente manera: Salas de Arte de la Antigüedad, Salas de Arte Europeo, Sala de Arte Latinoamericano y Sala de Arte Estadounidense.  

Imagen: La Jiribilla
"Muchacha con paloma", de Charles Joshua  Chaplin

 

El Museo atesora la colección de Arte de la Antigüedad más numerosa que se conserva en América Latina. Las piezas que la conforman pertenecen a las principales culturas mediterráneas de la antigüedad, de modo que es posible apreciar obras provenientes de Egipto, Grecia y Roma, así como también algunos ejemplos de Etruria y del Asia Anterior. Una de las piezas que despierta mayor interés en el público que visita al museo es el Ánfora Panatenaica, del siglo VI a.n.e.

En el caso específico de las colecciones que se exponen en las Salas de Arte Europeo, la amplitud temática, la representatividad de autores de renombrado prestigio, pertenecientes a las más importantes escuelas europeas, así como el arco temporal que abarca desde la Edad Media hasta el siglo XIX, son algunas de las particularidades que distinguen este núcleo de la colección. Los exponentes que se exhiben representan, fundamentalmente, a las escuelas tradicionales de Alemania, Flandes, Holanda, Italia, España, Francia y Gran Bretaña, aunque también se pueden disfrutar, en menor medida, obras de otros países. Autores como Rubens, Murillo, Sorolla, Delacroix, Reynolds son algunos de los que destacan en esta colección.

En el espacio destinado para exponer el arte latinoamericano se encuentran obras provenientes de Suramérica, Mesoamérica y el Caribe, comprendidas entre los siglos XVII al XIX. En esta colección se resguardan piezas de importantes creadores como el pintor puertorriqueño José Campeche, quien ha sido considerado por la historiografía de su país como el primer gran pintor de la Isla boricua.

Por otro lado, el Museo tiene el privilegio de ser la única institución del país que conserva una colección representativa de arte norteamericano, con alrededor de 60 piezas en su tesauro. En este núcleo destaca la temática paisajística, exaltada por quien fuera considerado uno de los pioneros del paisaje norteamericano Thomas Doughty, autor de una de las piezas emblemáticas de la colección Paisaje con lago y montaña.

En el caso de la Colección de Arte Cubano la distribución museográfica de las salas permanentes quedó resuelta de la siguiente manera: Arte en la Colonia (Siglos XVI-XIX), Cambio de Siglo (1894-1927), Surgimiento del Arte Moderno (1927-1938), Consolidación del Arte Moderno (1938-1951), Otras perspectivas del Arte Moderno (1951-1963) y las salas destinadas a mostrar el Arte Contemporáneo. Esta colección supera cualquier intento coleccionista que pueda existir dentro y fuera de Cuba. Su extensa representación recoge la historia de 400 años de arte cubano, idea recalcada recientemente por el curador Máximo Gómez, a propósito de la realización del documental Arte Cubano: La Colección. El despliegue museográfico de estas salas muestra el proceso artístico desde una perspectiva histórica, con el objetivo de brindar una visión cronológica del desarrollo del arte en nuestro país.

Imagen: La Jiribilla
"La vuelta del trabajo", de Leopoldo Romañach

 

Adentrarse en las salas permanentes del Edificio de Arte Cubano constituye una experiencia que permite al visitante una regresión temporal hacia el periodo colonial cubano. De esta forma, se puede apreciar el desarrollo de una sociedad híbrida desde sus inicios, marcada por una riqueza visual que los artistas del periodo reflejaron en sus lienzos. Artistas como Chartrand, Sanz Carta, Escalera y Landaluze destacan con temáticas como el retrato, el paisaje y el tema religioso. Estos autores imprimieron una sensibilidad particular en sus creaciones, en las cuales el lirismo ocupa un lugar preponderante como recurso expresivo.

En el caso particular del núcleo que presenta la sala de Cambio de Siglo está compuesto por diversos artistas, aunque destacan en número las piezas pertenecientes a Leopoldo Romañach, Armando García Menocal y Rafael Blanco. Es el periodo en el cual se comienza a percibir un interés particular por el tratamiento de la luz, al punto de ser considerado en los casos concretos de Romañach y Menocal, como elemento de cubanía presente en obras tan representativas como Marina y Embarque de Colón por Bobadilla, respectivamente.

Imagen: La Jiribilla
"Las Tres Gracias", de Rafael Blanco

 

La sala que continua cronológicamente es Surgimiento del Arte Moderno. Artistas consagrados del arte cubano como Víctor Manuel, Antonio Gattorno, Juan José Sicre, Eduardo Abela, Carlos Enríquez, Marcelo Pogolotti, Amelia Peláez, Fidelio Ponce de León y Rita Longa, emergieron con una poética apegada a los cánones plásticos internacionales, pero con una interpretación marcada por la visualidad cubana que desde muchos años atrás se había instituido como tradición en las artes plásticas del país. Una obra como “Gitana tropical”, de 1929, resume el espíritu que primó en las generaciones de artistas de estos años.

La sala Consolidación del Arte Moderno muestra un momento de creación artística en que confluyeron autores de la década anterior con las nuevas generaciones emergentes. Se enriquece la plástica cubana con exponentes como Mario Carreño, Mariano Rodríguez, René Portocarrero, Wifredo Lam, entre otros auténticos artistas que impregnaron con una fuerte impronta universal la producción plástica cubana del periodo.

Imagen: La Jiribilla
"Saludos al Mar Caribe", de Mario Carreño

 

En el espacio dedicado a Otras Perspectivas del Arte Moderno se exhiben algunos de los principales representantes de la abstracción en nuestro país, producción que se mantuvo a tono con las corrientes internacionales del momento. Nombres como Luis Martínez Pedro, Sandu Darie, Dolores Soldevilla y Agustín Fernández Mederos forman parte de un número mayor de creadores que integran el tesauro del MNBA. Estos autores representan una  expansión de las obras de las primeras generaciones de la vanguardia cubana, en los cuales se aprecia una especial preocupación de integrar al arte cubano en las corrientes y lenguajes más vanguardistas del circuito internacional.

Por su parte, el Arte Contemporáneo cubano se presenta bajo un concepto curatorial que segmenta esta producción artística en tres momentos fundamentales (1960-1970, 1967-1980 y desde 1979), cada uno de los cuales cuenta con un espacio propio de exhibición.

Las obras de la década del 60 muestran un discurso apegado a los fenómenos sociopolíticos que acontecieron a propósito del triunfo de los principios revolucionarios y a una introspección de las preocupaciones más íntimas de la conciencia humana. Comienzan a destacarse artistas como Raúl Martínez, Ángel Acosta León, Servando Cabrera Moreno, Antonia Eiriz, Adigio Benítez, Umberto Peña, Santiago Armada y Sosabravo, por solo citar algunos. La diversidad de propuestas estéticas revela la búsqueda constante de muchos artistas por encontrar soluciones plásticas propias, interés que dotó a la plástica cubana de una pluralidad de estilos de exquisita factura.

Imagen: La Jiribilla
"Fénix", de Raúl Martínez

 

El Arte Contemporáneo entre los años de 1967 al 1980 ofrece una lectura del periodo donde no deja de percibirse la multiplicidad de propuestas. Nuevas preocupaciones ganan espacio entre los artistas, a la vez que comparten lugar con intereses que se habían manifestado desde generaciones anteriores de creadores. La pintura social y de compromiso político, los cultos afrocubanos, la identidad cultural, la conducta humana y el humanismo, el tema campesino y el paisaje son algunas de las inquietudes que expresan las obras de esta etapa. Al catálogo de artistas del MNBA se suman nombres como Juan Moreira, Mendive, Rafel Zarza, Ever Fonseca, Pedro Pablo Oliva, Nelson Domínguez, Fabelo, Flavio Garciandía, Tomás Sánchez, Zaida del Río, Ruperto Jay Matamoros, entre muchos otros representantes de este importante momento de la plástica en Cuba.

El último espacio que compone el despliegue museológico de las salas de Arte Cubano aborda el desarrollo desde la fecha de 1979 hasta entrada la década del 90. Artistas reconocidos como Juan Francisco Elso, José Bedia, José Manuel Fors, Leandro Soto, Humberto Castro, Consuelo Castañeda, Rubén Torres Llorca, Lázaro Saavedra, Belkis Ayón, Alexis Leyva, René Francisco, Eduardo Ponjuán, Los Carpinteros  y Tania Bruguera integran un número mayor de creadores de los cuales el MNBA conserva obras paradigmáticas de este momento.

Precisamente, uno de los cuestionamientos que se ha producido en relación al despliegue museográfico acometido en el Museo Nacional de Bellas Artes guarda relación con el periodo que cierra la muestra permanente de Arte Cubano, pues la no disponibilidad de nuevos espacios para la exhibición, trae consigo la imposibilidad de mostrar bajo el concepto de muestra permanente la colección de obras de producción más reciente que atesora el Museo.

El patrimonio que resguarda la institución presenta al público parte importante de la historia de las Bellas Artes a nivel internacional y la colección de arte cubano más completa que se conserva en el mundo. Es por ello que una de las principales premisas que ha caracterizado a esta prestigiosa institución es la promoción de sus fondos como parte indisoluble del acervo cultural que a lo largo de la historia ha pasado a formar parte de las tradiciones cubanas.

Imagen: La Jiribilla
"Sin título", de Pedro Pablo Oliva

 

Es constante el reclamo de muchos colegas de fuera y dentro del museo, de que esta institución que resguarda el patrimonio y la memoria histórica de las Bellas Artes de nuestro país, pueda contar con un espacio para exhibir el arte contemporáneo de las últimas generaciones de artistas, lo cual permitiría extender el discurso plástico de las colecciones permanentes. Se hace imprescindible lanzar un llamado público, como en su momento lo hiciera ese gran hombre que fue Emilio Heredia, para recabar esfuerzos en pos de la necesaria ampliación tanto de espacios como de fondos, para permitirnos en un mañana no muy lejano poder disfrutar del más legítimo arte de nuestro presente.       

Comentarios

Estimados cubanos , queremos saber como se puede exponer una serie de obras allá en Cuba tenemos una maravillosa muestra de fotografía de paisajes de la Patagonia austral de Chile "Paiasajes de Agua", ambas estás listas para postular a una ventanilla abierta en el consejo de cultura sól o nos faltan las invitaciones , iremos en octubre a hacer contactos, y nos interesa mucho mostrar nuestro trabajo allá si nos pueden dar alguna dirección para postular a a alguna galería o museo les estaremos muy agradecidos atte. Claudia Retamal

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