El centenario de Bellas Artes en zapatillas de ballet

Dainerys Machado Vento • La Habana, Cuba
Viernes, 3 de Mayo y 2013 (11:48 am)

Un programa especial dedicó el Ballet Nacional de Cuba, bajo la dirección de Alicia Alonso, al onomástico cien del Museo Nacional de Bellas Artes. La sala Avellaneda del Teatro Nacional acogió dos funciones homenaje, donde la música y los movimientos de la danza clásica se combinaron con expresiones más modernas, en un concierto dedicado principalmente a la plástica cubana.

La coreografía Umbral, de Alicia Alonso, con música de Johann Christian Bach, inauguró ambas funciones, con la competencia de primeros bailarines y bailarinas de la compañía y con el acompañamiento en vivo de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana, bajo la batuta de Noila Ortega.

Evasión, coreografiada por Hilda Riveros, y Excelsior, con el sello de Ugo Dell’Ara, se alternaron en los programas del viernes 26 de abril y del domingo 28, como segundas piezas. La primera está inspirada en el óleo surrealista de Marcelo Pogolotti (1902-1988), y tuvo su estreno en 1980, en una gala del Festival Internacional de Ballet de La Habana, dedicada a las artes plásticas.

El homenaje de la danza clásica y contemporánea a la creación pictórica no es un suceso aislado en Cuba. Ideada por Gustavo Herrara y con música de Sergio Vitier, la pieza Flora se mostró ante el público como un ballet también con distinguibles sellos ochentianos. Es un homenaje explícito a la obra del gran pintor René Portocarrero, y sobre todo a su serie Retratos de Flora, óleos realizados en la década de 1960 con la imagen de la mujer como tema principal. Sin una dramaturgia explícita, esta pieza de Herrera recrea el ambiente presente en las obras del pintor, y apela a algunos de los símbolos y estereotipos empleados en la gráfica para poner a danzar juntas a siete mujeres que representan caracteres y formas de vida diferentes, reforzadas por los siete colores empleados en la escenografía y el vestuario de Ricardo Reymena y de Julio Castaño respectivamente.

El intermedio del programa dio paso a Cuadros en una exposición, una pieza que muestra y se inspira en óleos de creadores y creadoras contemporáneos de gran valor para la plástica cubanas. Obras de Alfredo Sosabravo, Roberto Fabelo, Ángel Ramírez, Zaida del Río, Gólgota, William Hernández, Arturo Montoto, Alicia Leal, Nelson Domínguez, Ileana Mulet y Cosme Proenza sirven como telones de fondo y leit motiv dramatúrgico. La mayoría de esos artistas a su vez intervinieron en el diseño de los vestuarios y en la producción escénica, en una labor que mucho valoriza la coreografía de Alicia Alonso.

Con música de Modest Mussorgki, orquestada por Maurice Ravel, esta se nos muestra como una coreografía muy diferente de las más altivas a las que nos tiene acostumbrados el Ballet Nacional de Cuba. Cada cuadro expuesto introduce a su vez un cuadro o paseo de danza, una historia y varios personajes, con más o menos independencia y fuerza dramática. A pesar de esto la puesta es sin dudas lúdica. Recrear fragmentos de las escenas contenidas en las obras de las y los pintores, o fantasea sobre los espíritus creativos que en ellas se implicaron.

La propuesta parte de la obra homónima de Mussorgki, creada en 1874 para homenajear a su amigo, el pintor y arquitecto Víctor Hartman. La versión cubana es otra muestra de la interacción posible entre las diferentes manifestaciones artísticas, y sobre todo de la belleza estética y el bien espiritual que pueden compartirse desde diferentes creaciones.

A este diálogo del ballet con las bellas artes cubanas contribuyó la presencia de los cuadros originales en el lobby del Teatro Nacional, en un ardid creativo que va convirtiéndose cada vez en suceso más común en nuestros teatros, y que resulta indiscutiblemente atractivo para el público.

Comentarios

que profesionalismo tiene esta revista me encanta

Es bueno que se escriba sobre este acto de intercambio entre Alicia y los artistas plasticos, ya que fue este ballet, Cuadros en una..., algo que verdaderamente se disfruto hacer, tanto por Alicia como por los artistas. Y al sentir el resultado en los aplausos del publico, estamos satisfechos. Gracias a Dayneris Machado y a la Jiribilla.

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