Selección de poesía

La poesía es sagrada

 

La poesía es sagrada. Nadie

De otro la tome, sino en sí. Ni nadie

Como a esclava infeliz que el llanto enjuga

Para acudir a su inclemente dueña,

La llame a voluntad: que vendrá entonces

Pálida y sin amor, como una esclava.

Con desmayadas manos el cabello

Peinará a su Señora: en alta torre,

Como pieza de gran repostería,

Le apretará las trenzas; o con viles

Rizados cubrirá la noble frente

Por donde el alma su honradez enseña;

O lo atará mejor, mostrando el cuello,

Sin otro adorno, en un discreto nudo.

¡Mas mientras la infeliz peina a la dama,

Su triste corazón, cual ave roja

De alas heridas, estará temblando

Lejos ¡ay! en el pecho de su amante,

Como en invierno un pájaro en su nido.

¡Maldiga Dios a dueños y tiranos

Que hacen andar los cuerpos sin ventura

Por do no pueden ir los corazones!

 

 

Con letras de astros…

 

Con letras de astros el horror que he visto

En el espacio azul grabar querría.

En la llanura, muchedumbre: —en lo alto

Mientras que los de abajo andan y ruedan

Y sube olor de frutas estrujadas,

Olor de danza, olor de lecho, en lo alto

De pie entre negras nubes, y en sus hombros

Cual principio de alas se descuelgan,

Como un monarca sobre un trono, surge

Un joven bello, pálido y sombrío

Como estrella apagada, en el izquierdo

Lado del pecho vésele abertura

Honda y boqueante, bien como la tierra

Cuando de cuajo un árbol se le arranca.

Abalánzanse, apriétanse, recógense,

Ante él, en negra tropa, toda suerte

De fieras, anca al viento, y bocas juntas

En una inmensa boca, —y en bordado

Plato de oro bruñido y perlas finas

Su corazón el bardo les ofrece.   

 

He vivido: me he muerto

 

He vivido: me he muerto: y en mi andante

Fosa sigo viviendo: una armadura

Del hierro montaraz del siglo octavo,

Menos sí, menos que mi rostro pesa.

Al cráneo inquieto lo mantengo fijo

Porque al rodar por tierra, el mar de llanto,

                                                   no asombre.

Quejarme, no me quejo: es de lacayos

Quejarse, y de mujeres,

Y de aprendices de la trova, manos

Nuevas en liras viejas: —Pero vivo

Cual si mi ser entero en un agudo

Desgarrador sollozo se exhalara. — 

De tierra, a cada Sol mis restos propios

Recojo, presto los apilo a rastras,

A la implacable luz y a los voraces

Hombres, cual si vivieran los paseo:

Mas ¡frente a la luz me fuese dado

Como en la sombra do duermo, al polvo

Mis disfraces echar, viérase súbito

Un cuerpo sin calor venir a tierra

Tal como un monte muerto que en sus propias

Inanimadas faldas se derrumba.

 

He vivido: al deber juré mis armas

Y ni una vez el Sol dobló las cuestas

Sin que mi lidia y mi victoria viere: —

Ni hablar, ni ver, ni pensar yo quisiera!

Cruzando los brazos como en nube

Parda, en mortal sosiego me hundiría.

De noche, cuando al sueño a sus soldados

En el negro cuartel llama la vida,

La espalda vuelco a cuanto vive: al muro

La frente doy, y como jugo y copia

De mis batallas en la tierra miro —

La rubia cabellera de una niña

Y la cabeza blanca de un anciano!

 

 

Odio el mar

 

Odio el mar, sólo hermoso cuando gime

Del barco domador bajo la hendente

Quilla, y como fantástico demonio,

De un manto negro colosal tapado,

Encórvase a los vientos de la noche

Ante el sublime vencedor que pasa: —

Y a la luz de los astros, encerrada

En globos de cristales, sobre el puente

Vuelve un hombre impasible la hoja a un libro. —

 

Odio el mar: vasto y llano, igual y frío

No cual la selva hojosa echa sus ramas

Como sus brazos, a apretar al triste

Que herido viene de los hombres duros

Y del bien de la vida desconfía,

No cual honrado luchador, en suelo

Firme y pecho seguro, al hombre aguarda

Sino en traidora arena y movediza,

Cual serpiente letal. —También los mares,

El sol también, también Naturaleza

Para mover el hombre a las virtudes,

Franca ha de ser, y ha de vivir honrada

Sin palmeras, sin flores, me parece

Siempre una tenebrosa alma desierta.

 

Que yo voy muerto, es claro: a nadie importa

Y ni siquiera a mí, pero por bella,

Ígnea, varia, inmortal, amo la vida.

 

Lo que me duele no es vivir: me duele

Vivir sin hacer bien. Mis penas amo,

Mis penas, mis escudos de nobleza.

No a la próvida vida haré culpable

De mi propio infortunio, ni el ajeno

Coce envenenaré con mis dolores.

Buena es la tierra, la existencia es santa.

Y en el mismo dolor, razones nuevas

Se hallan para vivir, y goce sumo,

Claro como una aurora y penetrante.

Mueran de un tiempo y de una vez los necios

Que porque el llanto de sus ojos surge

Lo imaginan más grande y más hermoso.

Que el cielo azul y los repletos mares!—

Odio el mar, muerto enorme, triste muerto

De torpes y glotonas criaturas

Odiosas habitado: se parecen

A los ojos del pez que de harto expira,

Los del gañán de amor que en brazos tiembla

De la horrible mujer libidinosa: —

Vilo, y lo dije: —algunos son cobardes,

Y lo que ven y lo que sienten callan:

Yo no: si hallo un infame al paso mío,

Dígole en lengua clara: ahí va un infame,

Y no, como hace el mar, escondo el pecho.

Ni mi sagrado verso nimio guardo

Para tejer rosarios a las damas

Y máscaras de honor a los ladrones:

 

Odio el mar, que sin cólera soporta

Sobre su lomo complaciente, el buque

Que entre música y flor trae a un tirano.

 

 

Mujeres

 

                            I

 

Ésta, es rubia: ésa, oscura: aquélla, extraña

Mujer de ojos de mar y cejas negras:

Y una cual palma egipcia alta y solemne,

Y otra como un canario gorjeadora.

Pasan, y muerden: los cabellos luengos

Echan, como una red: como un juguete

La lánguida beldad ponen al labio

Casto y febril del amador que a un templo

Con menos devoción que al cuerpo llega

De la mujer amada: ella, sin velos

Yace, y a su merced; —él, casto y mudo

En la inflamada sombra alza dichoso

Como un manto imperial de luz de aurora.

Cual un pájaro loco en tanto ausente

En frágil rama y en menudas flores

De la mujer el alma travesea.

Noble furor enciende al sacerdote

Y a la insensata, contra el ara augusta

Como una copa de cristal rompiera: —

Pájaros, sólo pájaros: el alma

Su ardiente amor reserve al universo.

 

                                II

 

Vino hirviente es amor: del vaso afuera,

Echa, brillando al Sol, la alegre espuma:

Y en sus claras burbujas, desmayados

Cuerpos, rizosos niños, cenadores

Fragantes y amistosas alamedas

Y juguetones ciervos se retratan:

De joyas, de esmeraldas, de rubíes,

De ónices y turquesas y del duro

Diamante al fuego eterno derretidos,

Se hace el vino satánico. Mañana

El vaso sin ventura que lo tuvo,

Cual comido de hienas, y espantosa

Lava mordente se verá quemado.

 

                                 III

 

Bien duerma, bien despierte, bien recline—

Aunque no lo reclino —bien de hinojos,

Ante un niño que juega el cuerpo doble,

Que no se dobla a viles y a tiranos,

Siento que siempre estoy en pie: —si suelo

Cual del niño en los rizos suele el aire

Benigno, en los piadosos labios tristes

Dejar que vuele una sonrisa, —es fijo

Así, sépalo el mozo, así sonríen

Cuantos nobles y crédulos buscaron

El sol eterno en la belleza humana.

Sólo hay un vaso que la sed apague

De hermosura y amor: Naturaleza, —

Abrazos deleitosos, híbleos besos

A sus amantes pródiga regala.

 

                                IV

 

Para que el hombre los tallara, puso

El monte y el volcán Naturaleza;

El mar, para que el hombre ver pudiese

Que era menor que su cerebro, —en horno

Igual, sol, aire y hombres elabora.

Porque los dome, el pecho al hombre inunda

Con pardos brutos y con torvas fieras.

¡Y el hombre, no alza el monte: no en el libre

Aire, ni en sol magnífico se trueca:

Y en sus manos sin honra, a las sensuales

Bestias del pecho el corazón ofrece:

A las pies de la esclava vencedora:

El hombre yace, deshonrado, muerto.

 

 

José Martí Pérez: Héroe Nacional de Cuba. Nació en La Habana, el 28 de enero de 1853 y murió, en combate, el 19 de mayo de 1895, en la localidad de Dos Ríos, en la actual provincia de Granma. Se destacó como político, escritor, poeta, ensayista, periodista y crítico. Es el inspirador de la gesta independentista del 1895, y su ideario ha ejercido, y ejerce, una influencia determinante en la política y cultura cubanas.

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