Graduación de la Escuela Nacional de Circo

Escuela, hogar y vida

Rachel Domínguez • La Habana, Cuba
Martes, 14 de Mayo y 2013 (10:38 am)

Kenia Delgado tiene 20 años y es la única mujer equilibrista del mundo que logra mantenerse encima de siete barriles. Ella nació en Ciego de Ávila y entró a la Escuela Nacional de Circo con 16 años. Cuando llegó a estudiar a la Capital, nadie hubiera podido predecir, en modo creíble alguno, que figuraría, en 2013, como la estudiante más integral de la graduación número 32 de ese centro educativo.

Imagen: La Jiribilla

Cada año, su escuela organiza el Festival Pista Joven de Cuba, que constituye la parte práctica del examen final de aquellos que, luego de cuatro cursos, están a punto de graduarse. Pero en esta ocasión, hubo una peculiaridad que se pretende constante para el futuro. Según Sergio Valentino, director de la institución, a partir del 2013, la participación de compañías extranjeras hace de este evento la primera oportunidad de intercambio educativo y casi profesional para los jóvenes que culminan su trayectoria en la escuela.

“El espectáculo que se ha presentado durante estos días es el resultado de cuatro años de trabajo: son los números que los muchachos comienzan a preparar desde el segundo año de la carrera, luego de pasar por todas las especialidades circenses en el primer curso. Este Festival también es premiado, así que tiene un cierto nivel competitivo. Además, en esta ocasión, contamos por primera vez con la presentación de una compañía de EE.UU., representada por un equilibrista y una gimnasta; una de Argentina, por la cual vino una muchacha que se dedica a la gimnasia aérea; y una de la República Bolivariana de Venezuela, con un equilibrista”, informó Valentino.

Son muchos los obstáculos que han tenido que sortear los 27 artistas circenses que, por estas fechas, recibieron su título. Al respecto, Sergio Valentino explica que probablemente el reto más difícil en la escuela sea “el primer año, en el cual deben aprobar todas las especialidades, no importa que el estudiante ya esté proyectado hacia una disciplina en particular. Pero antes de eso, los exámenes de ingreso constituyen un desafío en sí mismos. Desafortunadamente, no todos llegan al final, algunos porque no logran vencer los objetivos de la carrera, sobre todo en primer y segundo año, y otros porque descubren que no están hechos para dedicarse al circo.

“Posiblemente, el plan de estudios más completo que hay en la enseñanza artística cubana es el de la Escuela de Circo. Aquí se abarcan todas y cada una de las especialidades circenses, pero también el estudiante se prepara en danza, ballet, folclor, actuación, maquillaje, educación musical, pantomima, etc. Además de la formación general, que incluye Matemáticas, Historia de Cuba y Lengua Española, entre otras materias. Es un rango de asignaturas muy amplio, por eso llegar a la graduación es tan difícil. Kenia es un buen ejemplo en ese sentido. Ella viene de la calle, no de alguna escuela de enseñanza artística o de deporte, de donde llegan muchos de nuestros estudiantes, y es muy buena tanto en la especialidad como en la parte artística”, añadió.

Imagen: La Jiribilla

Kenia, por cierto, estaba “apuntada” en un grupo de aficionados al circo desde los 11 años, que funcionaba en las casas de cultura. Cuenta que “siempre estaba bailando. Desde pequeña se interesaba por ese mundo. Estudié hasta noveno grado, cuando conocí la existencia de la Escuela Nacional de Circo. Me preparé, pero desgraciadamente no aprobé las pruebas ese año. Me entró una desilusión lógica, pero me quedé con la experiencia de saber lo que me faltaba para aprobar. En segundo año de la carrera de Contabilidad, volví a hacer las pruebas y las aprobé. En ese tiempo intermedio seguí en el círculo de interés y no dejé de entrenarme. Para dondequiera que fuera el grupo, allí estaba yo como la primera, no podía evitarlo. Siento que siempre tuve eso adentro, porque me parece que estar frente al público, aunque un artista siempre se pone nervioso, es algo maravilloso”.

Esta joven, que abandonó el hogar siendo una adolescente y corrió detrás de un sueño, se define a sí misma como un poco apática, palabra que utiliza para describir su dificultad de relacionarse con extraños: “Venir a estudiar a La Habana fue para mí muy difícil. Aquí no conocía a nadie, no tenía a mis amigos cerca y, además, entré de última a la escuela porque me atrasé a causa de una enfermedad”, comentó mientras retocaba sus ojos con colores brillantes, como si siempre sonriera.

Se imaginaba un centro educativo inmenso, así que el primer choque tuvo forma de pregunta: “¿Y esta es la escuela?”. Pero “con el tiempo supe que no quería estar en otro lugar. A pesar de ser chiquita, es extraordinario estar ahí”, dijo y salió corriendo al lugar donde todo comienza, detrás de los telones.

A pesar de que no todos los estudiantes corren con la misma suerte y de que, como afirmara su director, en la Escuela Nacional de Circo no existe la posibilidad de quedarse como profesor en caso de ocurrir algún accidente, la corta edad con la que sus pocos estudiantes se gradúan les permite incorporarse a la enseñanza regular y prepararse para otra profesión. Podría pensarse que una matrícula de alrededor de 30 ingresos por año es reducida, pero esto se debe a que “el circo es un arte muy dirigido y cada estudiante necesita un profesor para él solo. Es como estudiar música: quien estudia piano tiene un profesor que se dedica a él y Kenia, por ejemplo, que tiene un número como solista, necesita un profesor solo para ella a partir de segundo año. Así sucede con todos, y en el circo los profesores buenos, con experiencia, son muy pocos. Además, es muy difícil encontrar muchachos con condiciones para este arte. A veces, aparecen de 20 a 25, pero hay cursos en los que solo aparecen 10 o 12. Por otra parte, los exámenes de ingreso tienen más rigor cada año, porque no nos interesa entrar a 40 estudiantes para que de ellos se gradúen 20”, expuso Valentino.

En el mundo, continuó, “no hay una escuela con un plan de estudio como la nuestra, que incluya las especialidades de circo, la formación artística y la formación general. Existen escuelas, pero solo se aprende arte circense; funcionan más bien como talleres. Pero lo que define a la escuela cubana a nivel de espectáculo es la tradición. Es más tradicional que el Circo del Sol (Cirque du Soleil), por ejemplo, que resulta más contemporáneo por su utilización de recursos como el teatro, y la actuación en general. El circo, para ellos, queda en segundo plano; pero, para nosotros, es lo primero. Eso no quiere decir que no debamos o podamos incorporar elementos de otras manifestaciones escénicas en nuestros espectáculos. Y, claro, tampoco estoy diciendo que una variante sea mejor que la otra”.

Para una compañía y un centro de estudios artísticos que, al decir del propio Valentino, trabaja con muy pocos recursos, no quedan muchas más opciones además de la tradición. “En la escuela misma hay muy poca literatura sobre nuestro trabajo, por eso no damos tanta importancia a la parte tecnológica de los espectáculos. Tratamos entonces de privilegiar la actuación humana. Aquí se usa más el corazón que la tecnología”, expresó.

Y lo sabe Kenia, a quien le resulta más difícil su entrenamiento, por la exigencia de su profesor, casi un padre a estas alturas. Ella trabaja el equilibrio en rolan, que “son como unos rodillos o barriles en los que uno se sube y trata de quedarse el mayor tiempo posible sin caer”, explicó ella. Sin embargo, hoy, según los datos ofrecidos por Valentino, “alrededor de un 95 porciento de los graduados de la Escuela Nacional de Circo han encontrado un lugar en las mejores compañías del mundo, gracias al riguroso entrenamiento, de gran nivel técnico y artístico, que allí se brinda”.

Imagen: La Jiribilla

“Muchas veces he pensado que no voy a lograrlo —dijo Kenia, nerviosa—. De hecho, hoy me gradúo y todavía lo pienso, pero mi profesor siempre está mi lado apoyándome. Aunque los nervios permanecen”. Y entonces, se descorre un telón y hay baile, payasos, equilibristas, malabaristas…, y se ven además los cables de seguridad, los ayudantes técnicos anudando y soltando sogas del complicado aparataje. Y luego, en la ceremonia de graduación, alguien felicita a un grupo de artistas que tienen ahora un título y el resto de la vida para poner en alto el nombre del lugar donde se formaron y del que seguirán nutriéndose, afirmando que, no importa lo que el tiempo dicte, siempre serán “colegiales de lycra y leotard”.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato