Entrevista con Rosario Cárdenas, Premio Nacional de Danza 2013

Sentir el entorno, incorporarse a él

Rachel Domínguez • La Habana, Cuba

La vida de Rosario Cárdenas ha sido una carrera en ascenso. Formada en la Escuela Nacional de Danza Moderna y Folclore Cubano, Rosario ha sido distinguida en diversas ocasiones por su labor coreográfica al frente de Danza Combinatoria, compañía que fundó en 1990. En este 2013, recibe el mayor reconocimiento que en Cuba puede ostentar como bailarina, coreógrafa y pedagoga: el Premio Nacional de Danza. Su particular visión del movimiento y su sólida formación profesional le han permitido desenvolverse con facilidad en las áreas más innovadoras del arte danzario contemporáneo, al punto de conformar un método de enseñanza propio. Por ese camino ha aprendido a ser “mujer orquesta”, capaz de explicarlo todo, incluso la propia danza.

Imagen: La Jiribilla

Puntos de giro

Un momento muy importante de mi vida fue cuando inicié mi carrera en la Escuela Nacional de Danza. Durante esos años existía una sola escuela en la cual estábamos becados; yo estaba alejada de mi familia, que vivía en Matanzas, y era la primera vez que me separaba de mi hogar de esa manera. Yo quería hacer mi carrera, pero comencé a extrañar mucho. Un día, mi padre vino a verme y me dijo: “Tienes que escoger. Si quieres ser bailarina, esta es la única opción; de lo contrario, te vas con la familia”. Yo tenía 13 años, y eso era muy difícil. Era una época en la que se hacía muy complicado trasladarse de un lugar a otro.

Hubiera podido decirle a mi padre que me llevara a casa, pero no lo hice. Ahora hay miles de escuelas, pero en aquella época había una sola y allí me quedé becada. Fue duro, porque todo el tiempo debíamos estar dentro de la escuela. Y el día de pase, cuando todos salían, yo no tenía a dónde ir, y eso es muy difícil para una niña de 13 años. Aquel era un entorno bello —hoy es el Instituto Superior de Arte (ISA)—, pero yo había perdido la conexión familiar que me brindaba seguridad. Ese fue un momento definitorio para mi carrera: la disyuntiva que me presentó mi papá.

Otro momento que me marcó mucho fue cuando tomé la decisión de formar mi propia compañía e irme de Danza Nacional de Cuba. Transité por procesos de observación, para aprender cómo se hacían los entrenamientos, pues había bailado allí muchos años y comenzaba a tener inquietudes personales sobre mi formación, y también experimenté el deseo de coreografiar. Entonces, supe que necesitaba un espacio más personal para poder investigar.

Imagen: La Jiribilla
Corps Paysage.
Presentación de Rosario Cárdenas en París
 

Por supuesto que la Compañía Nacional me ofreció posibilidades tremendas: ya me conocían en el escenario, era un lugar y una estructura seguras para mí. Allí no tenía que preocuparme de nada, excepto de bailar y entrenarme. Había viajado el mundo entero, con mucha confianza y tranquilidad; ya había desarrollado una labor como coreógrafa. Entonces, tomar la decisión de empezar de cero fue algo tremendo.

Podría pensarse que no era de cero, porque ya tenía entrenamiento y experiencia. Pero sí lo era, porque todo era nuevo para mí en un momento en el que no existían más compañías. Tenía que empezar de la nada en todos los sentidos y conquistar la confianza nuevamente. En ese momento, hablé con algunos bailarines que estaban algo aislados. Recuerdo en especial a uno que tenía muchas ganas de bailar, Jorge Hernández —hoy día tiene su propia escuela en México—; también estuvo Ana Isabel Matos, que todavía es profesora de la compañía. Como equipo, reconocíamos la importancia y la necesidad de integrar otro tipo de conocimiento a la preparación danzaria.

Ejercicio de innovación

Ana Isabel y yo empezamos un estudio sobre la prevención de las lastimaduras. Comencé a trabajar el cuerpo, pero no desde un punto de vista externo, sino para ir desarrollando esos elementos componentes del movimiento, la manera en que el cuerpo debe prepararse para utilizar esos elementos como lenguaje. Ahí se inició la construcción de todo un sistema de trabajo.

A partir de ahí, se instaura el trabajo de preparación física en la danza. Nosotras fuimos las primeras en promoverlo, y recibimos muchas críticas por ello. Yo me desempeñaba como Jefa de Departamento de Danza en el ISA y quise introducir esto como asignatura en el programa de estudios. Fue muy difícil, porque no se comprendía el porqué de aquello, tan cercano al deporte. Ana, por su parte, había estudiado cultura física y comprendía que esto era muy importante. Con ese conocimiento suyo sobre cultura física, más toda la investigación que yo realizaba sobre cómo desarrollar el cuerpo desde otras aristas, cómo entrar a otros niveles de profundidad, de conciencia, empezamos a unificar conceptos.

Ya no se trataba de la preparación física tal cual, sino que empezábamos a incorporar otros elementos para lograr niveles de tonicidad muscular y flexibilidad por otro camino, uno que investigábamos nosotras. En la actualidad, este método se practica en todas las escuelas de ballet. A nosotros, nos ha dado muy buenos resultados. Hay que velar por que las condiciones del bailarín no se estanquen durante su formación; por que sus posibilidades no se limiten —hay entrenamientos que, con el tiempo, provocan determinadas malformaciones o la reducción de las condiciones del bailarín. A nosotros nos gusta preparar al bailarín de manera que esté apto para abordar cualquier estilo; para que, desde el punto de vista del lenguaje, tenga varios conocimientos sembrados. En ocasiones, los bailarines no son conscientes de eso cuando lo hacemos, pero cuando llegan a otros países o se deciden a practicar otros tipos de danza se dan cuenta de todo el conocimiento que han asimilado, la posibilidad que tienen de expandirse hacia otras direcciones y los niveles de comprensión que han adquirido sobre lo que quieren lograr los coreógrafos.

Ante los pinos nuevos

Nosotros preparamos los cuerpos para que hombres y mujeres puedan hacer lo mismo en el escenario, sin diferencias. Una mujer puede cargar a un hombre, un hombre puede vestirse como mujer… Los seres humanos tienen su lado femenino y su lado masculino, independientemente del físico que nos distingue, que tiene condicionantes a nivel de pensamiento y de acción, en el sentido de las capacidades. Pero no es un límite, ni lo he pensado así. Todo está también en la fuerza que se le pone a lo que se hace, y sobre todo a cómo se piensa ante los inconvenientes, o ante los días en que uno se siente mal.

Si se permite que la dejadez y el abandono dominen nuestro empeño, nada saldrá bien. Siempre le digo a mis estudiantes que uno tiene que comprender su cuerpo y comunicarse consigo mismo. Casi siempre las enfermedades tienen una causa emotiva, por eso es tan importante la voluntad. De hecho, hay una tendencia en las personas que han tenido que enfrentar situaciones difíciles en la vida a no detenerse ante esas nimiedades, no tienen mucho tiempo para eso. Es muy importante saber dónde colocamos nuestro pensamiento, porque la voluntad es algo que se forja día tras día.

Imagen: La Jiribilla
Zona-cuerpo. Compañía Danza combinatoria
 

Todavía no sé muy bien qué le dejo exactamente a las nuevas generaciones. Pero mi trabajo va por el sentido de la educación somática, y cuando digo esta palabra, me refiero al cuerpo unificado. Por tanto, trato de aplicar esa preparación general, con la cual aprendemos la entrega mutua y a escuchar en la unidad, a sentir el entorno y a incorporarnos a él. Intento que mis alumnos comprendan eso. Es algo que no solo nos prepara para nuestro arte, sino también para la vida. Y, como todo, no se nota enseguida, pero con el tiempo, ellos [los alumnos] se van dando cuenta de cuán importante es ese tipo de formación. Esto abarca también el hecho de estar abierto a toda la cultura, no solo en el conocimiento; porque cultura es también aprender a escuchar al otro. Se trata de un ejercicio diario, que requiere de mucha voluntad y preparación.

Confesión…

Quizá mi mayor conflicto es tener que dirigir una compañía sin querer hacerlo como tal. Es muy difícil dirigir y formar parte al mismo tiempo. Pero también tengo un carácter de guía. He tenido que aceptar responsabilidades que, realmente, preferiría que las asumiese otra persona. Me gustaría encontrar un equilibrio con alguien más para poder llevar adelante el trabajo, sin tener que abordar ciertos aspectos que no me agradan mucho. Al mismo tiempo soy profesora, bailo, entreno, quiero estar cerca del movimiento, hago otro tipo de ejercicios, estoy pendiente de la coreografía y la creación, me encuentro con los diseñadores, investigo para las coreografías… casi no tengo tiempo para nada. Pero sé que todo tiene su precio.

Quizá el lado más caro ha sido manejar la imagen y el trabajo internacional de la compañía como una continuidad, no de manera casuística. Si estoy montando una obra nueva, ya le estoy adelantando hacia dónde se va a proyectar. Lo lógico es que haya otra persona que abarque esas tareas. Pero no siempre se encuentra alguien con esa posibilidad o potencialidades. Es frecuente que la gente quiera comunicarse directamente conmigo, entonces es muy complicado delegar en otras personas. Tal vez sucede que no lo he sabido hacer.

Danza contemporánea en Cuba

Si algo caracteriza a nuestra danza contemporánea es la vitalidad, la fuerza, las ganas de vivir y de comunicarse a través del movimiento, que se manifiestan en nuestro lenguaje.

También se notan las inquietudes de las nuevas generaciones; tienen sus propios deseos, cambian sus miradas. Quizá existe una gran confusión en lo que resulta o no importante; lo que puede ser esencial para mí no tiene por qué serlo para los más jóvenes. Nosotros hemos vivido procesos sociales que han ido marcando a las generaciones. Mi generación, por ejemplo, tuvo todas las condiciones para crear, para bailar… Y en medio de eso aprendimos a trabajar por amor. Algo muy importante fue conformarse con lo absolutamente necesario para lo que uno quería hacer, saber qué queríamos lograr exactamente y qué necesitamos para ello, no más. Eso es algo muy bueno, porque te libera de la ambición material. En mi formación se sembró mucho eso.

En nuestra danza se percibe, además, un proceso de evolución. He escuchado a muchas personas decir que hay una crisis coreográfica ahora mismo; pero no lo veo así, porque, unos años atrás, nuestro folclor no estaba por todos lados como ahora. Eso es parte de nuestra evolución y de nuestro movimiento. Y es bueno que no esté estático.

No puedo prever qué pasará en nuestra danza, ni quiero hacerlo, porque me gusta mucho vivir en mi presente. Todos sabemos que un instante cambia la vida en cualquier dirección. Es mejor integrarse a lo que está sucediendo, porque es muy importante estar en el entorno. Cuando nos separamos de lo que sucede a nuestro alrededor llegan los conflictos.

Y finalmente… definir la danza

La danza es un cuerpo en plenitud, que integra nuestro pensamiento, nuestro espíritu, nuestro físico y todo lo que nos rodea. Y en esa unidad, está la fuerza interior que se expande en la organicidad del propio movimiento, que necesita ser expresado. Es un cuerpo vivo, sintiente, pensante, unificado con el entorno, presente. El movimiento se desplaza desde nuestras profundidades sensoriales en una expansión que se escucha: cuando somos capaces de escucharlo en su propia sutileza, nos va dictando la danza. Nuestros movimientos son espontáneos, pero no quiere decir que uno no se prepare. Está la técnica, la academia y todo lo que conlleva a la perfección; pero esa perfección es relativa. La danza, cuando la vemos en su sentido más amplio, es la expresión del ser en su andar. Es un concepto con mucha sinestesia.

Imagen: La Jiribilla
María Vivan. Compañía Danza combinatoria
 

La danza tiene que ver con la visión del cuerpo como un objeto multilátero que se expande a la imagen —a lo que es visible e invisible—, y a los elementos escenográficos. Pero también a las líneas espaciales que uno no “ve”, que se encuentran entre el camino lógico y el onírico.

Pero, sobre todo, considero que es humildad, porque lo que uno hace y logra no implica ser superior a los demás; todos tienen sus valores. Y es también sorpresa —algo que no me gusta que falte en mis trabajos, el cambio.

Comentarios

Exelente propuestas la de esta compañia, lastima que no aparezca mas como una opción en nuestros teatros, se aprecia una mezcla interesante entre sus jovenes bailarines.

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