Diseño gráfico cubano en Suiza:
cartografía de un viaje

Carmen del Pino • Cuba

El investigador y crítico Jorge R. Bermúdez se define a sí mismo como un hombre del Renacimiento. Y quizá no debamos desestimar esta concepción sin antes echar una ojeada a sus más recientes proyectos, que toman como pretexto a Lola Rodríguez de Tió para relatar una época. Pero antes, Bermúdez se ha adentrado con profundidad, con seriedad infinita, en la historia de la gráfica nacional, y de este particular interés han surgido libros imprescindibles para regresar o descubrir esta temática como De Gutenberg a Landaluze; La imagen constante o Massaguer. República y vanguardia. Sin embargo, otras razones justifican esta conversación: el estudioso ha retornado de una gira por Suiza, organizada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau de conjunto con la Universidad de Lausana, a través de la gestión de la profesora Silvia Mancini. De modo que en esta entrevista confluyen con naturalidad los paisajes de esa geografía, los espacios culturales visitados y, claro, las anécdotas de un grupo de cubanos lejos de la Isla, que nunca son pocas.

“Fue una experiencia muy interesante desde el punto de vista geográfico, social y cultural. Suiza me dio la impresión de ser un país hecho como una maqueta: todo está en el lugar donde tiene que estar —al menos en la parte en que nos tocó radicar al grupo, en Lausana, cerca de Ginebra—. Tanto Lien y Rey como yo representábamos dos de las manifestaciones más fuertes que acoge el Centro Pablo desde su fundación: la música, o sea, la nueva y novísima trova, y la gráfica de comunicación. Yo asumí lo que correspondía a esta última, pues llevé dos exposiciones de carteles: una relacionada con la violencia en la infancia y otra que comprendió una visión retrospectiva de los premios y menciones de los diferentes concursos y convocatorias que ha realizado el Centro Pablo en torno a la gráfica desde el 2006”.

Además, presentó una conferencia sobre la evolución de la gráfica nacional en la Universidad de Lausana.

Impartí una conferencia sobre el cartel cubano que titulé “El antes y el después del cartel cubano del vanguardismo”, a la cual acudieron profesores de distintas especialidades de la institución. Para este conversatorio preparé un panorama del desarrollo de todo lo que es nuestra gráfica, y al final mostré las diversas exposiciones del Centro Pablo.  Fue muy bonito porque al término de la conferencia muchos profesores se acercaron a felicitarnos. También asistieron muchos cubanos, entre ellos una mujer que trabaja en la Universidad; ella, casi con lágrimas en los ojos, me confesó sentirse emocionada por aquellos carteles de los 60 —incluidos en este acercamiento— que los cubanos de la época fijamos como una forma de recordatorio del país, de la Patria.

Pero esta temática puede resultar ajena o lejana al público suizo, y las barreras lingüísticas podrían contribuir a subrayar esta idea…

Para mi suerte, la mayor parte del público dominaba el español y, como mi conversatorio se basaba, en gran parte, en las imágenes de los carteles, esto facilitó un diálogo más directo, porque el cartel cubano tiene una particularidad, tanto el de los 60 como el del presente: tiene su universalidad pues siempre ha tratado temas afines con la sociedad actual. El cartel es un medio que comunica de manera directa, si encima de eso está hecho con calidad, como los que llevamos, y, a su vez, asume temas de carácter global, lógicamente la interacción se establece.

Otro mensaje llegaba a través de Lien y Rey, de la música, quizá una de las más legítimas formas de expresión, que no precisa para ser asimilada que sus significados sean comprendidos. En este caso, los trovadores fueron muy bien recibidos por la comunidad interesada en la cultura cubana. Por ejemplo, conocí a un hombre de unos 28 años, cubano, que desde hace más de una década vive en la zona, quien me dijo que se le salieron las lágrimas cuando Lien y Rey cantaron “La Bayamesa”. Pero te digo que hasta a mí se me aguaron los ojos, porque el problema es que uno en su país no se da cuenta, hasta que está en el extranjero, de lo que impacta en uno el sentimiento patrio. Entre cubanos no podemos discernir esa sensación de manera tan evidente. Ese contexto, al estar en el extranjero, te hace ver que perteneces a una cultura, que uno debe lo que es a la cultura de su país, y lo que seas capaz de expresar sobre ella ante públicos que no la conocen marca la diferencia.

Con anterioridad, se ha referido al Centro Pablo como espacio de visibilización del cartel y, en general, del diseño gráfico cubano contemporáneo...

Hoy por hoy te diría que el Centro Pablo es uno de los espacios fundamentales de la nueva gráfica de vanguardia cubana, en particular del cartel. Esto se debe, en gran medida, al hecho cierto de que el cartel de vanguardia cubano de esta última generación de diseñadores —que podría considerarse desde el 90 a la fecha— ha tenido que recurrir para expresarse a las salas de exposiciones, aspecto que lo desmarca en cuanto a su función comunicativa del cartel de los 60 y los 70, época en que existió un apoyo institucional que le permitió jugar un rol protagónico en la cultura general de la nación, pues fue un cartel puesto en la calle, tanto el político como el cultural.

Estas nuevas generaciones de diseñadores gráficos, en especial los que se van a dedicar al cartel —que no son pocos— no han tenido esa posibilidad y han sido recepcionados por los vestíbulos y salas de exposición, dándosele a esta expresión gráfica una condición de obra única, de obra plástica. En esta línea se insertan las convocatorias a exposiciones y premios que ha hecho el Centro Pablo en relación con este medio de comunicación.

Por otro lado, el Centro ha acogido por igual a los más jóvenes y a los ya consagrados dentro de esta manifestación, lo cual ha garantizado una continuidad que no se ha logrado en otros aspectos de la vida del país. De hecho, podemos decir para finalizar que el Centro Pablo se erige, sin duda, como uno de los pilares de la cultura visual cubana; y recordemos su labor  con el Salón de Arte Digital, ese espacio a disposición de nuestros artistas y creadores para mostrar lo más renovador de su quehacer.

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