Faro Industrial de la Habana y los aportes de Cirilo Villaverde

Cira Romero • La Habana, Cuba

Complicadas versiones existen acerca del momento de fundación  y de los directores que tuvo el Faro Industrial de la Habana, importante publicación de la capital. El ejemplar más antiguo que se ha podido revisar data del 1ro. de enero de 1842, correspondiente al año 2, número 1. En ese momento se subtitulaba “Diario de avisos políticos, mercantiles, económicos y literarios”. El bibliógrafo Carlos M. Trelles, en su trabajo “Bibliografía de la prensa cubana (de 1764 a 1900) y de periódicos publicados por cubanos en el extranjero” refiere que su inicio fue el 1ro. de diciembre de 1841, en tanto que el Catálogo de publicaciones periódicas cubanas de los siglos xviii y xix  elaborado por la Biblioteca Nacional José Martí informa como día posible, aunque con dudas, el 28 de noviembre del último año citado, el más aceptado por los estudiosos de la prensa cubana. En cuanto a sus directores, el citado Trelles aclara que en 1840 solicitó publicarlo Carlos del Castillo, natural de Cádiz, y sus propietarios eran Cirilo Villaverde y Antonio Bachiller y Morales, dos nombres que comenzaban a hacerse sentir, aún discretamente, en la vida cultural —sobre todo literaria— habanera. En tanto, otro estudioso de la historia cubana en sus más variadas facetas, José M. Labraña, comenta en su obra Cuba en la mano (1940), subtitulada “Enciclopedia popular ilustrada”, libro de obligada consulta para todos los que se interesen por los aspectos más variados de nuestra Isla hasta casi el año de su aparición, afirma que su primer director fue José María de Cárdenas. Otros hablan de José García Arboleya, sustituido por José Quintín Suzarte. Vayamos por partes.

Sus propietarios: Cirilo Villaverde y Antonio Bachiller y Morales. A la destacada labor del primero en este periódico nos referiremos más adelante.

Sus posibles directores: José María de Cárdenas y Rodríguez (1812-1882). Fue discípulo de José Antonio Saco y, en los EE.UU., entabló amistad con Félix Varela. En 1840, se estableció en La Habana definitivamente y comenzó su carrera literaria en los mejores periódicos y revistas de esos años, donde firmaba generalmente con un seudónimo que se hizo famoso en aquello años: Jeremías de Docaranza. Su obra más significativa es Colección de artículos satíricos y de costumbres (1847), prologada por Cirilo Villaverde, que lo acredita como uno de los mejores narradores de la época. Le imprimió a sus cuadros de costumbres una marca indeleble, gracias al manejo del idioma, que moldeaba a su antojo para  aludir a las costumbres, buenas y malas, de los cubanos.

José García Arboleya. Existen pocos datos acerca de este posible director de Faro Industrial de la Habana. Fue discreto poeta y colaborador de la prensa.

José Quintín Suzarte (1819-1888). Fundador de La Siempreviva y colaborador de otras importantes revistas cubanas y venezolanas, a donde se trasladó por asuntos familiares, llegando a desempeñar importantes cargos públicos. Regresó a La Habana en 1847, momento en que, al parecer, pasa a dirigir Faro Industrial de La Habana. Publicó libros de carácter económico y una novela por entregas en el Diario Oficial, titulada “El arrepentimiento tardío”.

Lo cierto es que todos, en mayor o en menor medida, tenían a su favor prácticas periodísticas, también poseídas por quienes fueron sus propietarios, Villaverde y Bachiller y Morales, los cuales, por razones desconocidas, no quisieron ser sus directores, aunque, como veremos, sobre todo Villaverde volcó en sus páginas gran parte de su producción literaria de aquellos años.

Faro Industrial de la Habana publicó en sus páginas, además de todos los trabajos y secciones propias de un diario de su época, numeroso trabajos de índole literaria: poesías, relatos, novelas, crítica literaria, reseña de libros, biografía de artistas etc., aparecidos a través de variadas secciones, entre las que se destacan las tituladas “Amena literatura”, “Sección literaria”, “Folletín”, “Bibliografía” y “Variedades”. Recogieron también noticias sobre las obras teatrales representadas en La Habana y publicaron en 1851 un “Folletín filarmónico y del Faro dedicado a nuestras bellas suscriptoras”, en el que también incluían partituras musicales. También dio a conocer numerosos alcances y suplementos de carácter informativo y mercantil.

Las revistas y periódicos desempeñaron un papel importante en la vida literaria de Cirilo Villaverde, quien a través de ellos dio a conocer, a partir de 1837, sus narraciones. Revistas como Miscelánea de Útil y Agradable Recreo, El Álbum, La Siempreviva, La Cartera Cubana y el periódico Faro Industrial de la Habana fueron los más importantes. En La Siempreviva apareció, en dos partes, en 1839, su novela Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, que se diferencia en varios aspectos de la definitiva, publicada en 1882, pero en la acogida en esta revista está la almendra de la novela por excelencia del siglo xix cubano. En Faro Industrial... Villaverde dio a conocer, por capítulos,  su  Excursión a Vueltabajo, seguida de El Guajiro, El ciego y su perro, Cartas de Isaura a Indiana, Declaración de un marinero náufrago, Generosidad fraternal, La peineta calada, Dos amores, Comunidad de nombres y apellidos, El penitente, La tejedora de sombreros de yarey, El misionero de Caroní, así como un fragmento de una novela nunca concluida. Solo el hecho de haberse servido de las páginas de este periódico para divulgar lo que prácticamente constituye el grueso de su obra narrativa, descontando la emblemática Cecilia Valdés, le concede a Faro Industrial de la Habana un lugar relevante. Colabora también desde España, en 1844, Gertrudis Gómez de Avellaneda, sumados a los nombres de los hermanos José Jacinto y Federico Milanés, Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareño), Rafael María de Mendive, Ramón Vélez Herrera, Manuel Costales, Narciso Foxá, entre otros muchos, quienes logran hacer con la presencia de sus contribuciones una verdadera antología de la literatura cubana del momento, tanto en prosa como en verso.

Aquí dio a conocer José Jacinto Milanés su famoso poema “De codos en el puente”, título con el que jugó muchos años después Virgilio Piñera: “De coditos en el tepuen”, con su acostumbrada fina ironía. Evocando a su Matanzas natal y su río y puente emblemáticos, Milanés nos dice en la primera estrofa:

San Juan murmurante, que corres ligero

Llevando tus ondas en grato vaivén,

Tus ondas de plata que bate y sacude

Moviendo sus remos con gran rapidez,

(Monstruoso cetáceo que nada a flor de agua)

La lancha atestada de pipas de miel:

San Juan, ¡cuántas veces parado en tu puente

Al rayo de luna que empieza a nacer,

Y al soplo amoroso de brisas fugaces

Frescura he pedido, que halague mi cien!

El 31 de agosto de 1851 fue el último día que Faro Industrial de la Habana circuló, pues se recibió la orden del gobierno español de suspenderlo debido a que quebrantaba la tranquilidad ciudadana. Lo cierto es que este periódico fue, como han expresado algunos estudiosos, “el primer defensor de los intereses netamente cubanos”. Pero aún antes de tomar la decisión de suprimirlo, las autoridades coloniales no estaban ajenas a la labor conspirativa que Villaverde venía desarrollando en La Habana, que si bien en esos momentos tuvo sesgo anexionista, en tiempo muy breve se desligó de esa corriente para integrarse de lleno al independentismo junto con su esposa, la patriota cubana Emilia Casanovas. El 20 de octubre de 1848 Villaverde fue apresado y condenado por la Comisión Militar Ejecutiva y Permanente, pero al año siguiente logró escapar hacia los EE.UU., donde también se vinculó a la prensa y a labores como maestro, además de incorporarse a la Junta Revolucionaria de Nueva York.

Los méritos literarios del periódico, aportados, sin duda, por el propio Cirilo Villaverde y por los que él invitó a colaborar, se resintieron con su ausencia, porque él fue quien mayor acento puso para hacer de Faro Industrial de la Habana un periódico donde la literatura goza de absoluto privilegio.

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