Exposición en la Biblioteca Nacional José Martí

El violín: patrimonio y presente

Mabel Machado • La Habana, Cuba

Un elemental ejercicio de memoria, llevaría a cualquier cubano a señalar a Claudio José Domingo Brindis de Salas, José White y Rafael Díaz-Albertini, entre los pioneros en la ejecución pública del violín en Cuba. El primero, conocido como “El Paganini negro” logró exponer su talento en La Habana, Europa y América Latina con tal esplendidez, que el emperador alemán de la época le otorgó el título de barón, por la misma etapa en que le fuera concedida en Francia la orden de la Legión de Honor. White escribió “La bella cubana”, una habanera que continúa siendo tocada en la actualidad.  Sobre una actuación de Díaz Albertini, dijo el Apóstol, José Martí, en el Liceo de Guanabacoa: “Hay una lengua espléndida, que vibra en las cuerdas de la melodía y se habla con los movimientos del corazón”.

Pero la historia de la violinística en Cuba comienza mucho más atrás, con las liturgias religiosas en templos católicos y populares que se celebraron frecuentemente entre los siglos XVI y XVIII. A finales de esta última centuria era común escuchar violines también en los salones privados a los que asistía la alta aristocracia criolla. Las óperas y las zarzuelas, que cobraron popularidad en este mismo periodo, contaban generalmente con la intervención de algún violinista.

Antes del furor y el espectáculo que representó el negro Brindis de Salas ejecutando un instrumento que había estado reservado por mucho tiempo para las personas blancas, la escena cubana conoció a otros grandes intérpretes del violín como Carlos Anckermann, José Domingo Busquet y Laureano Fuentes, famosos por sus actuaciones en los teatros Tacón,  Albisu y Payret, y en distintas sociedades musicales.

Para que estos fragmentos de la historia no se pierdan en las hojas amarillas de viejos documentos, el Museo Nacional de la Música (MNM) organizó la exhibición de una parte de sus fondos relacionados con la presencia del violín en Cuba, desde este 17 de mayo en la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM). A tono con uno de los ejes temáticos principales del Cubadisco 2013, la muestra complementa la información que circula por estos días sobre el desarrollo de la violinística en Cuba.

Como “un momento dedicado al violín, a su historia, patrimonio y presente”, describió el musicólogo, profesor y ensayista, Jesús Gómez Cairo, la apertura de esta exposición, durante la cual tuvo lugar además, un recital a cargo de los maestros Alfredo Muñoz y Evelio Tieles, y las jóvenes Ivón Rubio y Winnie Magaña.

Diez violines, reparados con detallismo en la luthería de la Oficina del Historiador de La Habana, pueden apreciarse en las vitrinas de la muestra. El valor de estas piezas patrimoniales, como explica Gómez Cairo, no solo radica en los nombres de sus dueños, sino también en los constructores y fechas de confección de algunas de ellas. Un violín italiano de 1743 que perteneció al prestigioso profesor Anckermann y otro francés de la segunda mitad del siglo XIX que se le atribuye a Enrique Jorrín, forman parte de esta selección de instrumentos.

Los fondos expuestos en la BNJM dan cuenta, además, del auge de los conservatorios en Cuba, la proliferación de las sociedades españolas, el surgimiento de las orquestas sinfónicas y filarmónicas, el apogeo del danzón, la contradanza y otros géneros de la música popular bailable, y el perfeccionamiento de la enseñanza artística después de 1959, pasos que han permitido la evolución en la ejecutoria del violín a nivel nacional. Partituras, métodos de aprendizaje, libros y fotografías, seleccionados cuidadosamente para la ocasión, hacen posible este exhaustivo recorrido.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato