Lazos caribeños: feminismos en Cuba, Puerto Rico y República Dominicana (1920-1940)

Neici M. Zeller • Cuba

Imagen: La Jiribilla

Esta breve exposición forma parte de una investigación abierta y en curso, en la que intento comparar las diversas formas en que las mujeres (urbanas, letradas, de clase media) se relacionaron con el Estado en la lucha por el reconocimiento de sus derechos durante las décadas entre las dos guerras mundiales. Este ensayo enfoca una parte de los grupos feministas caribeños de esa época, en una indagatoria sobre sus puntos de encuentro y de desencuentro.

Los países del Caribe hispánico ―Cuba, Puerto Rico, República Dominicana― han sostenido relaciones ancestrales, marcadas por migraciones recíprocas entre las islas. Igualmente, han mantenido diversos enlaces económicos, así como significativos y continuos intercambios culturales. Son notables los vínculos solidarios entretejidos por algunos de sus líderes más prominentes en apoyo, primero, a los procesos de independencia y posteriormente a las luchas contra las ominosas dictaduras y los proyectos de dominio imperialista en la región.

En relación a lo anterior se destacan las figuras de Martí, Hostos, Gómez, Betances; también cabe mencionar a Adriana Billini y Camila Henríquez Ureña. La solidaridad y el encuentro han sentado la tónica de la historia compartida de nuestros pueblos, desde la época colonial hasta el presente.

Dentro de este marco de relaciones históricas y de comunicación fluida entre estos pueblos, me atrevo a preguntar si en esas décadas cruciales para el feminismo de América los movimientos feministas de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana pudieron sostener dichos lazos de acercamiento y solidaridad. La respuesta tentativa que he podido esbozar es que, al contrario del patrón establecido anteriormente, los grupos feministas caribeños siguieron una trayectoria diferente, más bien de aislamiento que de colaboración entre sí. Por una parte, cada grupo estaba centrado en la dinámica de sus actividades prioritarias, conforme a las condiciones internas de cada país y a la propia perspectiva clasista de los distintos grupos. Y, como agravante, se suma la intromisión de las feministas norteamericanas que se apoderan del escenario internacional a través de la Unión Panamericana.

Los documentos consultados muestran que desde principios de la década de 1920 existía entre las feministas del Caribe un interés compartido por alcanzar la igualdad de derechos de la mujer. Las feministas de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana iniciaron una serie de intercambios referentes a congresos, publicaciones y proyectos. Esta fase de armonía explica cómo en una coyuntura particular de relevancia internacional ―como lo fue la 6ta. Conferencia Panamericana celebrada en 1928 en La Habana― estos grupos se aglutinaron sólidamente en torno a los derechos civiles y políticos de la mujer.

En efecto, en ese evento un conjunto de cubanas, dominicanas y puertorriqueñas, reclamaron fervientemente a los representantes de las naciones americanas allí reunidos el debate de tan importante asunto. Pese a que este no estaba en agenda, lograron no solo que se discutiera el tema sino también que se creara la Comisión Interamericana de Mujeres, como organismo permanente de la Unión Panamericana, para continuar la labor de defensa de estos derechos. Pero esta etapa de colaboración estrecha comienza a diluirse a partir de ese momento.

Conviene entonces esbozar el contexto en que se debatían las feministas caribeñas para desentrañar los factores que eventualmente hicieron inviable la cooperación entre los grupos a nivel internacional. Retomando la idea anterior de la caracterización de las tres Antillas, si bien estas han estado históricamente articuladas por afinidades culturales, diferían considerablemente en los procesos de desarrollo que delinearon sus respectivas economías y los ámbitos social y político.

En el caso de Cuba, resulta obvio señalar que su amplia y potente economía agroexportadora, el rápido proceso de urbanización y su desarrollo social y político contribuyeron a la formación de un movimiento feminista amplio y diversificado. Este abarcaba desde las mujeres de la aristocracia tradicional hasta de la clase trabajadora. La amplia bibliografía sobre este tema denota la profundidad del debate feminista en Cuba en los años que comprenden esta exposición.

En comparación con Cuba, la sociedad puertorriqueña tuvo un desarrollo mucho más modesto en relación con las variables antes consideradas. La situación neocolonial impuesta por el imperio a partir de 1898, condicionó el desarrollo orgánico del movimiento feminista al obligar que los temas de género compitieran con el candente tema de la lucha por el estatus político de la isla.

Aunque la economía de la sociedad dominicana también dependía de la agricultura de exportación, su base agraria era más diversificada. Desde el punto de vista demográfico, era un país menos poblado que aquellos. En cuanto a su composición social, predominaba la población campesina, mientras que las capas medias y la elite tenían una representación numérica limitada, distribuida en lo que un poeta llamó unas pocas casi-ciudades. Consecuentemente, el movimiento feminista se manifiesta de manera tardía y con una participación endeble a partir de los años finales de la primera ocupación norteamericana de 1916 a 1924.

Si bien la agenda feminista caribeña constaba de muchas temáticas, el sufragio femenino se convirtió en la prioridad de esos movimientos durante la época que nos ocupa. Además, este era el punto alrededor del cual las feministas del Hemisferio deseaban lograr acuerdos y cooperación entre sí.

El caso del feminismo sufragista en Cuba se enmarca dentro de la lucha contra los gobiernos de Zayas y de Machado, contiendas encarnizadas que también involucraron a los grupos juveniles universitarios y los sindicatos obreros. El lema era “La regeneración”, lo que implicaba un rechazo a la presencia de los EE.UU. en la política cubana y a las prácticas fraudulentas de los sucesivos gobiernos. Las diversas agrupaciones feministas que buscaban el sufragio habían puesto la mira en Machado, quien había prometido el voto al momento de subir al poder. Pero, en su afán continuista, Machado propuso reformas a la Constitución, reformas que asociaron la legitimidad y continuación de su gobierno con la posibilidad del voto femenino. A partir de 1930, una gran parte de las feministas (con la muy notable excepción del grupo liderado por la conservadora María Collado) perjuraron del gobierno de Machado y expresaron su rechazo inequívoco a la reforma constitucional, pues no podían aceptar el voto otorgado a través de un proceso que ellas consideraban espurio y dictatorial.

Los referentes indispensables que sirven de guía normativa para la acción política en esos momentos son, como es de esperarse, las luchas por la independencia y el patriota Martí. En respuesta a una carta (1931) de Doris Stevens, presidente de la Comisión Interamericana de Mujeres (radicada en Washington) que criticaba a las feministas cubanas que se oponían a las reformas propuestas por Machado, Ofelia Domínguez Navarro en nombre de la Unión Laborista de Mujeres ripostó contundentemente:

Absteniéndonos de pedir el reconocimiento de nuestros derechos políticos a los hombres que hoy rigen los destinos de Cuba queremos hacer patente nuestra falta de fe en la virtud de los mismos… hallamos nosotras en los vibrantes apotegmas de Martí la sanción de nuestra orgullosa renuncia a implorar hoy, contrahecho y viciado en su raíz, lo que sabemos que un Congreso de hombres nuevos habrá de concedernos sin mermas, como privilegio inherente a nuestra capacidad ciudadana ya probada. Como él, sabemos que ‘los derechos no se mendigan’ sino que ‘se toman’. 1

Las feministas cubanas ―en su gran mayoría― optaron por postergar sus luchas por los derechos de la mujer, y pusieron en práctica los discursos centrales del feminismo social sobre la superioridad moral de la mujer dentro de la práctica política. A la vez, adoptaron una postura antimperialista en reacción a las críticas de las feministas norteamericanas que abogaban por la igualdad de derechos en el Hemisferio.

Puerto Rico, con una soberanía totalmente yugulada, muestra un caso muy diferente en cuanto a la actitud de la mayoría de las feministas hacia el voto. Las mujeres del grupo feminista puertorriqueño más nutrido, la Liga Social Sufragista, 2 prefirieron el amparo de la legislatura estadounidense para eliminar los obstáculos ante lo que entendían era su derecho al voto. En 1924, Milagros Benet de Mewton elevó una causa ante la Corte Suprema de Puerto Rico, donde planteaba el impedimento al voto femenino como un discrimen y una violación a los derechos constitucionales de las ciudadanas norteamericanas de Puerto Rico. 3 Debido a la indiferencia de los legisladores puertorriqueños, las boricuas buscan el apoyo de las feministas estadounidenses (League of Women Voters y National Women’s Party, grupos activistas en la lucha por el sufragio de las mujeres estadounidenses), así como la atención del Congreso de los EE.UU.

En 1928, Muna Lee de Muñoz Marín expresó la situación de la mujer puertorriqueña con las siguientes palabras:

Nuestra posición como mujeres, entre ustedes los ciudadanos libres de Pan América, es como la posición de mi Puerto Rico en la comunidad de los estados americanos. Se hace de todo por nosotros y se nos da todo menos la soberanía. Se nos trata con toda consideración menos la gran consideración de ser considerados seres responsables. Nosotras, igual que Puerto Rico, somos dependientes. Somos anomalías ante la ley. 4

Vemos, pues, que en la defensa de su acceso a las urnas, el movimiento feminista puertorriqueño no duda en apelar al apoyo estadounidense. Tanto las mujeres de clase media como las obreras siguieron esta línea, mientras que las más conservadoras solo pidieron que se limitara el voto a las personas alfabetizadas.

Imagen: La Jiribilla

En cuanto a la República Dominicana, esta muestra un activismo feminista más tardío, en comparación con Cuba y Puerto Rico para las mismas décadas. Los grupos que abogaban por la igualdad de derechos de las mujeres no se manifestaron hasta los años posteriores de la ocupación norteamericana del 1916 al 1924.

En 1922, cuando comenzaba el proceso de transición para la salida de los Marines, un grupo de mujeres inicia la publicación de Fémina, “Revista de literatura, ciencias y artes consagrada a la mujer”. Esta revista buscaba promover la participación intelectual de la mujer en la “causa nacional” y establecer conexiones con otros grupos feministas en el mundo hispano ―especialmente con las mujeres antimperialistas en Puerto Rico y Cuba―. 5 Este grupo primigenio (de mujeres de clase media baja que tuvieron acceso a la educación superior gracias a las escuelas normales) surge en la ciudad oriental de San Pedro de Macorís, donde el auge de la industria azucarera (en manos extranjeras) impulsó el crecimiento de la ciudad a partir de 1880. Allí convergieron una multitud de inmigrantes, con la consiguiente efervescencia de ideas ―de las cuales se nutrieron estas maestras normales en su defensa de los derechos femeninos.

Las mujeres de Fémina insistían en que solo deseaban expresar sus opiniones políticas sin militar por el sufragio, y limitarse más bien a su rol como “salvadoras de nuestra tambaleante nacionalidad” a través de su abnegación y sus virtudes. 6 Relacionamos esta actitud más reservada con la asociación que habían establecido las feministas dominicanas entre el sufragismo militante anglosajón y la presencia interventora en el territorio dominicano. En mayo de 1925, la directora de Fémina, Petronila Angélica Gómez, fundó el Comité Central Feminista Dominicano, la primera asociación feminista en la República Dominicana.7 A finales de 1925 también inicia su labor feminista la maestra Abigail Mejía, educada en España, cuyo activismo era de perfil más alto que el acostumbrado hasta entonces entre las dominicanas.

A partir de ese momento, se entabla una pugna por la representación del feminismo entre el grupo provincial de Fémina en San Pedro y el de Santo Domingo, con la Mejía, quien supo aprovechar sus conexiones con las mujeres de clase media y alta para fundar una asociación cultural femenina, el Club Nosotras. A medida que la Depresión fue afectando la economía dominicana (y especialmente al sector azucarero), las mujeres de Fémina fueron perdiendo su pujanza y se vieron obligadas a ceder la primacía al grupo más elitista de Mejía.

Tras varios años de intentar infructuosamente promover la agenda feminista en el seno del Club Nosotras, en mayo de 1931 Abigail Mejía y otras colaboradoras fundaron la Acción Feminista Dominicana (AFD). Cuarenta y cuatro mujeres (todas de origen urbano, letradas y muchas profesionales) firmaron el Manifiesto dirigido por la Junta de la Acción Feminista a todas las mujeres de la República Dominicana. 8 El documento declaraba la intención de luchar por la reivindicación de la mujer de manera “progresiva y gradual”. En cuanto al voto, el manifiesto apenas decía: “no tenemos prisa ninguna a este respecto: sabemos que a veces es máxima sabia sentarse a la sombra de un árbol del camino… y esperar”. Aparte de esta oración cautelosa, la AFD no incluyó ninguna declaración sobre el activismo electoral como meta para la nueva organización.9

El primer aniversario de la AFD habría de celebrarse con una asamblea general el 14 de mayo de 1932. En ese mismo día, el Ateneo Dominicano recibió al presidente de la República, General Rafael Trujillo, como miembro honorario. Luego de unas pocas palabras en agradecimiento al Ateneo, Trujillo dedicó el grueso de su discurso a las feministas. Trujillo declaró “que puede irse considerando la necesidad de otorgarle derecho de ciudadanía [a la mujer]”, puesto que su sensibilidad contribuiría a promover “ideas y sentimientos de conservación social”. 10 Desde ese año de 1932, Trujillo ya había comenzado a buscar apoyo para su reelección en el 1934. La directiva de la AFD vio en esa coyuntura una oportunidad para asegurar su posición como organización feminista reconocida oficialmente. Este acercamiento a los planes reeleccionistas del presidente empujó a la AFD hacia la política partidaria, mientras la alejaba del discurso del feminismo patriótico que se había propuesto al inicio.

A partir de marzo de 1933 hasta las elecciones en mayo de 1934, la AFD dedicó el cúmulo de sus energías a promover la causa reeleccionista a través de publicaciones y eventos. Trujillo propuso un voto de ensayo en mayo de 1934 ya que, según alegaba, no alcanzaba el tiempo para reformar la Constitución y permitir el sufragio femenino para los comicios venideros. El voto de ensayo diría al régimen la cantidad aproximada de mujeres dispuestas a asistir a las urnas, pero también daría una idea de la gestión de la AFD como grupo político.

En una asamblea en el mes de abril, la Junta Superior de la AFD declaró públicamente que sus prioridades como grupo eran las de “FEMINISTAS (que quiere decir Trujillistas)”. 11 Mejía describió a la AFD como un conglomerado de “soldados, fieles, trujillistas”. Menos de un mes antes de su tercer aniversario, la AFD ponía su identidad a entera disposición del dictador. La frase, tan repetida durante la campaña, de “Trujillo, el presidente feminista”, se había apoderado del grupo hasta convertirlo en la encarnación del “feminismo trujillista”.

Según la AFD, un total de 96 427 mujeres habría votado en el referéndum de 1934, todas a favor de la reforma constitucional. 12 Su conclusión fue que los números hablaban por sí solos y que las reformas no deberían tardar. 13 En 1935 se enmendó la constitución, sin cambios en las condiciones para la ciudadanía. Esta omisión total del voto femenino demostró a la AFD que sus esfuerzos recientes habían sido en vano. Para Trujillo la reforma ya no era prioritaria, pues había logrado la meta de la reelección. Por el momento, el tema de los derechos de la mujer se esfumó de la agenda del Estado. A pesar de múltiples peticiones por parte de la Comisión Interamericana de Mujeres, incluso con una visita de su directora Doris Stevens en 1938, el tema del voto femenino en República Dominicana quedó relegado, así como su movimiento feminista. No sería hasta el 1942, cuando una vez más Trujillo contemplaba el cargo presidencial que se resucitaría la AFD y el tema del voto para la mujer.

Conclusiones

Los años que cubre esta exposición estuvieron marcados en el Caribe por el injerencismo político y diplomático norteamericano, el impacto negativo de la Depresión económica y las respuestas de los movimientos sociales que buscaban su representación en el nuevo escenario político. Es en este contexto que las mujeres de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana lucharon por el derecho a elegir y ser elegidas, a formar parte activa del Estado-nación.

La hipótesis de las clases sociales como factor explicativo nos aclara en parte las trayectorias divergentes de los grupos feministas en el Caribe hispano, así como los constreñimientos impuestos por los gobiernos locales. A todo esto debemos añadir la vulnerabilidad del feminismo caribeño de la época ante la injerencia norteamericana. Una y otra vez se manifestó ese factor externo al privilegiar a ciertos grupos sobre otros, y a ciertos puntos de agenda sobre los demás. En ese sentido, he podido constatar que la ideología pan-americanista de la época, con la Comisión Interamericana de Mujeres como una de sus manifestaciones a partir de su creación en 1928, tuvo un impacto clave sobre cuáles grupos y mujeres pudieron destacarse de manera transnacional.

El liderato de su primera directora, Doris Stevens, convierte a la Comisión en una entidad que oferta la legitimidad internacional a ciertos grupos, siempre que estos se comprometan a poner el sufragio como prioridad a toda costa. Se le da apoyo preferencial a dichos grupos y a las mujeres que puedan obtener el respaldo oficial de sus gobiernos, de modo que puedan asistir de manera oficial a las reuniones panamericanas y hablar en representación de sus países, así como recibir recursos para fines de publicidad y viajes. (Esto, a su vez, refuerza el criterio clasista para la selección de quiénes representarían el feminismo caribeño a nivel internacional y quiénes entablarían relaciones recíprocas de colaboración en la región).

Este reclutamiento selectivo de las representantes ante la Comisión acentuó las diferencias entre los grupos feministas caribeños. Por un lado, las cubanas progresistas adoptaron posturas más radicales, defendiendo su derecho a escoger cómo lograr sus metas, a pesar de las acendradas críticas de la Comisión y su presidente. Por tanto, quedaron relegadas del escenario internacional todas aquellas feministas cubanas que no siguieran la línea establecida por la CIM. A su vez, las puertorriqueñas dejaron de figurar en el debate feminista oficial dentro de la Unión Panamericana al quedar excluido Puerto Rico de las conferencias panamericanas, donde solo podían participar los países soberanos. Puerto Rico seguía siendo la anomalía que señalara la señora de Muñoz Marín en 1928, si bien sus mujeres habían logrado sus derechos políticos a partir de 1929.

Las dominicanas ―un grupo mucho más débil y sin tradición de luchas sociales― sí aceptaron la colaboración con la Comisión y con Trujillo para asegurar su presencia a nivel internacional y local, pero su asociación con el dictador neutralizó la agenda propiamente feminista.

De ese modo, la orientación hacia la colaboración que despuntaba en la década de 1920 declinó ante la intromisión de las estadounidenses en su afán de promover a determinados grupos y líderes. El panamericanismo dirigido desde Washington opacó lo que hubiera podido ser un feminismo antillano. Las mujeres que se convirtieron en la faz del supuesto “feminismo caribeño” al recibir el espaldarazo de la CIM repitieron un discurso hueco de identidad panamericana, pero no promovieron la solidaridad y el intercambio entre las mujeres activistas del Caribe.


La Habana, mayo de 2013.

Notas:

1. Ofelia Domínguez Navarro, 50 años de una vida. Instituto Cubano del Libro, 1971, p. 236.

2. La Liga Social Sufragista se fundó en 1921. La Liga tenía un corte más bien liberal, de clase media. El otro grupo principal era la Asociación Feminista Popular de Mujeres Obreras de Puerto Rico en el 1920. Esta buscaba reivindicaciones de corte social y abogaba por los derechos de las obreras.

3. Ver “Summary of the Grounds of the Supreme Court to Dismiss the Writ of Mandamus Involving the Question of Woman Suffrage”, NARA, Bureau of Insular Affairs, RG350, Caja 1217.

4. Papeles de Doris Stevens, Schlesinger Library, MC546. “Address made by Muna Lee of the NWP, Porto Rico Branch, and the University of Porto Rico”, Habana, 7 febrero 1928.

5. María L. Angelis había lanzado una revista similar en Puerto Rico en 1915. Ver Barceló Miller, La lucha por el sufragio femenino, 55.

6. Todas en Fémina: “La Mujer”, 15 julio 1922, 2-3; “El Medio Ambiente Social”, 15 diciembre 1922, 1-2; “Del Feminismo”, 30 abril 1924, 1 ―todos estos por Petronila Angélica Gómez. Por María Luisa Angelis de Canino, “La Abnegación”, 15 enero 1923, 1. Por Enriqueta Maggiolo de Cruzado, “Acerca del Sentido de la Palabra Educación”, 31 marzo 1923, 1. Por Ana Jiménez Yépez, “Labor Omnia Vincit”, julio 1925, 16, 18.

7. “Exposición Inaugural de la Srta. Angélica Gómez, con motivo de la instalación del Comité Central Feminista Dominicano”, Fémina, 30 junio 1925, 1-2.

8. “El Movimiento Feminista Recibió ya su Primer Empuje”, Listín Diario, 15 mayo 1931. El Listín publicó el 18 de mayo el “Manifiesto dirijido por la Junta de Acción Feminista a todas las mujeres de la República Dominicana”.

9. Abigail Mejía, Obras escogidas, 542.

10. Rafael Leonidas Trujillo, Discursos, mensajes y proclamas, 1930-1934, Vol. 1 (Ciudad Trujillo: Imprenta del Gobierno, 1938), 209-210.

11. “El Gran Mitin Reeleccionista que celebró la Acción Feminista en el Teatro Independencia ayer”, Listín Diario, 30 abril 1934; “Bello Discurso Pronunciado en el Mitin Reeleccionista de la A.F.D. por la notable escritora Doña Abigail Mejía de Fernández”; “El discurso de la Sta. Livia Veloz en el Mitin de ‘A.F.D.’”, 2 mayo; “Vibrante oratoria de la Sra. de Egea, en el Mitin del Feminismo”, 3 mayo.

12. Abigail Mejía, “De la Acción Feminista al Hon. Pdte. Trujillo”, Listín Diario, 31 mayo 1934; “Cómputo del voto de las mujeres en la últimas Elecciones Generales”, La Información, 31 mayo 1934.

13. PDS, “Acción Feminista Dominicana –Informe sobre las elecciones femeninas de ensayo”, 24 mayo 1934, MC546, Caja 66, Folder 2.


Intervención en el panel Mujeres y movimientos. Coloquio Internacional La Diversidad cultural en el Caribe. Casa de las Américas, 20-24 de mayo de 2013.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato