Entrevista con Yolanda Wood,
directora del Centro de Estudios del Caribe

Un universo cultural en expansión

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

“La diversidad cultural y la naturaleza caribeña. Son estos los dos principios que conforman la razón de ser del Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe. Por ello lo hacemos siempre en mayo, cuando florecen los flamboyanes y su rojo intenso empieza a transformar nuestros paisajes y a hacerlos más hermosos; así se revela nuestro entorno natural, que es clave en la región del Caribe y nos identifica. Pero, a su vez, pretendemos que cada edición coincida con el Día Mundial de la Diversidad Cultural, proclamado por la UNESCO para el diálogo y el desarrollo, propósito con el cual nos sentimos plenamente identificados y para el que trabajamos también”.

De esta forma comienza la plática con la Dra. Yolanda Wood, minutos antes de iniciar la segunda jornada del cuarto Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe, encuentro que celebra la Casa de las Américas entre el 20 y el 24 mayo de 2013.

Directora del Centro de Estudios del Caribe, perteneciente a Casa, y coordinadora del Coloquio bienal, la investigadora y crítica de arte resalta el empeño del comité organizador por examinar siempre en el evento aquellos objetivos y claves que contribuyen al diseño y estructura del próximo: “En gran medida, el propio desarrollo del coloquio nos va formulando otros temas y propuestas que emanan de las presentaciones y debates. Por tanto, no solo proporciona ejes de pensamiento que sirven para la reflexión, sino también para organizar y encauzar el concepto de la siguiente edición”.

¿Qué propósitos se trazó el Comité Organizador en esta cuarta edición del coloquio?

Hay varias cuestiones que priorizamos: en primer lugar, un concepto de espacio-Caribe, o sea, el Caribe entendido como valor cultural, no como un mapa geográfico. Se trata de un espacio que supera la dimensión del archipiélago insular y que se proyecta también hacia las costas continentales; de ahí que haya un peso importante en la presencia de la identidad cultural caribeña dentro del Caribe continental. Y, por otra parte, sus diásporas, que son esenciales para comprender el Caribe mismo y que presuponen justamente esa expansión del Caribe más allá de su geografía durante el siglo XX y en la actualidad.

Otro aspecto que nos interesa enormemente —y considero que el coloquio lo está logrando— es romper las barreras de los saberes en el Caribe. Por lo general, estamos formados dentro de una tradición letrada, textual, pero el Caribe nos revela a cada momento que supera esa dimensión en una tradición oral, gestual, teatral, una teatralización y una popularización de la cultura que para nosotros son claves fundamentales en el entendimiento de esta región. Por ello no hacemos diferencias y en el programa entretejemos talleres populares, carnaval y pensamiento, al partir de la concepción de que un pensamiento caribeño forma parte y está sustentando todo ese universo creativo y participativo.

También nos planteamos proyectar el coloquio hacia una dimensión callejera, porque el Caribe es así, se desplaza a los espacios públicos, a la plaza, a la calle, que es el ámbito por excelencia de contigüidad de las personas y de movida de la población. Por esa razón, concebimos la clausura como un gran paseo por la calle G, y si es bailando mejor.

¿Tuvieron en cuenta estos principios para diseñar los ejes temáticos del Coloquio?

Sí, la cuestión fue llegar a esos ejes temáticos, que son cuatro: El primero, el Seminario Édouard Glissant: la Caraïbe tout entière, que es todo un concepto en sí mismo, es el Caribe todo, sin fragmentaciones, sin balcanizaciones, sin discriminaciones, sin prejuicios, un Caribe que se abre a la comprensión de sí mismo dentro de sí y dentro del mundo. Ello se entiende en lo que Glissant definió de una manera tan brillante, que es la poética de la relación, concebida como un universo que se expande y conecta.

A partir de este concepto rector surgieron otros temas como “Islas, costas, tierra firme: cercanías y distancias”, que plantea cuán cercanos y distantes estamos entre las islas y el continente; cuánto sabemos acerca de las movilidades; qué generó culturalmente la movilidad social y las migraciones producidas desde las islas al continente o viceversa; cuánto existe hoy de Caribe en esas costas que, por mucho tiempo, se llamaron atlánticas y ya hoy sabemos que son costas caribeñas. Ese eje temático nos condujo a crear un espacio para el Caribe centroamericano, el colombiano, y empezar a llamar la atención sobre esa noción de la Caraïbe tout entière.

Otro de los contenidos está vinculado con el arte, la literatura, la lingüística. Este tópico lo mantenemos con bastante frecuencia en el Coloquio porque se inspira en la necesidad de profundizar acerca de las peculiaridades lingüísticas de esta región tan compleja en el plano de los usos de la lengua, las heredadas y las creadas en el Caribe mismo; por tanto, es un espacio muy rico en el que siempre tenemos muchas propuestas interesantes.

También diseñamos “El cuerpo, la máscara y el carnaval: ser, parecer, desaparecer”. Esto nos conduce al carnaval como la eclosión de la expresión gestual del cuerpo y de la máscara en el Caribe, pero hay además otros usos corporales en la región que están asociados a saberes y prácticas culturales, lo que explica, de alguna manera, la presencia de un taller de muñequería, donde se construye un cuerpo y se le hace partícipe de juegos y roles de teatralidad; la muñeca es un soporte que expresa todos esos factores asociados a sus significados, al cuerpo, a la imagen, etc.

Imagen: La Jiribilla

¿Por qué dedicar la primera jornada al SeminarioÉdouard Glissant: la Caraïbe tout entière?

En esta ocasión decidimos dedicar el coloquio a Édouard Glissant, quien falleció recientemente y fue uno de los escritores insignes del Caribe contemporáneo. Además, era un gran amigo de Casa de las Américas, pues desde 1979 estableció una relación intensa y entrañable con Cuba y con Casa, quizá por su ideario de justicia social, de equidad; creo que encontraba muchos postulados que podían hacerse evidentes en el caso del proyecto cubano.

Su viuda, Sylvie Glissant, estaba muy motivada para que el primer gran evento sobre Glissant tuviera lugar en La Habana, justamente por el hecho de que él era un gran admirador de Cuba. Ella, al igual que nosotros, pensaba que un lugar idóneo para hacerlo era en Casa de las Américas, vinculando a muchas otras instituciones, como lo hemos hecho.

Por ejemplo, inauguramos la exposición de Glissant con sus amigos artistas (Wifredo Lam, Agustín Cárdenas y Roberto Matta) en la Biblioteca Nacional que nos pareció un lugar especial —es la casa del libro y él fue un escritor. Aquí vinculamos la letra con la imagen, la escritura con la pintura y la escultura.

También dedicamos este tributo a Édouard Glissant en un año en que se está cumpliendo el centenario del natalicio del poeta Aimé Césaire, quien fue evocado en la inauguración por Roberto Fernández Retamar. Glissant se consideraba discípulo de Césaire, de manera que hacerle un homenaje al alumno era también una forma de rendirle tributo a su maestro.

¿Cómo ha contribuido el pensamiento de Glissant al desarrollo de los estudios sobre diversidad cultural en el Caribe?

Glissant fue un autor que profundizó en la existencia misma del Caribe, en su condición cultural y en las nociones que podían coadyuvar a definir un rasgo que para él es esencial en la comprensión de esta región, que es su dimensión relacional, el universo dialógico en el que se desenvuelve el Caribe por ser producto histórico de procesos sucesivos, de migraciones venidas de tantos lugares, de la trata y la esclavitud… Todo ese universo relacional lo estudió en gran profundidad, por tanto nos es de una utilidad tremenda en la contemporaneidad.

Sus reflexiones nos permiten comunicarnos con unas raíces extendidas por el mundo y comprender ese enriquecimiento que dio lugar a lo que él llamó la criollización, que no es otra cosa que un proceso en el cual esos múltiples orígenes se van fundiendo e integrando en una identidad nueva que se  enriquece con el tiempo y los procesos de la historia.

Se trata de un pensamiento de base filosófica y cultural que se erige como un verdadero monumento a una meditación sobre nosotros mismos. Él partió de comprender la importancia de su condición martiniqueña, su propia existencia como martiniqués, lo que era muy complejo para las condiciones de un territorio que aún es un departamento de Francia y que tiene una ambivalencia lingüística entre el creole, la lengua nativa, y el francés, la lengua aceptada por la imposición colonial. De ahí que Glissant sea esencial para el pensamiento postcolonial y contemporáneo.

¿Es la diversidad cultural el sello distintivo del Caribe?

La diversidad cultural en el Caribe se expresa en toda su cultura porque es endógena. Sin duda, las múltiples presencias metropolitanas y de etnias de origen africano han contribuido a esa diversidad; pero lo más importante es que nació aquí, por la manera en que esos ingredientes se fueron mezclando y combinando: lo europeo, lo africano, lo indígena, lo asiático. Por otra parte, los resultados culturales no han sido idénticos, lo cual revela un fenómeno de diversidad riquísimo que está vinculado con la forma en que los pueblos han fraguado sus identidades. Eso es lo caribeño: esa diversidad endógena, resultado de los procesos de mutación, cambio, transculturación y síntesis que han tenido lugar en el Caribe mismo.

¿Con qué espacios de desarrollo cuentan las diversas manifestaciones culturales en el Caribe?

No siempre las infraestructuras para el desarrollo cultural del Caribe son las que necesita esta región y eso, por supuesto, limita mucho la capacidad del Caribe para proyectar su cultura desde sí mismo. De esta forma, se reduce en gran medida la imagen cultural del Caribe hacia ciertas formas publicitarias y turísticas, o se ve desde muchos clichés y estereotipos que todavía funcionan. Por eso, la labor de Casa y de otras instituciones de la región es tan importante; se trata, justamente, de elaborar proyectos que nazcan desde nosotros mismos y que tengan una proyección cultural de excelencia, orientada a difundir y promover los valores de la cultura caribeña en su gran diversidad y sin estereotipos que puedan ceñir la verdad a una dimensión más simplificada.

¿Contribuye este coloquio a mirar la cultura caribeña desde una perspectiva más amplia?

Sí; el hecho de que estemos pensando esa diversidad es consecuencia de la comprensión que hemos adquirido de esos universos múltiples en los que se desenvuelve la cultura caribeña que no nos han permitido ignorar ninguna de sus partes, aunque nos demos cuenta de que hay algunos elementos culturales —sobre todo los de origen africano— que tienen un peso sustancial para identificar y definir los rasgos de la cultura caribeña, pero a su vez nos percatamos de la mezcla que existe, sobre todo en las zonas costeras continentales, donde la presencia indígena es tan significativa.

También el Caribe contemporáneo está muy al día con los fenómenos asociados al universo cultural de la globalización; necesariamente entramos a todo ese sistema globalizado de la cultura, pero dando su valor y respetando esos elementos que otorgan autonomía identitaria al Caribe mismo.

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