Entrevista con los investigadores ingleses, Parvathi Kumaraswami
y Antoni Kapcia

Cultura literaria en Cuba

Rachel Domínguez • La Habana, Cuba

Cuando Parvathi Kumaraswami y Antoni Kapcia llegaron a La Habana, ya conocían de los moldes y las recetas que muchas editoriales en el mundo formulan sobre ciertos temas. Porque en la literatura, como en todo, se reflejan dudas, temores, afinidades, incertidumbres… y también estereotipos. Tal (in)certidumbre fue, de hecho, uno de los motivos que los trajo aquí: conocer por qué de la Cuba revolucionaria se tiene una visión tan limitada en otros países y por qué la mayor parte de la literatura escrita fuera de la Isla solo refleja esas visiones. “Esto es solo la punta del iceberg”, dijo ella, unos segundos antes de que él lo repitiera en voz alta durante la tarde de nuestro encuentro.

La investigación que ambos realizaron sobre la literatura y sus interrelaciones con la sociedad y la cultura cubanas duró cinco años (2004-2009). Les interesó, asegura la Dra. Kumaraswami, “que el mismo libro, o un evento literario cualquiera, puede tener distintos tipos de valor: político, estético, social, económico, etc. según los actores con los que interactúe”. Pero también intentaron, según el Dr. Kapcia, “trazar una trayectoria de la cultura literaria en el país, y ver sus cambios y evoluciones desde 1959 hasta 2006”, pasando por épocas tan diversas como las del 60, del 70, o del 90.

Imagen: La Jiribilla

Parvathi Kumaraswami es codirectora del Centro de Estudios Latinoamericanos y Caribeños y profesora en la Universidad de Manchester, en Inglaterra. Lleva más de 20 años estudiando la literatura cubana y sustenta su trabajo en un campo de investigación tan interdisciplinario como los Cultural Studies. Por su parte, Antoni Kapcia es profesor y director del Centro de Estudios sobre Cuba de la Universidad de Nottingham. Su visión ha estado, por lo general, matizada por la historiografía, disciplina a la que ha dedicado su vida profesional. La simbiosis de los intereses de ambos académicos ha propiciado una nueva visión sobre los sucesos literarios en nuestro país enfocada “en los autores, los procesos, las instituciones y los cambios de la política cultural, tratando de dar una idea de cómo funciona ese mundo de la literatura y cómo ha funcionado antes, si se han experimentado cambios, y cuáles”, explicó Kapcia.

“Escogimos este tema —argumenta— porque nos dimos cuenta de que una gran parte de los estudios de la literatura cubana hechos fuera de Cuba ofrecen una imagen parcial; se enfocan solo en unos cuantos autores emigrados, o en algunos textos canónigos. Pero nosotros pensamos que detrás de eso había otro mundo de autores no conocidos, y otros que provienen de talleres literarios, por ejemplo, los cuales no se estudiaban”.

Desde el punto de vista conceptual, el libro fue considerado un objeto, pero también un espacio de interacción. Sobre esa base, los autores de Literary Culture in Cuba: Revolution, Nation-building and the Book (La cultura literaria en Cuba. Revolución, construcción de la nación y el libro), publicado en Inglaterra, diseñaron tres estudios de casos: el primero de ellos fue la Feria Internacional del Libro de La Habana; el otro, los talleres que ofrece el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso; y el tercero, según los investigadores el que más reclamó su atención, fue el seguimiento de la trayectoria de un manuscrito desde su concepción hasta que llega a manos de los lectores convertido en libro. El “objeto de estudio” de este último caso fue ¿Qué bolá?-What´s up, del escritor cubano Alberto Ajón León, publicado por la editorial Letras Cubanas en 2010.

Parvathi señala que, desde otros países, “la percepción que se tiene de estos procesos, sobre cómo se escogen los libros que se publican en Cuba, es bastante simplista; es una visión muy politizada, cuyo principal argumento es ‘la falta de libertad de expresión, la censura, los grupos reducidos y politizados que deciden lo que se publica y lo que no’, etc. Pero me parece que estas personas no conocen la cantidad de editoriales que hay en el país, con tiradas muy pequeñas, hay que reconocerlo, pero cada una con sus propias estructuras”.

Imagen: La Jiribilla

Estos ingleses han constatado otro hecho cardinal para comprender la producción literaria en la Isla: todas las crisis no son una crisis, y tampoco es un estado permanente, sino que cada época ha tenido sus marcas propias, aunque desde afuera se vea (o se quiera ver) todo igual. Para la profesora, en esta cuestión también incide la cantidad de trabajos que existen sobre el tema y que contribuyen a reforzar esa idea.

Precisamente, Parvathi y Antoni se saben privilegiados en ese sentido. Ellos han podido visitar Cuba cuando lo han solicitado y tuvieron el apoyo de las instituciones cubanas necesarias para realizar su estudio. Pero, debido a las sanciones impuestas por el gobierno de EE.UU a la Isla, los académicos de ese país se ven impedidos de pisar el terreno sobre el que investigan. Muchas de las visiones que los entrevistados refieren “provienen de estudiosos de EE.UU., muy buenos, pero que no pueden viajar aquí y ver qué se está publicando, qué está diciendo la gente en la Feria del Libro, qué autores escriben y sobre qué. Entonces, no solo sus investigaciones tienen mucho peso, sino que cuentan a su favor con los grandes medios para legitimarlas”, reconoce la profesora.

Con respecto a las crisis, y a cómo la historia de Cuba en el extranjero generalmente salta de un periodo difícil a otro, Kapcia recuerda el “florecimiento cultural de los 60, un espacio tremendo, sin parámetros sobre el tipo de literatura. En parte se repitió en los 80 y luego a partir del 2000, con la explosión de las pequeñas editoriales locales”. El historiador insiste en comparar los distintos periodos, ya que, aunque existan coincidencias, sus causas y consecuencias son distintas. En esta última etapa, explica él, el florecimiento se debió a que “el Estado no podía mantener el ritmo de producción de antes, y entonces las empresas provinciales pequeñas crecieron, produciendo más libros, pero en tiradas reducidas”. Y los 90, por ejemplo, son la “constatación de cómo se priorizó la cultura escrita, en especial el libro, en un periodo en el que no se pensaría que un Estado va a publicar, o que un pueblo va a escribir”, añadió Parvathi.

La investigadora confía en que la indagación pueda extenderse a la primera década del 2000, puesto que para ella representa, en comparación con el periodo especial de esos años 90, una fluctuación distinta (y beneficiosa) de la economía nacional, y por ende de la producción literaria. “Sería bueno —afirma Parvathi— analizar cómo la oscilación de la economía ha influido en la meta de socializar el libro, la cual ha sido constante en Cuba, y cómo influye ahora, con la introducción al país de nuevas dinámicas económicas”. El hábito de lectura es también distinto en los últimos años, fundamentalmente en la capital, a partir de la apropiación de nuevas prácticas culturales, las cuales están relacionadas con Internet y todo un conjunto de tecnologías que resignifican el hecho literario. Por ello, Antoni y Parvathi piensan que sería más interesante aún enfocar sus miradas hacia una provincia distinta de La Habana.

Escuchan atentos, reafirmando la pertinencia de su proyecto, cuando les cuento mi experiencia en Cuatro Vientos, un pequeño pueblo ubicado en medio del Escambray, entre Cienfuegos y Sancti Spíritus. Allí se venden los mismos ejemplares, subsidiados por el Estado, que en las cabeceras de provincia o en la capital quintuplican el precio. Y eso dice mucho de la voluntad política que lleva a que en una pequeña comunidad en medio de la Cordillera de Guaniguanico, donde no hay más que una escuela, una plaza, un consultorio, un banco de ahorro y diez viviendas, también haya una librería, para que los hombres y mujeres que trabajan esas tierras puedan leer si lo desean.

Entonces, explican que han escogido la provincia Granma. “Queremos ver cómo se comporta la cultura literaria (en lo que a la construcción conjunta de la nación se refiere) en una ciudad que no es capitalina, donde no hay tanto turismo y casi no hay venta de libros en Moneda Libremente Convertible, además de observar cómo estas condiciones producen cambios en la literatura cubana”, afirmó Antoni.

“Queremos ver —agrega— cómo se comportan estas variables en ese pueblo eminentemente azucarero, y las diferencias con el capitalino municipio Arroyo Naranjo, por ejemplo”.

Ante la pregunta de por qué no incluyeron en su investigación a autores cubanos de la diáspora, Antoni asegura que, de producirse reseñas sobre su libro, ciertamente los van a criticar en ese sentido. Reveló que tomaron “la decisión deliberada de concentrarnos en el contexto cubano dentro de la Isla. Y claro que cualquier autor cubano residente en Miami o en Madrid que siga escribiendo es parte de la literatura cubana, pero no necesariamente escribe para cubanos y lo hace fuera del contexto. El contexto lo/la produjo antes de salir del país, pero en este caso el después es otra cosa. Nos interesaba sobre todo la relación del escritor con el contexto que lo produjo, y que lo recibe”.

Claramente, no toda la literatura de la diáspora responde al objetivo de legitimar ciertas imágenes de Cuba por encima de otras. “No todos los escritores que viven fuera de la Isla caben en esa visión, pero son pocos”, asegura Parvathi, en tanto a las editoriales solo les interesa vender. En ese sentido, los libros más exitosos son aquellos que siguen determinadas fórmulas “o recetas de lo que piensan sobre este país: un poco de sexo, ron, playa, sol, música, y ya está. Es un coctel un poco raro, pero es un éxito, porque va reafirmando expectativas sobre este lugar y su historia”.

Imagen: La Jiribilla

“La más fuerte —continúa— es que el país va inevitablemente hacia el capitalismo, para ellos tiene que ir, es la meta de los pobrecitos cubanos que les ha costado un poco más de trabajo llegar a donde todos van a parar. ¿Y quién sabe lo que puede pasar en la Isla? Pero esa expectativa sobre lo que es Cuba está creada en el periodismo, la novelística, los cuentos, los documentales televisivos… sobre todo en lo que es la literatura de contenido ligero”. De modo que Literary Culture in Cuba… puede ser una pista (más), un manojo de argumentos que contribuyan al redimensionamiento de la cultura cubana.

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