Seminario “Édouard Glissant: la Caraïbe tout entière

Mapear el Caribe como matrice-motrice
del mundo contemporáneo

Paula Companioni, Yoana Izquierdo • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

El martiniqueño Édouard Glissant (1928-2011) se propuso en sus ensayos, novelas, poemas, entrevistas y discursos como miembro de la UNESCO  reflexionar sobre el mundo a partir de la experiencia inédita del Caribe. Su propuesta partía de que la diversidad presente en el área es la “matrice-motrice du chaos-monde”.

Desde la “antillanidad” del Caribe pensó una cultura que parte del encuentro entre civilizaciones mixtas: el mestizaje ocasionado por la confluencia de pueblos crea otra realidad imprevisible y múltiple.

En su fructífera vida, Glissant propuso un imaginario donde todas las jerarquías fueran abolidas; imaginario que él mismo describió como “un pensamiento archipiélago” jugando con la imagen geográfica del Caribe para hablar de la puesta en contacto con todas las formas de cultura a partir “del encuentro, de la interferencia, del choque, de armonías y desarmonías entre culturas del Todo-Mundo”.

El Coloquio Internacional Diversidad Cultural en el Caribe —desarrollado entre el 20 y el 24 de mayo de 2013 en la Casa de las Américas— entendió que el diálogo con esta descolonizadora obra debía inaugurar los días de su evento con el Seminario “Édouard Glissant: la Caraïbe tout entière”. El programa se desplazó entre los conceptos de “antillanidad”, relación, “créolisation”, tout-monde y mondialité como las líneas temáticas de su pensamiento.

Este encuentro contó con la colaboración del Instituto Tout-Monde (ITM) —fundado por Glissant en el 2006— y la especial participación de su actual directora, Sylvie Glissant, viuda y compañera de trabajo del destacado intelectual. El ITM fue creado a partir de una estética, un pensamiento y una intención poética que se habían cruzado en el trabajo de Glissant, y que resultaron el marco básico de sus compromisos intelectuales.

Imagen: La Jiribilla

Dialogar con Sylvie Glissant permite apreciar, desde la experiencia de la más cercana de sus colaboradoras, cómo el pensamiento de Édouard se convirtió en una plataforma para potenciar los inesperados efectos de metamorfosis de la vida en el Caribe contemporáneo.

¿Qué importancia le confiere a que el Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe dedique su primer día al pensamiento de Édouard Glissant?

Ciertamente, para mí fue un gran honor cuando Roberto Fernández Retamar y Yolanda Wood me propusieron realizar este homenaje al pensamiento de Édouard, tomando como pretexto la diversidad. Esta idea fue muy importante para Édouard a lo largo de su obra. Para él, los imaginarios del Caribe se unen más allá de la diferencia de las lenguas. Este Coloquio ilustra completamente sus ideas, porque hay personas de todo el continente latinoamericano que, aun con idiomas distintos, hablan el mismo idioma: todos se unen alrededor del imaginario caribeño.

¿Cómo juegan los conceptos de “antillanidad” y “relación” sobre los que ha girado el seminario con la propuesta teórica de Casa de las Américas?

La “antillanidad” —uno de los primeros conceptos desarrollados por Édouard, y que luego continuó y desarrolló con el concepto de “créolisation”— coincide completamente con esta idea de un Caribe-Todo, que se une, de una vez, más allá de las lenguas, sea el español, el inglés, el francés; para luego relacionarse. La “relación” ubica esta “créolisation” del mundo como un Caribe que se ha unido porque ha sabido acercar sus imaginarios.

En lugar de la imposición y soledad de las naciones, en las que se basa la legitimación del poder hegemónico, la diversidad cultural del Caribe promulga una unidad que se resiste a todo tipo de dogmatismo. Esto no era evidente hace unos 30 años quizá, pero este Caribe se ha unido, ha conquistado su unidad porque ha sabido acercar los imaginarios.

¿Considera que el Seminario abordó justamente el pensamiento de Glissant?

El pensamiento de Édouard Glissant no tiene valor por sí mismo. En el Coloquio ha tenido un lugar importante porque se ubica junto con otros pensamientos; porque está junto con las ideas de Alejo Carpentier, de Roberto Fernández Retamar; junto con artistas como Wifredo Lam, Roberto Matta y Agustín Cárdenas.  Cada uno aportó parte de su poética, de su visión del mundo. No hay un pensamiento más importante que otro, todos son inmensamente importantes cuando se unen. Por eso, lo justo del Seminario fue la conjunción de todas estas ideas en torno al análisis de la cultura del Caribe en su diversidad.

Imagen: La Jiribilla

Como directora del Instituto Tout-Monde, ¿tiene otros proyectos de colaboración con Cuba?

El Premio Carbet del Caribe, que entrega anualmente el Instituto, fue fundado hace 24 años —casi 25— por Édouard. Este sesiona un año en Martinica, un año en Guadalupe, un año en Guyana y un año en París (en la región de Île-de-France).

Lo que me gustaría es que ahora ese Premio Carbet viniera a Cuba. Sería muy importante para mí. Evidentemente, el Carbet se ha hecho hasta el momento para autores francófonos; pero en los dos últimos años se ha conferido a dos cubanos que, por supuesto, escriben en español y han sido traducidos al francés. Así que, tal vez, es hora de que el Premio Carbet se traslade a esta otra parte del Caribe. Que comience por Cuba responde a que este es un lugar muy importante para todos nosotros.

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